A inicios de este mes el representante permanente de México ante la UNESCO, Andrés Roemer, sostuvo ante la honorable sesión del Consejo Ejecutivo del mismo órgano la transcendental labor que lleva a cabo. Dicho Consejo Ejecutivo es una de los tres órganos constitucionales en los que se divide la UNESCO (además de la Conferencia General y la Secretaría); este órgano es elegido por la Conferencia General y tiene la tarea de examinar el programa de trabajo de la Organización así como las partidas presupuestarias, y tiene facultades para ejecutar el programa aprobado por la Conferencia General, así como emitir recomendaciones a los Estados miembros de las Naciones Unidas.

 

Algunos datos trascendentes de su discurso son que en el periodo que abarca de 1990 a 2012, el retraso en el crecimiento de la población infantil disminuyó un tercio, que la mortalidad infantil se redujo en un 14%, lo mismo que la mortalidad materna, disminuyó en un 50 por ciento. Es evidente que para lograr estos resultados no sólo se necesitó el desarrollo de la tecnología, sino del esfuerzo humano para que ese desarrollo llegue cada vez a más personas, no sólo en los países desarrollados, sino a todo el mundo. Las acciones de una institución como la UNESCO, que se ha servido de los avances tecnológicos, han sido eficientes al disminuir el porcentaje de la población que vive en pobreza extrema,pasando del 44% en 1981 a menos del 10% en 2016, esto es, se redujo a su tercera parte en 35 años.

 

Recordemos las enseñanzas de Mahatma Gandhi, quien sostenía que para construir una sociedad humana y sin violencia es primordial que los niños y los jóvenes aprendieran a vivir en una cultura de paz.

 

Para lograr que la niñez y la juventud viva una cultura de paz, es primordial que los Estados garanticen el acceso a los Derechos Humanos catalogados como DESCA, Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, para crear las condiciones necesarias y la igualdad de oportunidades de todos los niños y niñas y la juventud, para que estos sectores de la sociedad se desarrollen con plenitud.

 

No olvidemos que las mujeres, incluidas las niñas, han conquistado grandes logros en nuestra sociedad, que avanza en la erradicación de patrones de comportamiento machista. La integración del género femenino, incluso desde la niñez, fuera de los roles tradicionales ha permitido que cada vez más mujeres ocupen puestos directivos o de elección popular, al superar el atavismo mediante el cual sólo el hombre podía desempeñar dichas actividades. En este marco, las niñas tienen mayores oportunidades de desarrollarse en ámbitos fuera del apoyo al hogar.

 

Por otro lado, educar para la competencia es educar para la violencia; debido que competir es violentar al otro. No se cumple con los estándares de la Cultura de Paz siendo la competencia un individualismo que olvida totalmente la pertenencia al colectivo, desde el primer círculo que es el familiar, hasta el medio ambiente que atañe a toda la humanidad. De ahí que sea necesario asimilarnos como individuos sí, pero primordialmente como parte del todo y de todos.

 

Enfatizo el otro punto de vista del Doctor Roemer: “Si realmente deseamos transformar para bien a la humanidad, debemos enfatizar que ello no será a través de drones o de muros; tampoco a través de la superstición o lo paranormal”. Para lograrlo la sociedad deberá dejar de la lado la creencia de superioridad, el “no me afecta”, “está muy lejos”, “mi voto no importa o mejor lo vendo”; debemos sumarnos y replicar a la importante labor de la UNESCO y re-humanizarnos por el bien de la humanidad.

 

La Cultura de la Paz es un elemento indispensable para que en la sociedad se desarrolle una convivencia armónica. Por ello debemos apoyarnos en leyes que busquen erradicar las conductas violentas y discriminatorias, así como vivir en sociedades de respeto, tolerancia y no violencia; en una convivencia en la que todos podamos coexistir.

 

Flor de loto

El pacifista es aquel que hace lo necesario por pacificar su entorno y sus relaciones.

 

Twitter: @drarmandohdz 

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