No es ninguna novedad que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos vive la peor crisis ética, de principios y valores, y hasta de eficacia, desde que fue creada.

 

Es tal esa pérdida de confianza y credibilidad, que pocos países toman en cuenta su trabajo como instancia mediadora entre las naciones.

 

Por ello –porque ha pervertido su espíritu fundacional–, buena parte de los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA) no cumplen con sus cuotas y han llevado a esa instancia internacional a una segunda quiebra; la quiebra económica.

 

De manera sorpresiva hace unas horas se dio a conocer que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos atraviesa por una severa crisis económica que implica despidos y cancelación de proyectos.

 

La “noticia” se quiere presentar como resultado del incumplimiento de las obligaciones de los 34 países miembros de la OEA. Y, en efecto, tienen razón aquellos que así piensan. ¿Por qué?

 

Porque, así es, organismos como la CIDH viven de las cuotas que aportan los países que la integran.

 

Sin embargo, el verdadero problema está en otro lado. ¿Por qué?

 

Porque no pocos países que concurren a ese organismo han perdido la confianza y el respeto elementales como para seguir cotizando como lo obliga su participación en ese foro continental.

 

Es decir, que al tiempo que la CIDH se debilita en sus fundamentos y en la eficacia y calidad de su trabajo, las naciones retiran su apoyo económico y, como resultado, vemos lo que hoy está ocurriendo; una quiebra económica.

 

Y viene a cuento el tema porque los mexicanos fuimos víctimas -en tanto nación perteneciente a la OEA de la que depende la CIDH-, en el caso de los 43 de Iguala.

 

Y no se requiere más antecedente que recordar el trabajo poco serio, manipulado y políticamente interesado, como el realizado por una comisión de expertos de la CIDH en el caso Iguala.

 

Como todos recuerdan la CIDH llegó a México no para coadyuvar en la localización de los 43 normalistas secuestrados y asesinados, sino para servir de ariete político a un grupo de interés.

 

¿A quién sirve el desprestigio del gobierno y de las instituciones mexicanas?

 

¿Por qué el grupo de expertos de la CIDH se prestó a jugar el juego de la sucesión presidencial mexicana, cuando debió haber dado respuestas en el caso Iguala?

 

¿Alguien duda que los expertos del GIEI se prestaron para la manipulación y el chantaje?

 

El ejemplo mexicano y el trabajo fallido del GIEI, en el caso de los 43 de Iguala son la mejor muestra de la crisis que vive la CIDH; son el mejor ejemplo de por qué los gobiernos le han retirado sus cuotas a la OEA y son una fotografía de cuerpo completo de las pillerías de las que son capaces algunos vividores de los derechos humanos, al destruir una instancia como la CIDH.

 

Al tiempo.

 

@RicardoAlemanMx

@OpinionLSR



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