Existe un interesante enfoque de interpretación del funcionamiento del sistema capitalista en su etapa más reciente: La del capitalismo dominado por los corporativos multinacionales en el mercado mundial, y el uso que tienen las crisis económicas para la obtención de mayores ganancias, basado en la Doctrina del shock, libro de la escritora canadiense Naomi Klein.[1]

 

El shock es: En los años 70 fueron realizados experimentos de tortura psicológica con la aplicación de descargas eléctricas. Experimentos secretos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Ejército, conocido como Proyecto MK Ultra, con crueles resultados, cuya finalidad era provocar presuntamente en aquellos que recibían el tratamiento, obediencia fiel bajo el principio hipotético de “limpieza” o “reprogramación” cerebral.

 

Las mismas situaciones críticas son aplicadas a nivel social en términos del impacto que tienen factores como las crisis económicas, epidemias y sus secuelas, los terremotos y por supuesto las guerras. Naomi Klein analiza en su libro la forma en la que la aplicación de los planteamientos de Milton Friedman, el economista de Chicago impulsor del libre mercado y las privatizaciones de empresas públicas, ha implementado esta Doctrina del Shock.

 

Algunos de los planteamientos del premio Nobel de economía, se ejemplifican en: “Sólo las crisis —reales o percibidas— producen un cambio verdadero. Cuando hay crisis, las medidas que se toman dependen de las ideas que están en el ambiente…”, Klein sostiene que el capitalismo va de la mano de la “dictadura” y la “brutalidad”, y que los dictadores se aprovechan del shock provocado por las crisis, para consolidar su poder e implementar “reformas de mercado” impopulares. Cita como ejemplo, casos como el golpe militar en Chile de Augusto Pinochet, las políticas neoliberales de Margaret Thatcher, la crisis de la Plaza Tiananmen en China y la guerra en Irak, entre otros.

 

En el libro anterior[2] Klein abordó el predominio de “las marcas”, en referencia a los “logos” de las empresas que controlan el mercado consumidor, una denuncia que nos incluye a todos porque las marcas están en los anuncios publicitarios de las ciudades del mundo, así como en los escaparates de los centros comerciales que forman parte del sistema dominante.

 

Mediante estos mecanismos “tramposos”, naturales o provocados como las guerras y en algunos casos aterradores, los corporativos multinacionales aprovechan para imponer políticas encaminadas a la obtención de los mayores beneficios —el del interés privado como esencia del capitalismo—, con el apoyo de los propios gobiernos. Es la imposición del consumismo mediante políticas agresivas —las guerras también son comerciales— que se conoce como “capitalismo salvaje”.

 

La característica de este tipo de capitalismo es que las sociedades son sometidas al control exclusivo de los intereses económicos corporativos, y a nivel mundial genera contradicciones como: países desarrollados contra países en desarrollo; el Norte frente el Sur; Occidente versus Oriente. Y en su expresión más fuerte, sucede con las dictaduras como formas de gobierno autoritario, por la aplicación de estrictas medidas de sojuzgamiento, jornadas laborales prolongadas acompañadas de bajos salarios en donde el uso de los procesos altamente tecnificados genera altas tasas de desplazados y de pobres.

 

Situaciones que resultan de la aplicación del shock por los corporativos multinacionales en las sociedades contemporáneas, con el apoyo de los gobiernos y el sector financiero internacional en esta etapa neoliberal de capitalismo salvaje. Los libros de Klein han recibido muchas críticas, pero señalan claramente la estrecha vinculación entre liberalización económica y violencia en esta etapa de capitalismo salvaje.

 

Flor de Loto: Todo el que interpreta, puede mal interpretar.

 

@drarmandohdz

 

[1] Naomi Klein. Doctrina del Shock: El auge del capitalismo del desastre. México, Editorial Paidós, 2008.

[2] Naomi Klein. No Logo. El poder de las marcas. España, Editorial Paidós. 2001.



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