El gobierno federal al imponer una reforma "educativa", en realidad laboral, sin consenso, sólo con el apoyo de las cúpulas del Pacto por México, se metió en un atolladero del que tres años y medio después no puede salir.

 

Las protestas ya no sólo son en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán, sino que también se presentan con diferente intensidad en estados como Nuevo León y Jalisco. Si bien la beligerancia es mayor en los estados del sur del país, no hay prácticamente ningún territorio de la nación donde no exista malestar y creciente inconformidad con esta reforma surgida del Pacto por México.

 

Estas movilizaciones magisteriales se suman al descontento de diferentes sectores sociales frente a la crisis económica y la inseguridad prevalecientes. De igual manera el aumento de las tarifas de insumos esenciales como la gasolina y la electricidad son elementos adicionales de este conflictivo periodo sexenal que no sólo afectan los bolsillos y la economía familiar, sino que introducirán presiones inflacionarias a la economía. El "mal humor social" es una realidad inocultable y las ventajas de las reformas estructurales no aparecen por ninguna parte, sólo los enormes costos y polarización que han provocado.

 

En este contexto el gobierno federal debe abandonar la tentación de la mano dura y las posiciones intransigentes y abrirse a la posibilidad de modificar algunos aspectos de esta reforma educativa.

 

Llama la atención que en el caso de las normas aprobadas por el Congreso de la Unión que pretendían, en el colmo del absurdo que cualquier beneficiario de programa social tuviera que presentar su 3 de 3 (declaraciones de ingresos, fiscal y de intereses de manera pública), el propio presidente de la República atendiendo los reclamos de empresarios vetó parcialmente la ley y se convocó a un periodo extraordinario de sesiones del Poder Legislativo federal, a los pocos días, para allanarse al veto aludido.

 

¿Por qué el gobierno se abre al diálogo y veta partes de la ley cuando se lo exigen representantes del sector privado y es tan obstinado en mantener sus posturas cuando se trata de maestros que llevan más de tres años y medio oponiéndose a la reforma educativa, en especial docentes de los estados con mayor pobreza en el país? ¿Por qué el doble rasero del gobierno federal?

 

Esa postura ambivalente hasta el día de hoy sólo refleja la decisión de imponer a toda costa esa reforma educativa sin abrirse a la posibilidad de rediscutirla y analizar algunos de los contenidos más impugnados. El gobierno debe dejar atrás su orgullo y entender que ese proyecto desde el principio surgió con una gran oposición y que ni siquiera entraña una verdadera reforma educativa.

 

El secretario de Gobernación tiene que clarificar a qué se refiere la dependencia a su cargo con “facilitar un proceso de negociación con la Secretaría de Educación Pública en torno al modelo educativo”, en el que participaría “el magisterio nacional y sociedad en general” como lo ofreció a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Urgen definiciones y un viraje del gobierno en el tema.

 

Otro tema que llamó la atención esta semana es quién se perfila para asumir la dirigencia nacional del PRI. Si bien es una decisión de ese partido y como tal allá los miembros de esa agrupación y sus decisiones, por ser un tema de interés público y postularse para el cargo de Presidente Nacional del Revolucionario Institucional el ex director de la Comisión Federal de Electricidad, es un hecho que no puede pasarse por alto.

 

La decisión de nombrar al ex director de la Comisión Federal de Electricidad, Enrique Ochoa, como nuevo dirigente del PRI, al principio parecía una broma de mal gusto, porque justamente se le destapa en la vieja liturgia del PRI para encabezar ese partido, apenas unas horas después de que la empresa pública que dirigía anunciara el aumento de las tarifas de electricidad para empresas, industrias y hogares. Incluso Ochoa se autodestapa con la anuencia presidencial al terminar su comparecencia en el Senado para "explicar" esos aumentos.

 

Horas antes incluso el Secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, también había anunciado que los mexicanos nos tendremos que acostumbrar a esos aumentos, cuando precisamente él, Enrique Peña Nieto y el PRI se encargaron de decir en miles de spots, panfletos y declaraciones públicas que con la reforma energética bajarían el precio de la gasolina y las tarifas de la luz. Una mentira descomunal.

 

Pues bien, después de esos aumentos, con la bendición presidencial se echa a andar la maquinaria tricolor para que sea ungido quien operó parte de estos incrementos, el ex director de la Comisión Federal de Electricidad. No me meto a analizar si tiene o no la militancia requerida o la trayectoria porque eso es cosa de los priístas, sólo me refiero a la falta de sensibilidad para nombrar a quien operó el aumento de las tarifas de electricidad.

 

Una de dos, o el jefe real del PRI, el presidente Enrique Peña Nieto, perdió totalmente la sensibilidad y no tiene claro el "humor social" o de antemano ya está entregando la próxima elección del 2018 para facilitar, desde su óptica y sus intereses el arribo del PAN al gobierno, y por eso impulsa un dirigente de su partido con esas credenciales. Evidentemente el electorado es el que tendrá la última palabra y podrá evitar ese maridaje PRI-PAN. El voto ciudadano alimentado por una enorme inconformidad podrá modificar esos proyectos cupulares.

 

@RicardoMeb

@OpinionLSR



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