Texto del ex embajador Antonio Garza, fue tomado de su sitio: http://www.tonygarza.com/es/

 

En enero escribí que este año se podría caracterizar como “Viviendo con Incertidumbre”. Reflexionando, aunque era claro que este año sería tumultuoso, pero subestimé lo que estaba por venir.

Me parece difícil no empezar por el Brexit, donde el 52 por ciento de los votantes del Reino Unido eligieron romper con la Unión Europea. La votación marca la primera salida del gran Proyecto europeo hacia un camino inexplorado para el Reino Unido y para el continente. Pero la polémica votación realmente fue la parte fácil. Los próximos dos años estarán repletos de pasos más difíciles—complicadas negociaciones, diseño de un nuevo marco de estado, y tranquilizar a los mercados que están preocupados por el futuro tanto del Reino Unido, como de una Europa fuerte y pacífica.

La ira no es un fenómeno que sólo afecte al Reino Unido y Estados Unidos; los votantes alrededor del mundo están frustrados, y México no es excepción.

En 2013, era fácil ser optimista acerca de México, mientras avanzaba con su agenda de reformas de gran alcance. Era la primera vez en décadas que el país estaba moviendo su economía, y todas las expectativas se centraban en una mayor eficiencia, un gran crecimiento del PIB, ganancias a nivel social, y eventuales beneficios políticos para el PRI. Pocos analistas, si es que hubo alguno, seriamente predijeron que tan sólo unos pocos años después, la administración de Enrique Peña Nieto estaría luchando para controlar las crecientes dificultades tanto en las calles como en las urnas, y que los inversionistas empezarían a pensar y escribir sobre riesgo político.

En restrospectiva, es un poco más fácil de ver.

Primero. Ahora queda claro que las reformas iniciales olvidaron o ignoraron los temas críticos de estado de derecho y corrupción. Y cuando organizaciones de la sociedad civil y académicos ejercieron presión para que el tema de corrupción se llevara a la agenda nacional por medio de la Ley 3de3, los diputados del PRI y el Partido Verde la desarmaron. Para ser justos, la ley anticorrupción final incluye algunos avances, pero el rechazo del PRI en adoptar todas las medidas fue evidente.
Segundo. Grupos específicos dentro de México se han opuesto ferozmente a las reformas, y la oposición más dura viene del sindicato de maestros en respuesta a la reforma educativa del 2013. Es innegable que todas las reformas estructurales tienen enemigos, pero hace unas semanas la problemática relación entre el gobierno y el sindicato de maestros dio un giro sangriento en Oaxaca—dejando al menos ocho muertos, incluyendo a un periodista, y más de cien heridos. Peña Nieto y el Secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, prometieron investigar a aquellos acusados de incitar a la violencia y buscar un diálogo con los manifestantes. Pero dada las posturas profundamente arraigadas de ambas partes, un compromiso real parece poco probable.

Tercero. Factores externos han complicado el desarrollo de las reformas, y el mejor ejemplo es la reforma energética. En un paso atrevido, plagado de momentos inoportunos, el gobierno mexicano abrió su sector energético y prometió un despliegue de beneficios justo antes del desplome de los precios del petróleo. La caída dejó al gobierno sin una fuente esencial de ingresos, obligándolo a apretarse el cinturón en un momento en el que esperaba obtener grandes ganancias.

La frustración tomó una forma tangible durante las elecciones estatales de este mes, cuando el PRI ganó sólo cinco de doce posibles gubernaturas y perdió la fuerza que había tenido en ciertas regiones por más de ochenta años. En su lugar, el PAN, en algunas partes en alianza con el PRD, se llevó las siete posiciones que quedaron. A MORENA, de Andrés Manuel López Obrador, también le fue relativamente bien, quedándose corto para ganar alguna posición de gobernador pero ganando la mayoría de los puestos en la nueva asamblea constituyente de México y surgiendo como un actor político serio.

Pero no debemos tomar estos resultados como una repentina aceptación con los brazos abiertos del PAN, PRD, o MORENA, o como una carrera hacia un estilo populista de izquierda o como el Brexit. Parece que los votos fueron más para castigar al PRI que para apoyar a cualquier otro partido o movimiento—al estilo de “el menos malo”. En general, muchos mexicanos siguen muy descontentos con sus opciones políticas, mejor ejemplificado por el bajo índice de votación, de sólo un 28 por ciento en la Ciudad de México. Y peor aún, de ese número, unos 172,000 ciudadanos (soló un poco más del 8 por ciento de los votantes) acudieron a las urnas para anular su voto en forma de protesta.

Los analistas políticos no son los únicos en notar estas tensiones y resultados electorales. Cada vez más, me he encontrado respondiendo a las preguntas de inversionistas extranjeros que están preocupados por la posibilidad de un mayor riesgo político en México. Tengan por seguro que a corto plazo, cualquier riesgo de inversión se ve limitado. Aun así, la frustración de los mexicanos con el establecimiento político es real. Seguiré de cerca lo que pasa en el país y con seguridad les estaré compartiendo mi opinión durante los próximos meses.

Por último, para aquellos que están leyendo desde Estados Unidos, o como expatriados, como un servidor, les deseo un muy feliz 4 de julio. Es la celebración por el aniversario 240 de Estados Unidos, y les puede parecer interesante repasar un poco la fascinante historia de esta fecha.

 

*Antonio Garza, ex Embajador de los Estados Unidos en México, abogado, distinguido servidor público y especialista en cuestiones tras-fronterizas, se desempeña con pleno conocimiento en el ámbito diplomático, empresarial y político.

 

Twitter: @aogarza

Facebook:@AntonioOGarza

@OpinionLSR

 

 



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