La reforma política que otorgue poderes plenos a la entidad que es sede de los poderes federales es una promesa que próximamente podría cumplirse.

 

En los 90' s la elección popular del gobernante de la capital era algo inevitable y Ernesto Zedillo decidió apoyarla, pero se mantuvieron candados importantes en temas financieros y de seguridad.

 

 A pesar de eso, los gobiernos de izquierda en el DF han desarrollado políticas sociales innovadoras, mantienen las finanzas sanas y niveles bajos de inseguridad. Una reforma que culmine con un constituyente para el DF es fundamental para mejorar la calidad de las instituciones capitalinas y garantizar el avance en los derechos ya alcanzados por los ciudadanos. Sin embargo, no cualquier reforma es la que la ciudad requiere. Los puntos a definirse son los siguientes:

 

1)      Estado 32 o Ciudad Capital. Lo segundo definitivamente. La ciudad requiere que se le reconozca su estatus de capital, con los fondos correspondientes para pagar los costos que implica cumplir con dicha responsabilidad. Eso implica hacer consideraciones a los recintos de los poderes federales y a la seguridad de los mismos y del Presidente de la República. Sin embargo, eso no debe implicar que ni el procurador ni el jefe de la policía sea electo o pueda ser vetado por autoridad federal alguna. Las relaciones en materia de seguridad y procuración de justicia entre la entidad denominada Ciudad Capital y la Federación no tienen por qué ser distinto a las que se mantiene con el resto de las entidades.

 

2)     Congreso constituyente  expreso para redactar la constitución o que lo haga la ALDF. La primera opción sería la más adecuada. Los constituyentes tendrían un mandato claro producto de una elección en la que pondrían a consideración de los ciudadanos sus propuestas de redacción para la constitución capitalina. Los diputados a la asamblea, en cambio, buscarían el voto popular con la basta agenda regular de temas de la urbe y su labor sería continuar con la legislación secundaria y la fiscalización y debate de los asuntos relacionados con el gobierno de la ciudad.

 

3)     Municipio o delegaciones con cabildos. La segunda opción sería la pertinente. La reforma tiene que asignar con claridad atribuciones a los gobiernos delegacionales y al central, ya que ahora muchas de ellas son concurrentes, así como fortalecer a las segundas. Un tema que debe ser irrenunciable es el que las delegaciones tuvieran independencia en la administración de su presupuesto. Por supuesto, las nuevas delegaciones contarían con cuerpos colegiados, tipo cabildo, para la toma decisiones integrado por representantes de los partidos políticos, de acuerdo con los votos obtenidos.  Sin embargo, temas como seguridad, agua, transporte público, salud, recaudación tributaria, tiene que mantenerse como políticas centrales para mantener su eficacia y garantizar buenos servicios a todos los capitalinos. La reforma no tiene porque replicar los graves problemas que sufren otras urbes del país.

 

4)     Que la deuda pública se vuelva local o que se mantenga como federal. La primera opción sería la óptima. Mantener el respaldo federal podría asegurar tasas de interés más bajas en las colocaciones, aunque no necesariamente, debido al bajo nivel de endeudamiento del GDF y a los altos y crecientes ingresos propios. La buena calidad de las finanzas públicas capitalinas es suficiente para colocar deuda a tasas bajas.  El hecho de que el Congreso de la Unión apruebe los techos de deuda impide a la ciudad planear los niveles de financiamiento necesarios para invertir en infraestructura. La aprobaciones de deuda con frecuencia obedecen a consideraciones políticas y no a un análisis serio de la situación financiera de la capital. Si la capital no puede definir su deuda tampoco podrá planear su desarrollo.

 

5)     Subscribir la reforma a la capital o establecer instituciones metropolitanas. Se debe avanzar en lo segundo.  Actualmente existen pocos mecanismos formales de coordinación, como el Fondo Metropolitano y el llamado Fidecomiso 1928 en el que se decide la inversión de obras hidráulicas en el Valle de México. Se requiere de otros nuevos en los que, por ejemplo, se discuta la pertinencia de el nuevo aeropuerto, del Tren a Toluca  y de las líneas de metro que van al oriente del Estado de México, así como el financiamiento de su operación. Se requiere innovar para que las grandes decisiones en materia de infraestructura en el valle se tomen de manera colegiada y se acuerden mecanismos de coordinación.

 

@vidallerenas



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