Según una encuesta publicada esta semana en el periódico Reforma, el 93% de la población del país considera que el gobierno del Ejecutivo Federal Enrique Peña Nieto ha empeorado la economía del país.

 

El manejo económico y financiero de la nación ha sido errático, cargado de corrupción y ha sometido a la población, a empresarios, comerciantes, trabajadores, amas de casa, profesionistas, a cargas fiscales desproporcionadas y abusivas.

 

Las reformas energética y fiscal consolidaron el incremento a impuestos y tarifas de servicios como la luz, el gas y las gasolinas.

 

Estas reformas, que como diputado federal de la LXII Legislatura voté en contra, de absolutamente todas y cada una de las reformas estructurales, no sólo no han generado empleos ni crecimiento económico sino que han recurrido a cargar en las espaldas de la población mayores impuestos y alzas en la gasolina, el gas, la luz, el peaje y demás servicios públicos.

 

Trimestre tras trimestre Hacienda y organismos financieros nacionales e internacionales han ajustado los pronósticos de crecimiento económico, producto del escaso dinamismo de la economía y las desatinadas políticas económicas y fiscales. No ha habido crecimiento económico y el paraíso de las reformas estructurales se ha convertido en una tragedia nacional.

 

La reforma fiscal se convirtió en una reforma confiscatoria y eminentemente recaudatoria que ha incrementado los ingresos tributarios del gobierno, pero estos recursos, este aumento sin precedente en la recaudación fiscal, sólo han servido para mantener privilegios e incrementar el gasto público en forma ineficiente, corrupta y onerosa, no ha habido crecimiento económico porque la visión del gobierno no es detonar la economía sino bolsear a los ciudadanos, sumar nuevos y nuevos impuestos.

 

Toda la lógica del gobierno está en función de recaudar más, aunque para ello inhiba la economía y afecte las finanzas familiares y la actividad empresarial y comercial. En una época de crisis económica la peor receta es aumentar los impuestos, ello tiene efectos recesivos, desalienta el consumo y frena la inversión productiva.

 

El gobierno federal ha tenido ingresos tributarios como nunca a costillas de la población. Se dijo que con la reforma fiscal se taparía el hoyo derivado de la caída del precio del petróleo, pero ahora se ha incrementado en forma escandalosa el precio de las gasolinas con el aumento del IEPS.

 

La reforma fiscal que voté en contra incluyó incrementos a las contribuciones y nuevos impuestos, se aumentó el IVA en las fronteras, se generaron impuestos a bebidas azucaradas y comidas de alta densidad calórica (supuestamente para combatir obesidad y diabetes, pero ni si quiera se han completado los bebederos en las escuelas), se eliminó el régimen para pequeños contribuyentes (REPECOS), se eliminó la exención del IVA a las importaciones temporales, afectando gravemente a la industria maquiladora.

 

Se eliminaron las deducciones para profesionistas, se incrementó el terrorismo fiscal, se exhibió a contribuyentes en mora, se incluyó el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) de gasolinas y diésel como ingreso tributario.

 

Como resultado de esta reforma fiscal recaudatoria y depredadora, la recaudación fiscal tuvo un crecimiento real, de manera acumulada en los años 2015 y 2016, de 38.7%, es decir de casi el 40% en dos años. Sin embargo, el gobierno no llena y quiere más ingresos exprimiendo a la gente.

 

En el caso del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios aplicados a las gasolinas y el diésel, la Ley de Ingresos de la Federación 2016 proyectaba  ingresos por un monto total de 209 mil 386 millones de pesos, sin embargo, según información de la propia Secretaria de Hacienda y Crédito Público al mes de noviembre de 2016 se habían recaudado por ese concepto 263 mil 545.6 millones de pesos, monto que faltando todavía de considerar la recaudación de diciembre ya cubría 126 por ciento de lo estimado.

 

Es decir la recaudación del IEPS para gasolinas y el diésel tuvo un excedente al mes de noviembre de 54 mil 159 millones de pesos, cifra que equivale a más del presupuesto de egresos de Guerrero para el ejercicio fiscal 2017.

 

En ese contexto se escriben los gasolinazos que han abundado por decenas en este sexenio, antes y después de la reforma energética.

 

Para justificar la reforma energética se mintió deliberadamente porque el presidente Peña Nieto siempre dijo en su propaganda que con esta reforma bajaría el precio de la luz, el gas y las gasolinas y todo fue un gran engaño. Miles de millones de pesos en spots se utilizaron para justificar ese atraco al pueblo de México.

 

Con los gasolinazos, que es el mecanismo más ágil del gobierno para subir sus ingresos, el gobierno persigue sostener su gasto dispendioso y cumplir las obligaciones derivadas del incremento de la deuda externa para mantener la calificación internacional. Quizás lo quieran utilizar para pagar el muro de Trump con la intermediación de Secretario de Relaciones Exteriores Videgaray.

 

Al mismo tiempo con la llamada liberalización del precio de las gasolinas, que no es otra cosa que el aumento del IEPS, se busca al mismo tiempo cumplir con uno de los postulados de la reforma energética privatizadora que implica que petroleras extranjeras expendan directamente gasolina en el país, para ello el gobierno federal les está despejando el camino matando de inanición a PEMEX y aumentando el precio de las gasolinas para hacer más atractiva su inversión golpeando a la economía popular.

 

Se busca entregar a los privados extranjeros el negocio de las gasolinas con un precio más caro y seguir desmantelando a Pemex.

 

Aunado a ello en este sexenio ha habido un crecimiento desmesurado de la deuda pública que hoy representa más del 50 por ciento del Producto Interno Bruto.

 

La deuda pública ha crecido a una tasa insostenible, 15 puntos del PIB por arriba de lo programado desde 2012. Mientras la economía ha crecido apenas un 2% en promedio el déficit público lo ha hecho al 4% razón por la que se acumula deuda rápidamente.

 

El saldo histórico de los requerimientos financieros de la deuda es 50.5% del PIB pero con el bajo crecimiento que se tiene y con un deficit presupuestario de 2.9% para 2017 la deuda superará el 52% con facilidad.

 

Al mismo tiempo la inversión pública ha caído por debajo del 3% del PIB un nivel históricamente bajo, el bajo crecimiento económico y el rápido crecimiento de la deuda van de la mano y son la causa de preocupación para las calificadoras.

 

Para mayor claridad del crecimiento explosivo de la deuda externa podemos señalar que entre fines de 2012 y marzo del 2016 la deuda externa ha crecido en promedio 1, 400 millones de dólares mensuales.

 

Los gobiernos durante los últimos 2 sexenios han puesto en riesgo la estabilidad macroeconómica con el uso irresponsable de la deuda y un manejo irresponsable de las finanzas públicas.

 

El PACTO de hace dos días, que reedita los pactos de solidaridad económica de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas en la peor crisis del país, es una faramalla.

  

En el gobierno federal no sólo hay despilfarro y corrupción sino una gran insensibilidad social. Al pasto seco de la crisis y la inconformidad social le atizan con el fuego del incremento a las gasolinas y a la luz.

 

Frente a la amenaza del proteccionismo de Trump, cuando el país debiera contar con unidad y el gobierno actuar con visión de estado, han castigado una vez más a la población, generado encono y una gran irritación social.

 

Urge frenar y revertir los gasolinazos. No conformes con este golpe de inicio de año, se gestan nuevos gasolinazos para el 4 y 11 de febrero. La pesadilla amenaza con seguir.

 

@RicardoMeb

@OpinionLSR

 

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