Se dice que algo es absurdo cuando una cosa es contraria, opuesta a la razón y que no tiene sentido.

 

Así se encuentran diversos procesos de los sistemas salarial, tributario, educativo y de justicia, que abren aún más la brecha de desigualdad existente en nuestro país y contrario a política pública o anuncio de gobierno que lo sustente.

 

Por ejemplo, un grupo de jubilados gana 2 millones de pesos al año, incluso más que el presidente de la República o cualquier integrante de la clase política (El Universal, marzo 13, 207, recuperado de http://tinyurl.com/ztmrlxq). Esto viola la disposición contenida en el artículo 127 constitucional, que señala que ningún servidor público podrá recibir remuneración mayor a la establecida para el presidente de la República.

 

Nuestro país posee un sistema tributario en el que 50 grandes contribuyentes -de empresas de la industria automotriz, productos fotográficos, panificadoras, acereras, tiendas departamentales y de autoservicio, e instituciones financieras-, pagan 74 pesos de Impuesto sobre la Renta (ISR) y 67 pesos por Impuesto al Valor Agregado (IVA) entre el 2000 y el 2005, en promedio, reforzado con una devolución multimillonaria a Televisa por 3,000 millones de pesos (mdp), junto con un Sistema de Administración Tributaria que lejos de una cultura de la transparencia, se ampara para no dar a conocer la lista de personas físicas y morales beneficiadas con la cancelación de sus deudas fiscales. No sea que aquí aparezca el buscado ex gobernador de Veracruz Javier Duarte y otras finas personas.

 

Un modelo educativo al que en el sexenio anterior le fue recortado la parte histórica de la conquista y la colonia española, como si los mexicanos hubiéramos nacido en 1810 y en 1821, respectivamente.

 

Un sistema de justicia, más preocupado por que la Cancillería y la Procuraduría General de la República rescate a un personaje como Humberto Moreira, de las acusaciones de narcotráfico que le hizo la Fiscalía Española, pero que a Teresa y Jacinta Francisco, indígenas otomíes que fueron acusadas de desarmar, someter y secuestrar a seis agentes de la ex Agencia Federal de Investigaciones y que la misma PGR se dilate años, no en indemnizar por los perjuicios, sino en pedir una miserable disculpa; o bien, una Procuraduría que trata de intervenir en el proceso de selección a Fiscal Anticorrupción presentando, a dos de sus agentes del Ministerio Público con el mismo ensayo (Aristegui Noticias, Marzo 16, 2017, recuperado de http://tinyurl.com/kvhekfq)

 

El abuso sobre los indígenas es centenario. Desde la conquista, mientras los españoles destruyeron códices con sabiduría antigua, manuscritos de sus rituales y sobre las ruinas de los templos indígenas construyeron, -en la mayoría de los casos-, iglesias católicas. A cambio, recibimos la maldición de la malinche.

 

En ceremonias multitudinarias, los indios fueron convertidos al catolicismo y vieron con sorpresa cómo sus dioses fueron vencidos por los santos de la iglesia. La religión no se enseñaba ni se les persuadía de su origen divino con pruebas o raciocinios y todo el fundamento de su fe era la palabra de sus misioneros y las bayonetas de los conquistadores.

 

Por eso, un fragmento del testamento de José Joaquín Fernández de Lizardi, -El Pensador Mexicano- del 23 de Julio de 1820, señala que “Dejo a los indios en mismo estado de civilización, libertad y felicidad a que los redujo la conquista, siendo lo más sensible la indiferencia con que los han visto los congresos, según se puede calcular por las pocas y no muy interesantes sesiones en que se ha tratado sobre ellos desde el primer congreso [...]". Desde entonces, su situación no ha variado mucho.

 

Así lo dicen los mismos zapatistas: “En este país fragmentado, vivimos los indígenas condenados a la vergüenza de ser el color que somos, la lengua que hablamos, el vestido que nos cubre, la música y la danza que hablan nuestras tristezas y alegrías, nuestra historia [...]": Fragmento del mensaje de la Comandanta Esther del EZLN, en la tribuna de la H. Cámara de Diputados, el 28 de marzo de 2001.

 

Y hoy como hace 500 años, la clase política gobernante, -el clero, la capitanía general, el virrey, los oidores y gobernadores-, eran comparsa los unos de los otros. Así fue la vida del mexicano, -indígena y criollo-, durante 300 años de la Colonia española. No ha cambiado mucho.

 

@racevesj

@OpinionLSR

 

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