A punto de iniciarse la segunda mitad del gobierno Peña Nieto, se multiplican los acercamientos entre los precandidatos del PRI y los diversos líderes empresariales. Se tratará de la primera sucesión presidencial en la que el juego entre el sector privado, partidos y políticos será especialmente abierto.

 

Aurelio Nuño y Luis Videgaray, respectivamente secretarios de Educación y de Hacienda, lucen hasta ahora con un mayor avance en sus contactos con grupos de empresarios.  Según testimonios recabados, Nuño iría al frente en la construcción de redes empresariales, lo que incluye a los presidentes entrante y saliente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani y Juan Pablo Castañón. Ambos dirigieron ya la Coparmex.

 

“Dicen que a él (Nuño) le están saliendo mejor las cosas.  Y quizá se sientan más cómodos ahí también”, dijo un dirigente partidista que mantiene contactos frecuentes con este sector.

 

En un segundo bloque estarían corriendo Miguel Ángel Osorio Chong y José Antonio Meade, de Gobernación y Desarrollo Social, en ese orden. Al final en el  ánimo de las agrupaciones del sector y de los barones del dinero figuraría Manlio Fabio Beltrones, presidente nacional del PRI.

 

Los dos primeros nombres mencionados arrojan mayor interés por existir evidencias crecientes de que Nuño y Videgaray ya no trabajan en el mismo equipo. Es un hecho de que el anterior jefe de la Oficina de la Presidencia le debe su proyección inicial a Videgaray, quien ya acumulaba varios años de trabajo cercano a Enrique Peña Nieto –antes incluso del arribo de éste a la gubernatura del Estado de México. Pero el crecimiento de Nuño habría derivado ya en una ruptura, de acuerdo con las fuentes consultadas por este espacio. 

 

Con el arranque del gobierno el círculo cercano al Presidente era dominado, sin duda, por Videgaray, quien durante 2013 impulsó una reforma fiscal que convulsionó al sector empresarial desde antes de ser presentada ante el Congreso. Son múltiples las anécdotas según las cuales dirigentes de organismos tan relevantes como el ahora llamado Consejo Mexicano de Negocios, que preside Claudio X. González, intentaron influir en el entones flamante secretario de Hacienda, sin éxito.

 

“Por meses no les tomó la llamada. En al menos un caso en el que el personaje que lo buscaba fue demasiado insistente, Videgaray le contestó una vez sólo para decirle: ‘Ya se para qué me estás llamando (la reforma fiscal), pero por ahora no puedo hablar contigo, adiós’”, dijo un empresario conocedor del tema.

 

De acuerdo con las referidas versiones, Videgaray aplicó la misma fórmula que había observado en el Estado de México.  “Apretó las finanzas publicas, frenó la inversión,  cobró impuestos en forma draconiana… y al final todos debieron pasar por su oficina para pedir favores”.

 

Tras dos años de endurecimiento y de una estrategia que lo hizo inaccesible, Videgaray cerró 2014 con un viraje, y ha recorrido el 2015 en medio de un virtual activismo de acercamiento con varios sectores, subrayadamente el empresarial.

 

Este proceso no sólo se vive en la política. Las organizaciones del sector privado exhiben un vuelco hacia el pragmatismo, lo que los acerca al gobierno en busca de apoyos tanto para alimentar sus negocios como para impulsar los apetitos políticos que observan no pocos de ellos.

 

Nuevo León y su  legendario “Grupo de los 10”, al que durante décadas se le ha atribuido marcar la directriz sobre la actitud de los empresarios en el estado y en buena parte del país, son una muestra de esta transformación.

 

Los viejos capitanes de empresa, a los que por décadas simbolizó don Eugenio Garza Sada, fueron sucedidos ya por dos generaciones de herederos. La visión tradicional, que en los años 70 dio lugar precisamente a un Consejo Coordinador Empresarial aguerrido y crítico del gobierno,  ha sido sustituida por hombres de negocios con posgrados en el extranjero, mansiones en Estados Unidos, parte de corporaciones globales, y cuya única prioridad es hacer más dinero.  Son los que se aliaron al PAN especialmente con el gobierno de Felipe Calderón, y fueron los primeros que brincaron al PRI a la primera señal de que las cosas iban por ahí.

 

Hoy estos barones del dinero quieren negocios fáciles y rápidos. Se subieron en tropel a proyectos como OHL cuando creyeron leer que era la empresa favorita del sexenio, y huyeron en estampida de la misma cuando las cosas salieron mal.

 

Son los nuevos empresarios mexicanos, que colocan en las cámaras privadas a operadores cómodos, pero negocian en directo con sus interlocutores en el gobierno. A diferencia de lo que ocurría antes, no sólo quieren más dinero. También más poder político diputaciones, gubernaturas, y si se puede, la Presidencia de la República. ¿Por qué no?

 

rockroberto@gmail.com

 



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