En esta semana se llevaron a cabo importantes eventos convocados por organismos nacionales e internacionales con un tema común: el avance y empoderamiento de las mujeres en México y en la región, así como los mecanismos para acelerar el acceso de las mujeres a los espacios de decisión pública.

Estos foros y seminarios convocados por la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, la Comisión Interamericana de Mujeres, la Secretaría de Relaciones Exteriores, el Instituto Nacional Electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación e Idea Internacional, entre otros, contó con la presencia de personas expertas, nacionales e internacionales, que compartieron los retos, experiencias, desafíos y buenas prácticas en diversos países y en diferentes ámbitos para seguir avanzando en el empoderamiento de las mujeres en América Latina y delinear la agenda y compromisos futuros.

En estos foros se destacó que en las Américas desde los años noventa, pueden reportarse importantes avances en relación con la participación política de las mujeres al introducirse mecanismos de acción afirmativa. El primer país en adoptarlos en América fue Argentina. En la actualidad, 15 países americanos han adoptados la cuota o diversos mecanismos para implementar la paridad, entre ellos, México.

El promedio regional de mujeres en los parlamentos en América Latina es de alrededor del 27%. Bolivia es el más alto con 53% de mujeres parlamentarias y en el extremo contrario se encuentra Brasil, en el que apenas llegan al 10% de parlamentarias. Una constante en toda América, es que los partidos políticos son estructuras pariarcales y jerárquicas que promueven poco la participación política de las mujeres, a pesar de que la militancia está conformada por  50% de mujeres y solo el 20% ocupan puestos ejecutivos.

Los medios de comunicación contribuyen poco a acelerar el acceso de las mujeres a los espacios de decisión pública. En promedio, en América Latina, los medios otorgan más espacios a las candidaturas de hombres –el 70%- y el 30% a las de mujeres. El acoso y violencia hacia las mujeres es una constante en los medios de comunicación.

El andamiaje legislativo en México es sólido para la participación política de las mujeres en México. La igualdad y no discriminación están reconocidos en nuestra constitución, hombres y mujeres tenemos derecho a votar y ser electos y el principio de paridad se incorporó a nuestra Constitución en 2014. Somos un referente regional en esta materia. Sin embargo, al analizar la aplicación del marco normativo a los casos prácticos nuestro país enfrenta serios desafíos. En primer lugar, en la mayor parte de las entidades federativas sigue sin reconocerse legalmente la aplicación del principio de paridad a nivel horizontal, lo que merma las posibilidades de las mujeres de ocupar un cargo a nivel local, en el que México solo alcanza un penoso 14% de presidentas municipales. Por otra parte, nada se ha hecho para asegurar que más mujeres se integren a la administración pública federal y local y menos aún al poder judicial.

Adicionalmente, debemos tener en cuenta la violencia política que se ha visibilizado a partir de la aplicación del principio de paridad. Las formas que utiliza van de las más agresivas y peligrosas hasta las más sofisticadas para violentar los derechos políticos de las mujeres. El descafeinado dictamen contra la violencia política sigue sin aprobarse. Somos un país que contamos con un entramado jurídico que se ha ido haciendo cada vez más sólido formalmente, pero en el que en el fondo las mujeres se encuentran desprotegidas.

Muchas son las acciones en el corto, en el mediano y en el largo plazo que deben tomarse para acelerar la participación política de las mujeres. Muchos son los compromisos que deben asumirse desde diversas trincheras y muchos los actores, instituciones y recursos involucrados pero lo que único que tendrá el efecto igualador es nuestro país, es una ciudadanía que respire, transmita y proteja la igualdad. Un país en el que ser hombre o mujer no sea una diferencia y en el que no haya resistencias para compartir el poder.

@C_Humphrey_J


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