Uber nació en el 2009 para dar un servicio de transporte alternativo al de los taxis tradicionales. Su nacimiento se origina sobre todo en una buena idea. A partir de ella combinó las nuevas tecnologías de información digital que permiten que un gran número de personas cuente con teléfonos celulares y su localización, interconexión de internet continua, pago con tarjetas de crédito y más. Su plataforma conecta a quienes desean un servicio de transporte y a oferentes del mismo con la ventaja mutua de que ambos son plenamente identificables y carga el costo del servicio a la tarjeta de crédito que el usuario ha pre autorizado.

 

Sus ventajas son la mayor seguridad mutua entre chofer y usuario; el no requerir dinero en efectivo en el momento, el registro de la transacción, incluyendo horario y puntos de inicio y fin del recorrido, además de la posibilidad de emitir facturas.

 

El fundador de Uber escuchó la idea básica en una conferencia sobre el potencial de las nuevas tecnologías y la supo, con sus socios, instrumentar adecuadamente. Esto ha dado lugar a una empresa que se ha expandido exponencialmente, que hoy en día presta servicios en alrededor de sesenta países y está valorada en más de 70 mil millones de dólares.

 

Desde una perspectiva empresarial la idea es maravillosa. Un programa tecnológico conecta los celulares de choferes y usuarios y los primeros ofrecen el servicio de transporte con carros de su propiedad. Es decir que los principales elementos de la inversión, y el costo del servicio de internet y telefónico, no lo paga Uber. Pero el servicio de interconexión entre unos y otros le permite retener el 25 por ciento de la transacción con una inversión que en términos relativos es mínima.

 

Desde una perspectiva tecnológica el programa es comparable al Waze. Este último permite informar en tiempo real a un automovilista cuál es la mejor ruta para llegar a su destino, el tiempo aproximado de llegada, la velocidad a la que circula y si excede el máximo permitido, los obstáculos del camino, incluyendo policías, radares, cámaras de vigilancia y demás. Lo hace porque interconecta usuarios que con sus propios equipos proporcionan toda esa información. A diferencia de Uber, el servicio que ofrece Waze es gratuito; lo que da idea de los costos reales que tiene Uber y el generoso margen de ganancia con que opera.

 

La expansión de Uber no ha estado exenta de conflictos sociales y legales. Esa empresa revoluciona los servicios de transporte y es odiada por los taxistas tradicionales a los que hace competencia. También altera a fondo a la administración pública del transporte privado; en México sus choferes y autos no pagan por las placas de taxi, no se registran y pasan las pruebas de aquellos. De hecho substituye a la autoridad en los procesos de aceptación y registro de autos y choferes y en la fijación de reglas de admisión y uso.

 

Uber ha abierto el camino a nuevas formas de prestación de servicios y a nuevas formas de relación comercial y laboral. La empresa sostiene que lo que hace es interconectar agentes privados independientes y libres, cada uno con sus propios medios de trabajo.

 

Esto ha sido puesto en duda por aquellos que piensan que lo que ocurre es una nueva forma de relación laboral en detrimento de los trabajadores. No es exagerado decir que la discusión es mundial, porque Uber es ahora un fenómeno mundial.

 

En este contexto es de la mayor importancia la muy reciente decisión de la justicia británica en el sentido de que Uber es un patrón y los choferes cumplen con las características y condiciones suficientes para considerarse sus empleados. Los principales argumentos en que se basa la decisión jurídica son:

 

Uber decide si acepta o no solicitudes de servicio; entrevista y recluta a los choferes; controla, sin compartir con el chofer, la información clave del usuario; presiona a los choferes a aceptar viajes y destinos, incluso indeseables para ellos, excluye a los que no obedecen; fija la ruta de principio a fin (con ayuda de Waze o similares), establece la tarifa; impone el tipo de vehículo; instruye a los choferes sobre cómo hacer su tarea, incluyendo reglas de comportamiento social; califica su desempeño y ejerce procedimientos disciplinarios.

 

Es decir que para la justicia inglesa es innegable que los choferes de Uber son sus subordinados; empleados, para todos los efectos legales incluyendo las obligaciones patronales, de seguridad social y fiscales. Esto se aplica no sólo a Uber y empresas de transporte similares; sino a nuevas formas de interconexión entre clientes y proveedores que se encuentran en rápida ampliación. Ejemplos de ellas son las empresas que surgen para dar servicios como recibir un carro, llevarlo a un estacionamiento y regresarlo al dueño en los puntos que él determina; también servicios de entrega de alimentos, de compras varias (flores o regalos por ejemplo), de paquetería rápida y demás.

 

La decisión de la justicia inglesa, ocurrida a principios de noviembre, habrá de pesar de manera substancial en el debate legal que se lleva a cabo en los Estados Unidos y en otros países en relación a estas nuevas formas de servicio y, dígase lo que se diga, de relación laboral.

 

Tan solo en Londres el asunto atañe a más de 30 mil choferes de Uber; dada la expansión de Uber en el mundo bien podríamos estar hablando de cientos de miles o millones de trabajadores.

 

La realidad se transforma a un ritmo acelerado y las normas deben por ello mismo modificarse de manera continua y también acelerada. Es tiempo de que en México vayamos tomando decisiones al respecto. Uber ha abierto una puerta que podría ser una caja de Pandora que desate males para los trabajadores más modernos. O, por el contrario, podría determinarse la manera en que una empresa tan moderna, exitosa y rentable, debe responsabilizarse de su relación laboral con trabajadores a los que controla a pesar de que son ellos los que ponen prácticamente toda la inversión.

 

@JorgeFaljo

@OpinionLSR

 

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