Entre las dificultades financieras, riesgos medioambientales, crisis sociales y situaciones personales, todo esto afecta a la gente, pero también a sus comunidades e instituciones.

 

Vivimos en un mundo donde la constante exposición de estresores a nuestro alrededor genera daños crónicos y agudos que infligen cierto desgaste mental y del cuerpo.

 

La resiliencia, de acuerdo al centro de investigación Rand Corporation, es la capacidad de cualquier sistema dinámico para anticipar y adaptarse con éxito a las dificultades, mientras que la resiliencia individual es el proceso de adaptación a la adversidad, al trauma, a la tragedia, a las amenazas y a las fuentes importantes de estrés. http://bit.ly/2ksfIqO

 

Ahora bien, la relevancia de este concepto reside en su construcción, desde el nivel individual hasta su nivel colectivo, como una herramienta de apoyo emocional más solvente para afrontar el futuro con confianza.

 

La resiliencia social se da cuando el sistema encara sucesos y conflictos colectivos, para reorganizarse posteriormente, manteniendo sus relaciones económicas, costumbres, metas y servicios.

 

Los grupos humanos responden en conjunto cuando advierten situaciones de riesgo, como terremotos, inundaciones, agresiones y delincuencia, y cuando lo hacen juntos como comunidad, son capaces de sobreponerse más rápido y crecer con mayor fortaleza.

 

Trabajar la resiliencia en situaciones difíciles como guerras, violencia, desastres, abusos, provoca una mejor respuesta para los gobiernos en la resolución de conflictos o atención a víctimas.

 

Este concepto, según la situación, puede tener tres concepciones diferentes, la primera, es la resiliencia como estabilidad, que permite asimilar lo inesperado; la resiliencia como recuperación, para sobrellevar un escenario adverso; y la resiliencia como transformación, que viene cuando se ha aprendido y superado algún evento doloroso o complicado.

 

Por otra parte, existen factores que pueden alterar el desarrollo de la resiliencia, especialmente la pobreza, porque debilita física, material y psicológicamente a quienes la padecen, perpetuando una situación de vulnerabilidad y poco desarrollo.

 

Otros factores son la dependencia económica, lo que implica carencia de empleos, ecosistemas sin variedad o pocos recursos; y por último el aislamiento, el cual se vincula a la falta de oportunidades y comunicaciones.

 

Es importante construir la resiliencia, tanto individual, a través de las instituciones educativas en edades tempranas; como comunitarias, por medio de la protección civil, incluidos en los protocolos de actuación ante desastres naturales o situaciones de emergencia.

 

La resiliencia social aporta nuevas perspectivas para empatizar con grupos vulnerables y los complejos contextos de la sociedad contemporánea, en la búsqueda de respuestas a problemáticas dinámicas, correlacionadas y de orden político.

 

@OpinionLSR

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