La bandera desgarrada en su conmemoración, en frente del presidente de la República, en la ceremonia oficial del Campo Marte, sintetiza el doloroso momento por el que atraviesa el país.

 

Hay señales y símbolos que parecen expresar la realidad nacional, son metáforas que brotan para ilustrar las circunstancias presentes de impunidad, polarización, corrupción y sometimiento del gobierno federal a un mandatario extranjero.

 

El gobierno federal está postrado al gobierno norteamericano, no hay estrategia ni claridad para enfrentar la hostilidad de Trump, no se diversifican opciones ni se toma la ofensiva para acudir con organismos internacionales y aún del propio Estados Unidos para explicar la situación entre las dos naciones y sumar aliados, siendo tan evidente que el gobierno norteamericano cada vez abre más frentes internos y externos.

 

Nuestra bandera pareciera manifestar en su desgarramiento las afrentas que ha permitido Enrique Peña Nieto de parte de Trump y su nula respuesta y  escasa defensa del interés nacional.

 

México enfrenta una grave crisis económica, política y social, un escenario de inseguridad, violaciones graves a derechos humanos y un cinismo oficial que no cesa como las declaraciones recientes de Tomas Zerón de Lucio quien, debiendo estar sometido a proceso penal por adulterar y sembrar pruebas en el caso de los 43 jóvenes desaparecidos de Ayotzinapa, se vanaglorió con desfachatez y prepotencia de la "verdad histórica", rasgando aún más la herida que no cierra y confirmando la impunidad de que goza por la protección presidencial.

 

Es claro que hay dolor, impotencia y enojo en millones de mexicanos frente a un gobierno insensible, ineficaz y corrupto. Un gobierno que primero argumenta que el aumento al precio de las gasolinas y el diésel fue por factores internacionales y que debido a la presión social ha tenido que frenar más gasolinazos confirmando que todo deriva de una decisión presidencial, que los gasolinazos responden a un afán eminentemente recaudatorio y a compromisos con la reforma energética privatizadora.

 

Nuestra bandera parece dolerse de las reformas estructurales que han dividido al país y han hipotecado el destino nacional, como la reforma energética que permite que grupos privados extranjeros se puedan quedar con la renta petrolera y los principales recursos energéticos del país.

 

La impunidad es el aceite que lubrica la corrupción y ésta se expresa no sólo en el manejo patrimonialista de los recursos públicos, sino también en los excesos y en la grave situación de violencia e inseguridad que padece la población. Nuestra bandera parece dolerse de los miles de muertos producto de la delincuencia, de los desaparecidos, de los desplazados internos, de las complicidades entre los cuerpos policíacos, políticos y criminales.

 

El país no avanza en abatir los altos índices de violaciones graves a los derechos humanos. El relator Especial de la ONU contra la Tortura en México lamentó que a dos años de su anterior visita a México “la situación no ha cambiado”. A los casos de tortura, se le suma un contexto de impunidad grave, en el que la falta de investigación de estos hechos es la regla.

 

En México persisten los malos tratos y la tortura como métodos para castigar o lograr confesiones, concluyó el relator especial de la ONU Juan Méndez, quien en la ocasión pasada enfrentó una embestida del gobierno federal por su informe.

 

"El relator lamenta concluir una vez más que la tortura y los malos tratos siguen siendo generalizados en México"; la tortura, la cual incluye en alarmantes ocasiones el uso de la violencia sexual, se utiliza para extraer información o confesiones.

 

"A pesar de los pronunciamientos de autoridades públicas, no se observan investigaciones imparciales e independientes y todo ello tiene vínculos con la impunidad que prevalece en México". Según información del IGI, México ocupa el lugar 58 de 59 países con mayor impunidad. El 98 por ciento de los delitos cometidos en México permanecen en impunidad.

 

Esta gran impunidad afecta gravemente la estabilidad social y la credibilidad en las instituciones, es notorio que el actual gobierno no hará nada por resolver la situación.

 

Hoy nuestra bandera desgarrada pareciera pedirnos que hay que sanar la nación, para que nuevamente luzca en todos su esplendor, para ello necesitamos un cambio de gobierno y combatir todos los lastres que lastiman a nuestra República.

 

@RicardoMeb

@OpinionLSR

 

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