Los hechos violentos que lastiman a nuestro país representan, con mucho, el más elevado costo humano y social por el dolor explícito que entrañan y el daño físico, psicológico y económico que generan para una sociedad que se sabe vulnerable al comprobar que no hay comunidad ni país a salvo de este cáncer social.

 

A nivel internacional, el siglo XX estuvo marcado por la violencia, quizá ha sido el más sangriento y destructivo en la historia de la humanidad,  pues se estima que 191 millones de personas perdieron la vida en hechos violentos colectivos. Tan sólo en el año 2000 815,000 personas se suicidaron y otras 520,000 murieron en hechos de violencia interpersonal.

 

En nuestro país los casos de violencia en Tlatlaya en el Estado de México o los de Iguala y Acapulco en Guerrero son los últimos referentes de graves casos de violencia e impunidad que nos tienen indignados, lastimados por la crueldad y la sinrazón que los caracteriza y, al mismo tiempo, expectantes ante el avance de las investigaciones que, a ciencia cierta,  no sabemos en qué vayan a terminar. Por otro lado, estudios patrocinados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estimaron que el impacto económico de la violencia entre 1996 y 1997  ascendió a 1.3% del Producto Interno Bruto, que por cierto también afecta con mayor severidad a las familias de los sectores más desprotegidos.

 

El Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud dado a conocer en 2002 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece, luego de reconocer la dificultad para definirla, que la violencia es "el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones". También señala que este es un problema multifacético y ubicuo, ampliamente extendido más allá de barreras geográficas o sociales y que se manifiesta a nivel interpersonal, auto infligido o como violencia colectiva.

 

Como se puede advertir, violencia implica uso de fuerza o poder que altera y lesiona a las personas y comunidades, por lo tanto es antinatural e inaceptable, como para pensar que sea un tema por extendido normal o ineludible de nuestra condición humana o un hecho cultural ineluctable ante el cual hemos sólo de reaccionar en lugar de prevenir.

 

El  informe citado resalta la importancia de la prevención de la violencia mediante políticas públicas multinacionales o locales que, con la resolución de los líderes y la adecuada participación social, se pongan en marcha sin dilación para proteger la vida y la dignidad humana. Entre las recomendaciones que realiza la OMS se encuentran la creación y supervisión de un plan nacional de acción para prevenir la violencia; aumentar la capacidad para recolectar datos sobre la violencia; promover respuestas de prevención primaria; integrar la prevención de la violencia en las políticas sociales y educativas y promover así la igualdad social entre los sexos; promover y supervisar el cumplimiento de los tratados internacionales y las legislaciones en materia de derechos humanos; así como buscar respuestas prácticas y consensuadas a nivel internacional al tráfico mundial de drogas y armas.

 

Las recomendaciones incluidas serán evaluadas a finales del 2014 en el informe sobre la situación de la prevención de la violencia a nivel mundial. El resultado parece previsible, es decir, no sólo no hay avance sino más bien existe un retroceso en agravio de millones de personas expuestas en el mundo.

 

Se requiere, como bien apunta la Dra. Gro Harlem, Directora General de la OMS en la introducción del Informe, dejar atrás posturas pasivas ante la violencia  ya que  "para muchos, permanecer a salvo consiste en cerrar puertas y ventanas y evitar lugares peligrosos. Para otros no hay escapatoria, porque la amenaza de la violencia esta atrás de esas puertas, oculta a los ojos de los demás... el reto es ir más allá de la condena y de nuestro concepto de lo aceptable y cómodo para cuestionar".

 

Es preciso tomar conciencia del llamado que Nelson Mandela hizo en el prólogo del Informe al afirmar que "a nuestros hijos les debemos una vida sin violencia ni temor". Algo más tenemos que hacer,  algo no está bien en la estructura social y política  ya que a pesar de los avances en el mundo y en México – escribió el Premio Nobel de la Paz - "la violencia medra cuando no existe democracia, respeto a los derechos humanos ni una buena gobernanza".

 

Pese a todo, la violencia no es un problema social sin solución, pensarlo así sería claudicar ante una de las amenazas más grandes de la humanidad, ante una peste mortífera más peligrosa que las más temidas epidemias o una guerra silenciosa que destruye a las personas, las comunidades y los países y que líderes mundiales como el Papa Francisco no han dudado en llamar "una tercera guerra mundial en episodios".

 

Por ello la solución no puede ni debe ser sólo un asunto del gobierno, no es de una única instancia como tampoco lo es su génesis ni sus expresiones, sino multi-instancial, es decir, requiere de todo y de todos para cambiar el rumbo de un siglo que en sus albores ya se perfila para superar la pesadilla violenta del siglo XX.

 

@MarcoAdame



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