La noche del domingo 5 de junio -una vez cerradas las urnas- traerá no sólo resultados en las 13 entidades federativas en donde habrá comicios. Develará también el futuro político de muchos de los actores implicados, cinco de los cuales abrigan aspiraciones presidenciales para el 2018.

 

Los comicios se convertirán como es natural, en una aduana ineludible para tres dirigentes partidistas: el priísta Manlio Fabio Beltrones, el panista Ricardo Anaya y el morenista Andrés Manuel López Obrador. Pero también para los mandatarios de Puebla, Rafael Moreno Valle, y del DF, Miguel Ángel Mancera, todos con boleto en la carrera para suceder a Enrique Peña Nieto.

 

Un panorama incierto, alimentado por encuestas que están dando cuenta de la volatilidad del electorado, tiene en estado de alerta los cuarteles generales de Ricardo Anaya, dirigente nacional del PAN, y de Manlio Fabio Beltrones, presidente  del PRI. El recuento de éxitos y fracasos determinará la solidez de sus respectivos liderazgos y los dotará o privará de oxígeno para el porvenir.

 

El caso más evidente es el de Anaya, cuyas apuestas políticas, partidistas y de grupo, se hallan en especial predicamento. El control del partido le es disputado por el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien al parecer sorteará con buenos resultados su aduana inmediata, con el triunfo de su candidato Toni Gali en la disputa por la gubernatura local. Adicionalmente, hay posibilidades de triunfo para algunos abanderados del blanquiazul a los que el mandatario poblano ha respaldado con apoyos diversos, como en Aguascalientes y Tamaulipas, entre otras plazas.

 

El candidato mayormente identificado con Anaya es Miguel Ángel Yunes Linares, que busca la gubernatura de Veracruz por la coalición PAN-PRD. Tras arrancar en las encuestas con ventaja clara, ha ido perdiendo base ante su adversario y primo, el priísta Héctor Yunes Landa, lo mismo que frente al aspirante de Morena, Cuitláhuac García Jiménez.

 

La tendencia de las encuestas marca un virtual empate entre los Yunes y un cercano tercer lugar para García Jiménez, quien ha hecho campaña aupado en la presencia de López Obrador. Ni siquiera se trata del liderazgo más representativo o sólido de Morena en Veracruz, sino de un personaje que corresponde con el perfil del “Juanito” del que el tabasqueño echó mano alguna vez en la demarcación capitalina de Iztapalapa.

 

Si en los siguientes días el debilitamiento de Yunes Linares se acentuara, correría el riesgo de ser desplazado a un tercer lugar, arrastrando con él la imagen de Anaya. Si por el contrario, su fórmula se conserva competitiva, se profundizarán las versiones de que el panista está recibiendo singulares apoyos provenientes de personajes clave del gobierno federal. El más mencionado es nada menos que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, al que se le atribuye la motivación doble de respaldar a un amigo y debilitar la causa de Manlio Fabio Beltrones, con quien compite por la postulación del 2018. El rumor ha crecido tanto que en días pasados Osorio hubo de viajar a Xalapa para reiterar su compromiso como priísta y descartar cualquier aval a Yunes Linares.

 

El citado Beltrones encara de suyo un panorama complejo. Parece ser un hecho: el partido que dirige podrá recuperar las gubernaturas de Sinaloa y Oaxaca, las cuales hace seis años fueron conquistadas por  una coalición de partidos que ahora mostraron pobreza de miras y fracasaron en reeditar esa experiencia.

 

De acuerdo con informes generados para la jerarquía priísta, el partido oficial retendrá igualmente la gubernatura de Hidalgo, Durango y, salvo un acuerdo de última hora entre sus adversarios,  la de Tlaxcala y Chihuahua. En total, seis estados seguros, de 12 en los que se están disputado el respectivo palacio de gobierno. El problema es que el tricolor gobierna hoy en nueve.

 

De los otros estados donde hoy domina, el partido de Beltrones encara el riesgo de un revés mayor en entidades que no han conocido la alternancia, como Quintana Roo y Tamaulipas. En el primer caso una campaña sin grandes luces de Carlos Joaquín (PAN-PRD) tiene contra las cuerdas al aspirante oficial Mauricio Góngora. En el segundo, el aspirante priísta Baltazar Hinojosa no ha podido contrarrestar el avance del opositor panista Francisco Javier García Cabeza de Vaca.  Las perspectivas tampoco le resultan muy halagüeñas al PRI en Zacatecas ni en Aguascalientes.

 

Las expectativas son también adversas para el jefe del gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien ayer reiteró que quiere ser presidente de la República. También para él funcionará la aduana del 5 de junio, en la elección de la Asamblea Constituyente, donde se prevé que Morena ratifique ser una fuerza mayoritaria.

 

Quizá entonces descubramos por qué la Constituyente fue diseñada en el Congreso con 60 diputados electos y 40 designados por los partidos y el gobierno federal y local: para considerar el escenario de que PRD, PAN y PRI deban aliarse para frenar a Morena.

 

Aun bajo esta posibilidad, la apuesta de Mancera por una candidatura presidencial tras una derrota que supondría dos castigos de los capitalinos en un año –la otra fue en los comicios de 2015-, se antoja con un altísimo riesgo de configurar una candidatura sin base social ni política reales. Con el solo respaldo del cada vez más débil membrete del PRD.

 

rockroberto@gmail.com

@OpinionLSR

 



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