La presidencia del Partido Acción Nacional se resolvió ayer por una ventaja a favor de Gustavo Madero por cerca de 13 puntos de diferencia sobre su contrincante, Ernesto Cordero. Un 56.76-43.34% debería suponer una situación cómoda para el chihuahuense, pero no tanto, si se ven con cuidado las cifras. Aun más, el proceso trae malas noticias e incluso un riesgo de falta de legitimidad, salvo en el escenario de una negociación que derive en acuerdos.

La noche de ayer empezaba a trascender que 70% del padrón (que tiene 216 mil militantes) acudió a las urnas, lo que representa poco más de 150 mil votos en total. La diferencia entonces,  es de 20 mil sufragios, muy pocos si se piensa en todo el país. A ello contribuye la escasa dimensión del citado padrón, el abstencionismo, y un inquietante porcentaje de votos nulos, casi 6%, el doble del porcentaje típico en  una elección constitucional.

Nadie debe sorprenderse si hoy mismo surgen cuestionamientos por parte del equipo de Cordero sobre la movilización del aparato de los gobernadores panistas (y de algunos priístas) en favor de Madero, un reclamo que acompañó las  campañas desde su  arranque. La duda radicará en si la ventaja de Madero es producto de la convicción de los militantes o de la habilidad de sus operadores.

Habrá quien le achaque el mismo cargo a Cordero, pues ganó en Guanajuato y Baja California Sur, ambos con gobiernos panistas contrarios a Madero, si bien en  los otros estados donde hasta anoche tenía ventaja hay administraciones priístas (Colima, Querétaro, Michoacán, Aguascalientes y Durango), o incluso perredista (Tabasco).

Merecerá acercar la lupa en los próximos días a varios aspectos de los resultados surgidos en la elección. Un aspecto es el número de votos nulos, cuyo porcentaje sugiere una protesta o una campaña oculta para repudiar las cosas como están en Acción Nacional. Algo similar a los llamados de voto nulo que aparecieron en los comicios presidenciales de 2012.

Otro elemento lo ofrece la situación en algunos estados clave para el PAN, especialmente en aquellos en donde se aproximan elecciones locales. Así ocurre en Querétaro, donde Cordero logró ventaja, pese a que el número 2 de la planilla de Madero es el queretano Ricardo Anaya, quien era considerado casi seguro aspirante a la candidatura para relevar al actual mandatario, el priísta José Calzada. Los resultados debilitan la causa del ex presidente de la Cámara de Diputados y apuntalan a su adversario interno, el senador Francisco Domínguez, quien se pronunció por Cordero.

El contraste lo ofrece Nuevo León, de donde surgió la campaña que buscó identificar a Madero y a su equipo –en particular a su coordinador en San Lázaro, Luis Humberto Villarreal-  como la encarnación de los “moches” que distingue cada vez más a grupos amplios de legisladores, de varios partidos,  que hacen negocios para sí o para terceras partes.  Estos señalamientos habrían sido promovidos por líderes panistas regiomontanos como los ex gobernadores Fernando Elizondo y Fernando Canales Clariond, desplazados por el grupo de Madero, que ahora se consolida. De acuerdo con las encuestas disponibles, si las elecciones en Nuevo León fueran hoy, el PAN ganaría debido al errático desempeño del gobernador actual, el priísta Rodrigo Medina.

Este tema, el de las encuestas, tendrá su propio espacio en la discusión sobre lo que ocurrió en el PAN. Los estudios desarrollados y que fueron difundidos públicamente ofrecieron una gama de resultados, que fueron desde ventaja para Cordero hasta un certero 20% a favor de Madero, como lo anticipó el despacho Mendoza y Asociados.

Parametría de Francisco Abundis ha desarrollado experiencia en medir comicios panistas, pues lo hizo en la elección de candidatos como Felipe Calderón y más recientemente Josefina Vázquez Mota. Y eso se validó según fuentes consultadas, en los resultados que aportó sobre encuestas de salida y conteos rápido al pie de casillas instaladas en todo el país.

La elección en el PAN terminó. Madero ganó. Pero el conflicto interno continúa. Se expresará muy abiertamente en el Senado, donde Cordero conserva un sólido grupo disidente, que será sometido a prueba por las negociaciones que supondrá la selección de candidatos con rumbo a los comicios de 2015, un proceso que será controlado por el equipo de Madero.

Anoche sin embargo, se asomó una pequeña luz en la conferencia de prensa en donde Cordero aceptó que las tendencias no lo favorecen, un acto de civilidad que fue redondeado por un “tuit” de su aliado, el también senador Javier Lozano, quien escribió: “No vamos a tribunales”.  Ello puede sugerir que se ha pavimentado el camino hacia una “operación cicatriz” que, al menos hasta ahora, se antoja incierta e incluso, improbable.  (robertorock@lasillarota.com

 



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