En un desafortunado desencuentro que evidenció la vulnerabilidad del gobierno mexicano, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dijo en un mensaje por tuit que, si el presidente mexicano Enrique Peña Nieto no acudía a Washington para tratar lo relativo al pago del muro fronterizo, no tenía caso reunirse.

 

Esta afirmación causó el enfurecimiento de la opinión pública y de la clase política mexicana, quienes pedían al Ejecutivo Federal que de inmediato cancelara dicho encuentro, al no tener puntos de coincidencia en su reunión.

 

Lo dicho por Trump traspasa los buenos modales que impone la diplomacia internacional y se inserta en una grosera y provocadora afirmación, que poco abona a la relación de vecinos que llevamos con el vecino país del norte.

 

Pero pareciera que dichas afirmaciones vinieron a sorprender al equipo presidencial de Los Pinos, de tal forma que el silencio prevaleció por horas hasta que el Presidente Peña apareció en público para informar la cancelación de dicho encuentro.

 

No sólo eso, sino que evidenció una falta de estrategia en dos sentidos. El primero, para que México llevara la voz cantante en el posicionamiento mediático de temas de la agenda bilateral, ya que la administración Trump lideró el posicionamiento en medios, con los temas que quiso y de la manera que quiso.

 

Por otra parte, México se ha mantenido en una actitud pasiva, en lugar de emplear la maquinaria diplomática mexicana en el mundo y ante organismos internacionales, para cabildear la posición mexicana y obtener el apoyo de gobiernos y organismos internacionales, ante la andanada de ataques infundados de que hemos sido objeto, por parte de un obcecado del poder. Podrían señalar que el presidente Trump gobierna a tuitazos, en un desconocimiento de las formas y el decoro entre Jefes de Estado.

 

Esta pasividad del gobierno mexicano comenzó a ser aprovechada por el presidente de Bolivia y de Venezuela, Evo Morales y Nicolás Maduro, respectivamente, quienes hicieron un llamado al gobierno mexicano a reposicionar su situación, volteando a ver hacia el sur. Una llamada de atención a recuperar el liderazgo perdido en la región y a reposicionar el rumbo diplomático en el mundo.

 

No sólo esto, sino que un editorial del diario español El País, llevó como título En defensa de México, para exhortar a las naciones iberoamericanas a cerrar filas en torno a los denuestos a los que nos ha expuesto Trump.

 

Es posible que estos desaciertos sean como consecuencia de la falta de pericia del equipo gubernamental y probablemente a la desinformación en que pueden mantener al presidente de la República.

 

Esto es delicado porque en términos de seguridad nacional se trata de una amenaza proveniente de otro Estado sobre los intereses del estado mexicano.

 

Por la actitud de Donald Trump pareciera que le está tomando el pulso de la reacción al gobierno mexicano, dado a que además del dicho del muro, Trump asegura que México ha abusado de la inocencia de los estadounidenses, de tal forma que ha obtenido beneficios mayores de los que se ha esperado para la economía norteamericana.

 

Es posible que la reacción del gobierno mexicano para responder a los improperios de Trump haya sido la prudencia, pero ante el tono insultante es requerido un reclamo con firmeza ante una nación de iguales en el concierto de naciones.

 

Mientras tanto la clase política mexicana no sabe qué decir o cómo responder, de tal forma, que pareciera que están dejando solo al Presidente. Algunos mensajes en tuiter del expresidente Fox y Calderón vienen a tratar de reposicionar el sentir nacional.

 

Un muro podrá detener de manera temporal el avance en el camino de una persona, pero no los sueños de una nación.

 

Se trae de la memoria histórica el discurso de Vicente Rivapalacio, presidente de la II Legislatura del Congreso, en sesión del 15 de diciembre de 1861 otorgando facultades extraordinarias al Presidente Juárez para hacer frente a la intervención francesa, como sigue: “La historia enseña que todas las naciones, para llegar a la reforma y a la verdadera civilización, han tenido que pasar por pruebas terribles y por dolorosos sacrificios, y muchas veces los pueblos más poderosos debieron tocar el borde del abismo y, sin embargo, pudieron salvarse por la fe y la unión entre sus hijos”.

 

@racevesj

@OpinionLSR

 

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