Las noticias en torno a la #violencia e #inseguridad en el país dominan de nuevo el espacio público. La percepción ciudadana que hubo al principio del actual sexenio —en el sentido de que el problema estaba en vías de ser controlado— ha regresado a niveles preocupantes.

 

El panorama está cada día más complicado.

 

Primero, porque no se ha logrado convencer a la mayoría que la situación es normal. Todo lo contrario, pues la forma en que ha escalado es sorprendente. Segundo, por las agresiones directas que están recibiendo varios gobernantes.

 

Y también por la #corrupción.

 

Como lo hemos dicho en ocasiones anteriores, la persistencia del tema en la agenda nacional ha sido uno de los factores que más han dañado la credibilidad y popularidad de lasprincipales autoridades en los tres niveles de gobierno.

 

La #reputación está muy dañada.

 

En defensa de algunos gobernantes, hay quienes aseguran que los medios de comunicación y las #RedesSociales se han convertido en espacios donde se distorsiona la verdad de lo que está pasando en muchos estados del país.

 

Pero otros descalifican las estrategias de comunicación.

 

Dicen que las cosas no andan tan mal. Y que el impacto negativo en la #ImagenPública es resultado de que los gobiernos no han sido capaces de "vender" o difundir sus avances y logros contra la delincuencia organizada.

 

Unos y otros se olvidan de un principio básico:

 

En política, lo que parece, es. Así funciona la #ComunicaciónPolítica y contra esta realidad muy poco se puede hacer, pues el derecho a la información y la libertad de expresión son dos principios rectores de la democracia.

 

Por eso hoy resulta más difícil imponer agenda.

 

Cuando hay noticias de alto impacto como los asesinatos del alcalde de Pungarabato, Ambrosio Soto Duarte, y el del presidente municipal de San Juan Chamula, Domingo López González, no es posible relegar, disfrazar, manipular o esconder la información.

 

Los medios responden a nuevas lógicas.

 

También a mecanismos de presión contra propietarios, directivos de medios y líderes de opinión. Claro que la nota roja o el escándalo han funcionado siempre, que los ratings de los noticieros suben cuando se utilizan estos recursos y que algunos personajes salen beneficiados políticamente con acciones que pretenden lograr espectacularidad, aunque no reflejen la realidad.

 

Lo anterior es cierto.

 

Por lo tanto, el reto para la clase política está en encontrar los equilibrios entre objetividad y conflicto. Parte del problema está en pretender utilizar los medios digitales con acciones y tácticas del pasado y en la lucha despiadada por el poder.

 

Actuar así provoca enojo y desencanto en la gente.

 

Varios estados y municipios están pagando altos costos por no adaptarse a los nuevos escenarios de la comunicación. Desconocen las reglas, las técnicas y los procedimientos para interactuar con los diversos grupos de la sociedad.

 

Siguen sin entender cómo funcionan las #RedesSociales.

 

Por si fuera poco, la información oficial refuerza la percepción de inseguridad porque los números de la realidad no pueden pasar desapercibidos.

 

Revisemos un dato:

 

#INEGI informó que en 2015 se perpetraron 20 mil 525 asesinatos violentos en el país.  Por su parte, el Sistema Nacional de Seguridad Pública (#SNSP) reportó 9 mil 413 homicidios dolosos durante el primer semestre de este año.

 

Del total, el 61.7% fueron por arma de fuego.

 

México vive un número inusitado de historias violentas. Si bien la violencia es un fenómeno global, la forma en que se da a conocer en el espacio público nacional sigue dominada por los intereses de poder político y económico con fines electorales.

 

El objetivo de algunos es crear miedo en la sociedad.

 

Hasta ahora, las estrategias de #ComunicaciónPolítica siguen sin encontrar la ruta que permita ponderar y poner en su justa dimensión la magnitud del problema y lo que todos debemos hacer para frenar el fenómeno.

 

Contra el enojo poco se ha podido hacer.

 

Mientras persista la desconfianza en las autoridades —y en los políticos en general— se seguirá maldiciendo y cuestionando las acciones contra la inseguridad, la violencia y la corrupción, con los consecuentes efectos negativos en imagen y en la intención de voto.

 

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