En las públicas diferencias de ideas sobre quién pagará la construcción del muro fronterizo a petición de la administración del presidente Trump, el Presidente Trump parece que pretende imponer un punto de vista unilateral pero lejos de la realidad.

 

Esa realidad señala que durante 2016 el monto de las exportaciones de Estados con destino a México, fueron por 147,749 millones de dólares (mdd); mientras que México exportó a Estados Unidos 248,077 mdd. Es probable que aquí se encuentren contenidas las diferencias por las cuales afirma que se ha aprovechado de su país.

 

Pero en el corto plazo y en el plano comercial, México debe imponer sanciones a aquellos productos en los estados de la Unión Americana que cuenten con pleno respaldo de los republicanos o del presidente Trump. Por ejemplo, un impuesto a los productos lácteos, manzanas o granos, procedentes de Filadelfia, Washington o Iowa.

 

Esto daría como resultado que los productores afectados con estas imposiciones, presionen a sus Congresistas o a la administración del presidente Trump, a efecto de valorar la permanencia de esos rubros comerciales en el Tratado de Libre Comercio o en el nuevo acuerdo binacional.

 

Cabe la posibilidad de revisar toda la relación bilateral. El tema de seguridad es un tema clave para los Estados Unidos, no sólo para la administración Trump.

 

No sólo esto, sino que sería menester revisar de manera minuciosa los temas de la agenda de seguridad de cada agencia norteamericana y cada institución mexicana, para estar en condiciones de un exhaustivo examen que arroje la viabilidad de conservar una relación en el plano de la seguridad.

 

A México no le interesaría detener el flujo migratorio hacia Estados Unidos, cuando su gobierno persiste en imponer una serie de condiciones leoninas y fuera de derecho. Un principio de la buena relación consiste, en entender los razonamientos de la contraparte y, por tanto, México no tiene por qué atender los mecanismos de seguridad de la administración Trump como consecuencia de los frentes de crisis que han abierto en diversas regiones del mundo.

 

Si el razonamiento es que un muro detendría los intentos del grupo extremista Estado Islámico, de Al-Qaeda o de Hezbollah por ingresar a su país, la lógica es tan simple, como cerrar la puerta para que no entre nadie más.

 

Un ejemplo, gracias a la colaboración de las instituciones mexicanas de seguridad, se pudo capturar a un terrorista de Estado Islámico que llevaba como objetivo asesinar al embajador de Arabia Saudita en Washington.

 

No sólo esto, hace unos años se desmanteló un plan para traer a radicar a México, a la familia de Mohammar Qadaffi.

 

La intervención mexicana que participó en la operación Gerónimo que dio muerte al líder terrorista Osama Bin Laden no puede ser minimizada, en términos de un malestar económico como consecuencia de promesas de campaña poco viables.

 

Los dichos por el presidente Trump le han generado frentes de crisis con otros Jefes de Estado, de tal forma, que con el Primer Ministro de Australia llegó a colgarle el teléfono, cuyas actitudes traspasan los buenos modales que impone la diplomacia internacional y se insertan en unas groseras y provocadoras afirmaciones, que poco abona en el concierto de naciones civilizadas.

 

Por las formas con las que se ha dirigido a nuestro país, pareciera que Trump no alcanza a dimensionar que está gobernando un país y no administrando una de sus empresas.

 

@racevesj

@OpinionLSR

 

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