La mayoría de los equipos de trabajo creen que necesitan la figura de un líder, entendido como una persona que decide por otros. Pero el verdadero líder debe ser líder de líderes, es decir, debe ocuparse de formar personas capaces de decidir por sí mismas y de confiar en sus propias decisiones.

 

Conforme al sistema horizontal de trabajo las personas se suman a los procesos de toma de decisión y contribuyen al logro de los objetivos comunes, sin ser parte de un sistema jerarquizado en el que la acción y reacción de sus integrantes está supeditada a la de otra persona, considerada como cabeza del grupo.

 

Un sistema de trabajo en equipo parte de la existencia de una estructura en la que todos sus integrantes tienen una misma consideración y donde existe un nivel de integración y comunicación que permite decidir de manera informada. A través del reconocimiento de la autonomía individual y del respecto de los derechos humanos de las personas que conforman un grupo, el trabajo horizontal se torna en la mejor opción para lograr una meta.

 

El liderazgo "horizontal" supera por mucho al modelo de liderazgo vertical, que en muchas ocasiones es preferido, tanto por "jefes", como por subordinados. A los primeros les resulta conveniente mandar y a los segundos obedecer, así creen estar exentos de responsabilidad, al actuar sólo en cumplimiento del mandato de otro.

 

La idea de que "al jefe no se le rebasa ni en carretera" es una clara muestra del concepto de liderazgo vertical. El "jefe" no es un verdadero líder, se limita a ordenar y dar instrucciones, mismas que deben ser cumplidas sin cuestionamiento. El jefe va por delante del equipo, el líder se ubica justo detrás, ayudando cada miembro del equipo a conocer y explotar sus propias habilidades, en beneficio de todos. El líder es un organizador y un formador de líderes, no de subordinados.

 

El trabajo en equipo requiere del establecimiento de fines y objetivos comunes, eliminar la rivalidad, el ánimo o deseo de destacar, y poner por delante los beneficios que cada miembro del equipo recibirá. Si los integrantes no tienen claro en qué consiste su ganancia individual, no podrán poner todo su empeño en el trabajo colectivo. Algunos prefieren explotar individualmente sus capacidades y ventajas comparativas, porque no conocen la conveniencia de potencializar resultados de sus esfuerzos coordinadamente.

 

Por desgracia, en nuestro país, no tenemos aún una cultura de trabajo en equipo, por lo que desarrollar el modelo de liderazgo horizontal, no es sencillo y requiere, justamente, de un trabajo en equipo. Esta forma de laborar exige de una redistribución del poder, en la que todas las personas sean consideradas como verdaderos actores.

 

Flor de loto: La "realidad" se reduce a dos cosas: percepción e interpretación.

 



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