Cuando empezamos por no llamar las cosas por su nombre, negamos la realidad y nos condenamos a no resolverla. Ortega y Gasset decía que el hombre es él y su circunstancia, y si no resuelve aquella no se salva él. ¿Cómo salvar la circunstancia si se niega?

 

Lo que México enfrenta hoy es una insurrección de grupos antisistémicos embozados en maestros, normalistas, padres de familia o organizaciones sociales variopintas, atizados, si no que financiados directamente o a trasmano, por el narcotráfico.

 

El Estado se niega a reconocerlo y en Gobernación negocia prebendas para parásitos magisteriales que, como siempre, después de exprimirlo y cachetearlo lo dejarán acorralado con la casa en llamas.

 

Las marchas y plantones tienen todo excepto marchas y plantones. Cierre de vialidades, algunas federales; destrucción de edificios públicos, violación de derechos de terceros con lujo de violencia, quema de vehículos, secuestro, por cientos, de vehículos, en la mayoría de los casos con robo de mercancías; secuestro, por cientos, de trenes; vandalización de comercios y bancos, toma de casetas de peaje, extorsión a automovilistas, huelgas universitarias, control de regiones completas abstraídas del Estado de Derecho y de la soberanía nacional.

 

Las excusas se reproducen como hiedra: derechos humanos, derechos laborales, reformas estructurales, desapariciones forzadas, matriculas curriculares, apoyos financieros, más lo que se sume. Pero en ningún caso las acciones se encauzan a solucionar los supuestos problemas; lo que se busca es doblegar al gobierno, extorsionarlo y paralizarlo. Finalmente, destruirlo.

 

No son problemas magisteriales, universitarios, de productores o de derechos humanos los que enfrentamos; es una insurrección orquestada a gran escala y el gobierno se niega a reconocerla y atenderla.

 

El Estado ha tenido que operar puentes aéreos para surtir la canasta básica a decenas de poblaciones en Oaxaca, porque supuestos maestros tienen el control de las carreteras y accesos en la mayor parte de esa destrozada entidad. Lo alarmante y excepcional del caso se pierde en el protagonismo sucesorio en que el puente aéreo queda apresado. En Chiapas Velasco sueña gobernar mientras el Estado se le incendia en las manos. Guerrero es un polvorín, Michoacán jamás se serenó. En el gobierno federal se juega el juego sucesorio de las sillas y a las mesitas de la política como extorsión y cooptación, mientras medio país arde en llamas insurrecciónales.

 

Lo sucedido en Nochixtlán sigue siendo un secreto de Estado, pero todo hace pensar que fue una celada en gran escala en la que las fuerzas del orden cayeron ilusa y ciegamente. La inteligencia política brilló y brilla por su ausencia. Para colmo, hoy sabemos que a la fecha la PGR no ha podido siquiera entrar a Nochixtlán para iniciar investigaciones. Bonito Estado de Derecho. Ilusa soberanía.

 

Pregunto: ¿lo que se negocia en Gobernación con los vivales del la CNTE puede asegurar al Estado mexicano el cese de esta escalada insurreccional? No. La CNTE recogerá sus dividendos y desconocerá, como siempre a través de sus asambleas de base, cualquier obligación adquirida para dejar al Estado entrampado en una insurrección que amenaza con perder para México el sureste nacional.

 

Concluyo: no estamos ante un movimiento magisterial o de normalistas. Estamos de cara a una insurrección en forma que hace palidecer el levantamiento zapatista de 1994.

 

Como dice un clásico: al tiempo.

 

@LUISFARIASM 

@OpinionLSR

 

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