Las encuestas levantadas durante las semanas recientes tanto por las casas especializadas como por entidades gubernamentales, incluida la administración Pena Nieto, arrojan dos escenarios importantes: Hay una singular tendencia a empates en la mayor parte de los estados en donde habrá cambio de gobernador el próximo 7 de junio. Y salvo dos casos, todos los partidos actualmente en el poder podrían perderlo.

 

Con la excepción de  Campeche (con Alejandro Moreno, del PRI) y Baja California Sur (con Carlos Mendoza, del PAN), los otros siete estados donde sus votantes acudirán a las urnas para elegir gobernador pueden decantarse en favor de una alternancia, algunos por vez primera en su historia. Por la actual configuración, el mayormente afectado será el PRI, con efectos inevitables en los equilibrios políticos futuros, especialmente rumbo a la sucesión del 2018.

 

Las propias encuestas establecen una duda que no será resuelta sino tras la jornada misma de los comicios: si bien se anticipan resultados muy cerrados en Sonora, Nuevo León, Querétaro, Colima, Guerrero, Michoacán y San Luis Potosí, las proyecciones no anticipan ajustes relevantes en la correlación de fuerzas partidistas que integrarían la nueva legislatura de la Cámara de Diputados. Este hecho soporta varias interpretaciones: La más importante, que el rechazo ciudadano a los gobernantes en turno se expresa contra las autoridades inmediatas, alcaldes y gobernadores, sin que se refleje, por ahora, en los votos para formar el Congreso federal.

 

Todos los partidos principales tienen mucho en riesgo en ante las urnas el primer domingo del mes próximo. Y ninguno pierde de vista que en 2016 habrá elecciones para gobernador en más de la mitad del país, lo que habrá de marcar la antesala para la próxima sucesión presidencial. En esta oportunidad los esfuerzos principales están siendo concentrados por los partidos en unas cuantas entidades clave.

 

Sin duda una de las mayores apuestas del PRI y del PAN están cifradas en Querétaro, donde la administración estatal del priísta José Calzada y su candidato a la gubernatura, Roberto Loyola, pueden ser derrotados por unos de sus adversarios más acérrimos, el senador panista con licencia Francisco “Pancho” Domínguez y el diputado federal blanquiazul Marcos Aguilar, aspirantes respectivamente al palacio de gobierno estatal y a la alcaldía capitalina. Una derrota en esta línea borraría la perspectiva de que Calzada –quien se presenta como el gobernador mejor calificado del país- fuera incorporado al gabinete presidencial y desde ahí conservar sus alegadas ambiciones para el 2018.

 

Otro caso en donde una derrota para el PRI causaría un daño profundo al actual partido en el poder federal, sería Nuevo León, donde la aspirante priísta, Ivonne Álvarez, encara no sólo a Felipe de Jesús Cantú, aspirante del PAN, sino a quien sin duda es el personaje más llamativo de toda la jornada, el candidato independiente Jaime Rodríguez, El Bronco, quien según diversos estudios de intención del voto, se conserva al frente de las preferencias. Un fenómeno que de concretarse en un triunfo electoral atraerá riesgos importantes para la viabilidad de los actuales partidos en México.

 

Guerrero, gobernado por el PRD, es otra entidad en donde puede generarse una doble alternancia, ahora con el regreso del PRI. La izquierda acude a las urnas desprestigiada y dividida, y reflejo de ello son las candidaturas de la perredista Beatriz Mojica y del alcalde con licencia en Acapulco, Luis Walton, abanderado por Movimiento Ciudadano. Si no fructifican los esfuerzos de última hora para que decline, es probable que el ganador sea el priísta Héctor Astudillo.

 

Un caso más que hay que rescatar es el de Colima, donde hasta hace poco se preveía que el PRI conservaría el poder, pero el escenario se complicó. El actual gobernador, el priísta Mario Anguiano, preparo largamente como su sucesor al actual alcalde de Colima capital, Federico Rangel, pero desde el centro le impusieron a Ignacio Peralta, un funcionario con buenas credenciales pero ajeno al estado. Y el PAN postulo al senador Jorge Luis Preciado, que resulto una revelación vestido lo mismo de charro que con mascara de luchador y según las encuestas, puede ganar.

 

Si no hay sorpresas, el PAN debe arrebatar al PRI la gubernatura de San Luis Potosí con Sonia Mendoza Díaz. Pero en Sonora el propio PAN sufrirá para conservar la gubernatura y lograr el triunfo de Javier Gándara por sobre la priísta Claudia Pavlovich.

 

En el balance, el mensaje ciudadano puede ofrecer una lectura central a los políticos: Lo están haciendo mal, señores. Muy mal.

 

robertorock@lasillarota.com



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