El domingo pasado el mundo se conmocionó con la noticia del tiroteo ocurrido en una discoteca gay en Orlando, Florida, que dejó 50 muertos y un número igual de heridos. Lamentablemente, los tiroteos en lugares públicos –incluso en escuelas– son un fenómeno recurrente en Estados Unidos, este es el tiroteo múltiple número 173 registrado en Estados Unidos en lo que va del 2016. Entre las grandes tragedias está por ejemplo, la famosa masacre de Columbine en 1999 o el de la Universidad de Virginia en 2007, sólo por mencionar algunos. Esto está íntimamente relacionado con las políticas laxas de este país en el tema de compra-venta de armas. Si este ataque, conducido por un solo individuo, logró matar a este número de personas es porque fue perpetrado con una AR-15, un modelo similar a uno que utiliza el ejército estadounidense. Esta arma de alto poder dispara hasta 45 ráfagas por minuto y no se tiene que recargar. En este caso la demencia homofóbica de un individuo tuvo consecuencias catastróficas gracias a la facilidad de conseguir una arma de alto poder.

 

Lo que distingue este tiroteo múltiple, el peor en los últimos 25 años y cuya magnitud está sólo por detrás del 11-S, es el móvil. Se trató de un ataque por motivos de homofobia que pretendía matar a todas las personas que se encontraban en dicho bar gay sólo por su orientación sexual. Pese a que muchos estados de EE.UU. reconocen los matrimonios entre personas del mismo sexo e incluso, por primera vez, el propio presidente apoya abiertamente dichas uniones, estos eventos ponen en evidencia que aún falta mucho camino por recorrer en la lucha contra la homofobia y la protección de los derechos de la población LGBT en aquel país y en el mundo. Las personas con una preferencia o identidad sexual distinta a la heterosexual son todavía objeto de violencia por odio, que persiste debido a que las manifestaciones discriminatorias todavía son comunes en nuestras sociedades. Necesitamos de políticas, reformas institucionales y legislación que eliminen los factores que todavía apartan a las comunidades de la diversidad sexual del resto de la población. Lo hecho hasta el momento no es suficiente.

 

Nuestro país no escapa a este reto. Hay que reconocer que en los últimos años se ha avanzado mucho en la materia, no sólo con legislación –especialmente en la administración anteriordel entonces Distrito Federal-, sino también con sentencias de la SCJN, acciones y políticas públicas. Sin embargo, aún falta mucho por hacer, especialmente en el contexto actual. Hace unas semanas, el propio presidente de la República presentó una iniciativa para legislar el matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el país. La iniciativa se suma a las que también hemos presentado otros diputados en el para que ese derecho sea garantizado para todos los mexicanos. Sin embargo, la propuesta de Peña fue la que desató de nuevo una ola de pronunciamientos homofóbicos por parte de sectores conservadores, encabezados por la Iglesia Católica, reviviendo un debate que ya se tuvo cuando se aprobó dicha medida en el D.F. Por desgracia el presidente no ha recibido el respaldo de su propio partido. Incluso alguien mencionó la absurda idea de que la derrota electoral del PRI se debió a la propuesta de matrimonio igualitario, cuando lo evidente son los graves casos de corrupción. Expresiones de personajes como la jerarquía católica y el ex candidato presidencial Labastida abonan al clima de odio que genera violencia contra un grupo de personas de nuestra sociedad. La homofobia no es inofensiva, de hecho mata.

 

La masacre de Orlando es un crimen de odio que tuvo lugar porque la homofobia persiste y por la absurda regulación de armas en los Estados Unidos. México es uno de los países que registran mayores tasas de crímenes violentos por ese motivo. Ya tuvimos un episodio, en la Ciudad de Xalapa, en el que la violencia sistémica del país se mezcló con la homofobia y costó vidas. Pueden ser muchas las razones del presidente Peña para presentar su propuesta, cuando en campaña se manifestó en contra de este tipo de uniones. Es posible que el cálculo fue introducir un tema innovador como contrapeso a las duras y pertinentes críticas al desempeño de su gobierno en materia de derechos humanos. Sin embargo, el punto es que su propuesta en efecto obligaría a que todas las entidades federativas acaten lo dispuesto por la Corte para garantizar el derecho al matrimonio igualitario, permitiría la re asignación sexo genérica cuando aplica el Código Civil Federal y el cambio de contenidos educativos para generar una cultura de respeto a la identidad sexual de las personas.

 

Faltan, por supuesto, cambios legales en ámbitos como el laboral o el de administración de justicia para evitar la discriminación. Es decir, es urgente que se apruebe en sus términos la propuesta que ahora está en manos de la Cámara de Diputados y sea el punto de partida para generar legislación y políticas de combate a las prácticas de discriminación. Una ley general contra la discriminación puede ser un instrumento útil en ese sentido. En todo esto el debate es necesario, pero debe darse con responsabilidad y aceptar que el camino es todavía largo para garantizar los derechos plenos de las personas con una preferencia sexual diversa.

 

@vidallerenas 

@OpinionLSR



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