Esa decisión, la de la izquierda divida, curiosamente, fue tomada por un Congreso local, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en la que la izquierda es mayoría y de la que formo parte. En la discusión que tuvimos el fin de semana se desechó, con el voto de PAN, PRI, PANAL, PVEM y una parte del PRD, la posibilidad de que nuevos partidos puedan coaligarse con los existentes por medio de la figura de candidatos comunes. Esto no estáprohibido ni en la Constitución, ni en la legislación de observancia general en materia electoral. Por un lado, dicha restricción es excesiva a los derechos de los partidos a buscar el voto y de los ciudadanos de tener a su alcance distintas opciones de representación política. La ciudadanía de la capital, además, perderála oportunidad de votar por candidatos comunes de la opción política que ha apoyado de manera mayoritaria en los últimos años: la izquierda.

 

El contexto en el que se da esta reforma es, por supuesto, el hecho de que MORENA contenderá como partido de nueva creación en los próximos comicios capitalinos. Esto, sin la posibilidad de que este partido compita con los mismos candidatos que el resto de la izquierda, con lo que se corre el riesgo de que el PAN y el PRI ganen posiciones que de otra manera la izquierda conservaría si fuera coaligada.

 

La izquierda ha ganado la ciudad con base en coaliciones. Asífue el triunfo de Cárdenas en 1997. Solamente asípudo ganar López Obrador en la reñida contienda de 2000. Una coalición de partidos respaldótambién las candidaturas de Ebrard y de Mancera. Para el 2015 eso no seráposible.

 

La ciudadanía no podrávotar por un proyecto conjunto de las izquierdas, que ha sido el proyecto que ha recibido el respaldo ciudadano y generado una agenda de igualdad social única en el país. Eso tendrárepercusiones no sólo en el 2015, si no en el 2018, por supuesto. Se trata de una decisión que debilita la posibilidad de construir un frente de izquierda que busque ganar la Presidencia de la República. Nuestra responsabilidad con el país es asegurar a los ciudadanos la posibilidad de votar en el 2018 por una opción que ofrezca nuevas ideas de política económica, que sea progresista, una alternativa de gobierno que vea a la seguridad como un problema integral, no solo policiaco, que disminuye cuando se reduce la desigualdad, que se proponga construir un Estado de Bienestar, que lleve a toda la república lo que se ha avanzado en garantizar los derechos en la capital del país.

 

El día de la reforma, se multiplicaron los mensajes en redes sociales de panistas y priístas celebrando la prohibición. De hecho, la división de la izquierda ha facilitado la aprobación de reformas como la laboral y muy posiblemente la energética, asícomo diluir el efecto de otras como la de telecomunicaciones.

 

El gobierno federal, sin una firme oposición de izquierda, no paga los costos del haber alargado la recesión económica, de no tener un programa efectivo para reducir la violencia, de no cumplir su promesa de garantizar seguridad social universal, de mantener la misma política social asistencialista. Sin unidad, a la izquierda le falta fuerza para que su agenda avance, para que no se criminalice a las mujeres que abortan, para que se garantice el matrimonio igualitario, para que el Estado pueda hacer política industrial y desmantelar a los monopolios, para que la discusión sobre salario mínimo sea tomada en serio.

 

La división de la izquierda ha sido uno de los mejores negocios del gobierno federal, le ha ahorrado la demanda por transformaciones auténticas en la sociedad, por resultados en la responsabilidad de gobierno.

 

En Tabasco y en Guerrero, el PRD ha defendido la posibilidad de candidaturas comunes con nuevos partidos y, por lo tanto, con MORENA. En esas entidades los perredistas consideraron que vale la pena conservar la posibilidad de trabajar por un frente de izquierda. Sigo sin entender la lógica de la decisión de prohibirlas en la capital. No es estratégica, no es buena para la ciudadanía, no mejora ni la competencia política, ni la posibilidad de que las políticas progresistas se impongan.

 

Personalmente creo que la única posibilidad de cambio real en el país estáen la izquierda. No creo que, por ejemplo, una alianza del PRD con el PAN para la próxima elección presidencial sirva al país. Eso, tal vez, era una buena idea en el 2000, no en este momento, cuando la competencia democrática debe servir precisamente para que la ciudadanía elija entre proyectos de gobierno diferentes. Las acciones que nos alejen de una alianza de izquierda en el 2018, como la que se tomóen la ALDF, nos aleja de los grandes objetivos, sirve a otras opciones políticas y nos debilita como gobierno en la capital, como oposición en el país y como opción de gobierno capital en el futuro.

 

@vidallerenas



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