La impresionante ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Río 2016 y el pase de estafeta a los organizadores de Tokio 2020, con un despliegue de tecnología y de compromiso político al más alto nivel por parte de Japón, marca el camino por recorrer para volver a medirnos en términos deportivos con los mejores atletas del mundo. Sin duda, es un tiempo valioso para la revisión y corrección de lo que hemos hecho como país en materia deportiva y, al mismo tiempo, una oportunidad para trazar un plan de acción que nos lleve a obtener mejores resultados, lo que parece realista dado el bajo desempeño que obtuvimos en esta Olimpiada.

 

El medallero refleja las capacidades instaladas en cada nación competitiva, de ahí que no sea cuestión de azar ver en los primeros lugares a los Estados Unidos, el Reino Unido, China, Rusia y Alemania. Tampoco se necesita mucha ciencia para establecer una relación entre el tamaño de las economías, el nivel de desarrollo y las políticas públicas aplicadas en materia deportiva en cada país. México se ubicó en el lugar 61, por encima de nosotros se posicionaron países medianos e incluso más pequeños que con enorme entrega y eficacia alcanzaron resultados proporcionalmente mejores en disciplinas específicas.

 

Por lo que se refiere a la participación de la delegación mexicana, el pleito y la descalificación entre directivos – sin importarles mucho la suerte de los atletas – dejó una estela de contradicciones, dudas y sin sabores no sólo durante las competencias sino de tiempo atrás. Esto evidenció un problema de fondo, de esos que suelen llamarse estructurales, y requieren de una cirugía a corazón abierto – algo más que una comparecencia legislativa o un inexplicable citatorio partidista al titular de la CONADE -  para poder curar el mal que aqueja a nuestro deporte.

 

Pese a todo, en primer lugar debemos reconocer y destacar la dedicación y el esfuerzo de nuestros deportistas, quienes a pesar de las dificultades burocráticas lograron marcas importantes y algunas medallas que nos llenaron de alegría. También vale la pena destacar la participación de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Marina, de cuyas canteras salieron los mejores logros.

 

Quien está obligado a rendir cuentas es el titular de la CONADE, Alfredo Castillo, convertido en el villano favorito y a quien se le ha cuestionado no sólo la idoneidad para el cargo sino sus decisiones en materia presupuestal, los criterios para integrar su equipo de colaboradores así como por el clima de confrontación previo a la Olimpiada. También resultó criticable su presencia pública en medio de frivolidades durante las competencias y la relación distante con la delegación.

 

Como se puede ver son muchas las aristas de nuestro infortunio deportivo y mal haríamos en reducirlas al protagonismo y los personalismos de los actores. Lo que de fondo nos debe ocupar como país es cómo vamos a resolver el problema estructural en que se encuentra el deporte nacional dado que se carece de una política pública que comprometa – más allá de las administraciones sexenales- el presupuesto, los programas, criterios, valores y estructuras necesarias para dar solidez y continuidad a la formación de ciudadanos sanos y de nuevas generaciones de atletas con capacidad para subir al podio en los deportes y no en las tablas de obesidad.

 

Es claro que los excesos y las fallas reflejadas en el medallero no corresponden al potencial social y económico de nuestro país. Algo no está funcionando también en esta materia y es preciso superarlo. Sería muy lamentable que las comparecencias anunciadas ante las comisiones del Congreso quedaran reducidas a un muro de lamentaciones o al linchamiento de un chivo expiatorio. Que se finquen responsabilidades, pero ante todo, que se tomen decisiones para un cambio de fondo a nivel de las instituciones políticas y deportivas de nuestro país.

 

Lo importante es la reforma estructural del deporte mexicano, comenzando por darle mayor peso a la educación física en las escuelas. Sólo por curiosidad debería revisarse el currículo escolar y el lugar que ocupan los profesores de deportes en las escuelas; son una especie de mal tolerado en el diseño curricular y en el presupuesto educativo.

 

Por todo esto también es importante no renunciar a la calidad en la educación y a la reforma educativa, hoy amenazada por quienes se oponen al inicio del ciclo escolar, pues esta incluye también una revisión de fondo en esta área de la formación. Las lecciones del medallero olímpico también reflejan el retraso, las inercias y la oposición de los grupos violentos para lograr en México una educación de calidad que respete el derecho primario a la educación de los niños y jóvenes mexicanos y que logre la formación integral de hombres y mujeres de bien, con "mente sana en cuerpo sano".

 

@MarcoAdame 

@OpinionLSR


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