A un año justo de los comicios intermedios en el país, que incluirá nuevos diputados federales, jefes delegacionales y diputados locales por el Distrito Federal, el PRI acaba de consumar sin mayores sobresaltos su proceso de reestructuración, mientras que el PRD y en particular el gobierno de Miguel Mancera parecen encarar, según las encuestas disponibles, un desplome constante en el apoyo ciudadano.

 

El desarrollo de escenarios apunta hacia un PRI que en 2015 apostará a ir solo ante las urnas –desdeñando acercamientos del PAN para entrar en coalición- y un PRD que enfrentará, además, una fuga de votos hacia Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador.

 

Una derrota en delegaciones capitalinas clave, con una menor bancada en la Asamblea capitalina y una presencia diezmada de diputados perredistas en el Congreso de la Unión, puede atraer una inestabilidad importante para el dominio perredista en la ciudad de México, que ya vive su año 17. Pero 2018 podría traer la certeza de que es inviable la permanencia del PRD en la plaza más importante del país.

 

De acuerdo con consultas realizadas por este espacio, el PRI ya dispone de precandidatos para la próxima disputa de la jefatura de Gobierno del DF, en las  personas de Sebastián Lerdo de Tejada –actual director del ISSSTE-, de Aurelio Nuño –jefe de la Oficina de la Presidencia-, e incluso de Rosario Robles –secretaria federal de Desarrollo Social y ex gobernante de la ciudad en forma interina.

 

Cualquier mirada hacia aspirantes del PRD y aun de la izquierda en su conjunto, anticipa hoy una guerra interna entre los grupos de Miguel Ángel Mancera, de Marcelo Ebrard y del citado López Obrador. Por la vía del PAN, si hoy tuviera que tomar la decisión sobre a quién postular para gobernar la ciudad, debería lanzar a Margarita Zavala –la esposa del ex presidente Felipe Calderón-, el único personaje panista que destaca en las encuestas como contendiente viable.

 

El PRI acaba de procesar sin mayores contratiempos la defenestración política de Cuauhtémoc Gutiérrez, quien fue echado de la dirigencia local de su partido. Gutiérrez, un personaje impresentable, tuvo sin embargo la capacidad de aglutinar a las corrientes internas del priísmo capitalino marginadas por 20 años de control monolítico por parte de Beatriz Paredes y de María de los Ángeles Moreno.

 

Mauricio López Velázquez, quien asumió la dirigencia el pasado 27 de junio, fue apadrinado en su momento (2003) por parte de Moreno, pero también por Miguel González Compeán y Arnoldo Ochoa. Se le asume conciliador, y ha recibido instrucciones de la dirigencia nacional de integrar un Comité Ejecutivo local que incluya a diversas corrientes, ente ellas la de Gutiérrez –algo que éste nunca estuvo  dispuesto a hacer.

 

En la acera de enfrente, las encuestas se han convertido en motivo de insomnio para el gobierno de Miguel Ángel Mancera y del PRD.

El jefe del Gobierno capitalino tuvo a inicios de este año su momento más bajo de aceptación ciudadana, hasta colocarse por debajo del 20%, para luego repuntar en marzo hasta 35%, donde se ha estancado.

 

La popularidad de Mancera en la capital del país se ha visto acompañada por un deterioro similar en la opinión sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto, que logró un nivel alto al inicio de su administración y luego declinó en una metrópoli que ha entrado ya en su cuarto lustro de convivencia bajo referentes de izquierda o al menos de una atmósfera liberal que hasta hoy sigue siendo un desafío para los opositores al PRD.

 

De acuerdo con las encuestas consultadas, la población aprueba mayoritariamente el trabajo conjunto de Mancera y de Peña Nieto. Es la labor individual de Mancera la que sufre malas calificaciones. En los meses recientes, hasta 56% de los capitalinos opina que lleva un rumbo equivocado, especialmente en temas como combate a la inseguridad, el desempleo y la corrupción.

Un sector importante de analistas políticos aseguran que Mancera luce torpe en su gestión, sin las tablas que 30 años de trabajo en la ciudad dotaron de mayor soltura a su antecesor, Marcelo Ebrard. Añaden que Mancera no parece exhibir la pasión por la política que mostraron en el DF, Cuauhtémoc Cárdenas, López Obrador o Ebrard. No obstante, las encuestas revelan que 44% de la ciudadanía ve iguales méritos en Mancera y Ebrard, que 28% considera a Mancera mejor que su predecesor, aunque 24% lo evalúa peor.

 

En algún momento del próximo otoño, diversos personajes públicos en la ciudad dejarán sus cargos para buscar una candidatura que los coloque en la Asamblea Legislativa. Cada uno de ellos representará un proyecto para presidir la propia Asamblea e incluso para pelear en el 2018 la jefatura misma del Gobierno capitalino. Será el caso, entre otros, del actual secretario de Gobierno, el controvertido Héctor Serrano; de Jesús Valencia, delegado en Iztapalapa, de filiación perredista, y del también perredista Víctor Hugo Romo, delegado en Miguel Hidalgo. Esos dos últimos tienen a su cargo dos demarcaciones con gran simbolismo –la más populosa y otra con alto poder económico y social-; en ambas el PRD estaré en riesgo de perder si no opera bien las transiciones.

 

Estos son algunos de los referentes principales que observa ya la disputa política por la capital del país. Tras décadas de adormilamiento, el PRI construye capacidad de competir, el PAN sigue en el hoyo, y el PRD parece desangrarse por tres vías diferentes: las pugnas internas, la sangría que representa Morena y la debilidad creciente de reconocimiento ciudadano. Pero la opinión importante es la de usted, aguardamos sus comentarios. (robertorock@lasillarota.com



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