La reforma a la política de drogas en México es una causa a la que he decidido apoyar con todo lo que pueda hacer como político, profesionista y ciudadano. Me parece que el hecho irracional de combatir, a cualquier costo el tráfico y uso de una serie de sustancias que se consumían en el momento de la prohibición del alcohol en los Estados Unidos, provoca enormes e innecesarios costos para la sociedad. El caso más ridículo es el de la mariguana, asociada en el país vecino con los migrantes agrícolas mexicanos y con los prejuicios que se tienen con nuestros connacionales.

 

La mariguana es un producto consumido por el 80% de los usuarios de drogas ilegales, por lo que una adecuada regulación podría lograr que buena parte de los problemas asociados a las drogas se resuelvan. Uno de los costos que pagamos por la guerra contra las drogas es no tener acceso a las mismas con fines médicos. De hecho, instituciones como Human Rights Watch han recomendado al gobierno mexicano facilitar el acceso de sustancias como la morfina para tratamientos que atenúan el dolor.

 

El caso de la marihuana es todavía más crítico. Aún cuando existe evidencia de los efectos positivos de su uso, especialmente terapéutico, frente a los posibles riesgos, es prácticamente imposible tener acceso a dicha sustancia. Ese es el caso de personas que son tratadas con quimioterapias y a las cuales la mariguana les ayuda a paliar los efectos negativos.

 

Lo es también en casos de epilepsia severos, que pueden registrar muchos menos episodios convulsivos gracias al uso de la cannabis. Ese es el caso de la pequeña Grace, una niña de 8 años que vive en Monterrey, Nuevo León.

 

La marihuana se ha utilizado como medicina a lo largo de la historia. De hecho el siglo XX es una excepción en ese sentido. Sin embargo, en las últimas décadas se ha usado con ese propósito en países como Canadá, Estados Unidos y países europeos. La clasificación de la marihuana como un medicamento es un proceso complejo, debido al tema de derechos de propiedad y a los procesos que impone la industria farmacéutica, aunque ya existen productos como tales en varios países. En todo caso, la legislación permite autorizar el uso de sustancias con propiedades medicinales.

 

Grace, tiene el Síndrome de Lennox-Gastaut, sufre a diario 400 episodios convulsivos y es refractaria a todos los medicamentos tradicionales. Su padecimiento ha sido tratado con éxito en otros países y los casos se han documentado. Es por eso que un neurólogo pediatra, certificado y reconocido, el Dr. Saúl Garza Morales, recomendó el uso de un Cannabidiol (CBD) como medicinaalternativa.

 

El producto contiene una cantidad muy baja de TCH (menos del 1%), el principal componente psicoactivo de la marihuana, por los que el riesgo de efectos secundarios es prácticamente nulo. Probablemente mucho menor al de otros medicamentos que Grace ha utilizado sin éxito. El medicamento simplemente no puede ser importado a México, país que no reconoce ninguna propiedad medicinal en la marihuana y prohíbe su prescripción y distribución para cualquier fin. 

 

Grace tiene la suerte de tener un padre valiente y decidido, además de ser abogado, por lo que solicitó y obtuvo una resolución judicial para importar el medicamento. La resolución judicial tomó por sorpresa a las autoridades. Se debe reconocer que la posición de la Secretaría de Salud y Cofepris (la agencia encargada de reducir los riesgos sanitarios) fue la de ofrecer atención médica a Grace (no necesaria debido a lo exhaustivo del trabajo médico de diagnóstico) y la de acatar el fallo judicial.

 

Las autoridades se comprometieron a hacer posible la importación del medicamento en las próximas semanas. Sin embargo, al mismo tiempo, las autoridades mexicanas decidieron litigar en contra de la resolución del juez. Con todo, es muy probable que Grace reciba el medicamento pronto y con ello mejore su calidad de vida. Eso es lo más importante.

 

El problema es que sólo Grace y no otras personas con el mismo padecimiento podrán utilizar el medicamento. La inadecuada política de drogas, que sataniza a una serie de sustancias (no necesariamente las que mayores riesgos y daños generan) impide que ciertos padecimientos sean tratados o el dolor aliviado. Eso también dificulta al máximo la posibilidad de que en México se realice investigación médica con cannabinoides, la frontera del conocimiento en materia de medicina de dolor.

 

Grace ha ganado los corazones de los mexicanos y la atención de la prensa nacional e internacional. Su condición y la imposibilidad de probar un tratamiento prometedor han mostrado con elocuencia cómo en México, la guerra contra las drogas es más importante que la salud de las personas. Es difícil de entender las razones por las que México no sigue el ejemplo de países como Canadá, Estados Unidos o Reino Unido, para avanzar en el uso médico de la marihuana, y autorizar para ese fin su producción, procesamiento y distribución.

 

El problema reside en la falta de una política pública solvente en materia de drogas que nos permita reducir las consecuencias negativas del uso de ciertas sustancias y aprovechar los beneficios potenciales. Para eso se requiere tomar en serio el tema, separarse de los prejuicios y recurrir a equipos multidisciplinarios de expertos. Como se hace con cualquier otro tema de política pública, por cierto. Mientras tanto, otras personas tendrán que esperar a que el gobierno tenga a bien entender que otra política de drogas es posible y necesaria.

 

@vidallerenas



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