Uno de los aspectos fundamentales de estrategia política, durante el desarrollo de las campañas electorales, es que partidos políticos y candidatos, vayan midiendo el posicionamiento de sus propuestas ante electorales por un lado, y por el otro, conozcan como marchan sus oponentes con miras a la jornada electoral.  Para ello, ejercicios como el levantamiento de encuestas a la ciudadanía es un componente válido y recomendable para establecer directrices que generen el triunfo o bien, para corregir la dirección de la campaña misma.

 

En este caso, las encuestas son un eslabón para obtener información de la población, a través de una metodología previamente establecida, con objetivos claros y documentos entregables que lleven a la toma de decisiones.  Entre otros aspectos, las encuestas que se levantan en las elecciones brindan información sobre las principales demandas de la población, su percepción sobre los candidatos, sobre los partidos políticos, sobre las propuestas de campaña de los contendientes, etc.  

 

Por ello, dichas mediciones, con todo y que guardan un “pequeño margen de error,”  deben ser lo más precisas posibles ya que sus resultados están estrechamente vinculados al fin de las campañas políticas, que es la obtención de cargos públicos a través de elecciones libres y democráticas.  En consecuencia, parece no entenderse que muchas encuestas no predijeran el triunfo o derrotas en varias de las elecciones que se registraron este año.

 

Un estudio publicado por el Diario Excélsior, refiere que tan sólo “16 de las 31 encuestas -levantadas-, es decir 51.61% de las publicadas en medios de comunicación 21 días antes de la votación, que deberán ser las más atinadas por su cercanía con los comicios, acertaron en el resultado del vencedor.” [1]

 

Por un lado, ese 50% mostró resultados óptimos. Por otro lado, con estos resultados en comparación con los obtenidos en la jornada electoral, resulta difícil imaginar como candidatos o dirigencias de partidos políticos puedan establecer alguna estrategia certera o alguna reorientación en las campañas.  Pero además, entre otros factores, es innegable que los resultados de algunas encuestas que llegan a ser públicas a través de los medios de comunicación tienen algún impacto ante la población y, en su caso, ante el electorado.

 

A lo aquí referido, ¿en dónde queda el principal activo de las campañas electorales? Nos referimos a los ciudadanos. 

 

Soy de la opinión que ante estos resultados mostrados en la pasada elección, deben establecerse controles más estrictos, verificaciones de las metodologías, de los cuestionarios, del levantamiento, del procesamiento de la información captada de dicha medición y de los informes que las Empresas entreguen de sus ejercicios. 

 

No sería conveniente que arribemos a la elección del año 2018 con circunstancias similares y, ya que varios analistas y hasta varios legisladores han señalado que es necesario darle una revisada y, en su caso, un ajuste (reforma) a la legislación electoral, no estaría demás que este fuera otro de los temas a analizar.

 

@fdodiaznaranjo

@OpinionLSR

 

[1]  Fuente: Diario Excelsior: ¿Encuestas o Bolas de Cristal?  De Claudia Solera.  Fecha: 26 de junio de 2016.  http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/06/26/1101149



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