En lo que va de 2017, han sido asesinados cuatro periodistas en México. En lo que va del actual sexenio, son 30 los informadores asesinados y en los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y lo que va del actual, la cifra de periodistas muertos supera los 100.

 

Como queda claro, en México parece incontenible la ola criminal contra los periodistas.

 

Sin embargo, tampoco se puede hablar de una tendencia generalizada. Hay entidades, como Veracruz y Oaxaca, en donde la persecución y asesinato de periodistas muestra tintes de epidemia.

 

En el primer caso, en los últimos diez años han sido asesinados diez periodistas, en Oaxaca ocho y, por ejemplo en Chihuahua han matado a dos periodistas en el actual gobierno.

 

El caso más reciente, y por ello el que ha acaparado la atención de la llamada opinión pública es el de Miroslava Breach, quien el pasado 23 de marzo, fue ejecutada por desconocidos que dejaron un mensaje macabro: la mataron “por lenguona”.

 

Es decir, Miroslava fue asesinada por hacer su trabajo; investigar y denunciar la corrupción de los gobiernos estatal y municipales de Chihuahua y los vínculos de la llamada “narco política”.

 

¿Por qué matan a los periodistas?

 

La constante es la misma en todo el país; en todos los estados en donde los periodistas son asesinados para ser callados. Los matan por eso, porque en no pocos gobiernos municipales y estatales aún imperan estructuras caciquiles, aldeanas, que suponen que matando al mensajero, la sociedad no conocerá el mensaje.

 

Pero el problema más grave aparece cuando casi todas las instituciones del Estado parecen indiferentes al asesinato de periodistas. En la mayoría de los casos, el reporte informativo no es más que una nota escueta a la que pocos dan seguimiento.

 

Otros casos, incluso, estigmatizan y criminalizan a los periodistas.

 

Es decir, es común escuchar que matan a los periodistas porque estaban involucrados con el crimen.

 

Pero el asunto llega a niveles demenciales, cuando partidos políticos, líderes, y dirigentes han “educado” a buena parte de la sociedad a odiar a los periodistas.

 

Son emblemáticos los casos de Andrés Manuel López Obrador, de Jaime Rodríguez “El Bronco”, de Javier Corral -y muchos otros-, que han convertido la persecución y la siembra de odio contra los periodistas en parte de sus estratagemas de poder.

 

Todo aquel que cuestione a Obrador, a “El Bronco” o a Javier Corral, es un periodista vendido al servicio de la mafia del poder y que aparece como un peligro para México y los mexicanos.

 

¿Hasta cuándo acabará en México la muerte de periodistas?

 

¿Hasta cuándo las instituciones del Estado serán una verdadera garantía al ejercicio de una de las libertades fundamentales en democracia; la libertad de expresión?

 

Al tiempo.

 

@RicardoAlemanMx

@OpinionLSR


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