La celebración del 75° aniversario del PAN fue la ocasión para diversos análisis al interior del partido y no pocos artículos y menciones de analistas y politólogos interesados en la agenda pública del país; entre lo publicado,  mención especial merecen aquellos que al margen de filias y fobias partidistas o ideológicas han hecho un reconocimiento puntual del papel y contribución del Partido Acción Nacional a la democratización de México, en particular, cuando las condiciones de la competencia electoral eran totalmente adversas a consecuencia  de la cultura antidemocrática impulsada por un régimen autoritario a través del PRI como mascarón de proa en las lides electorales y en las prácticas institucionales orientadas a la conservación del poder al margen de cualquier consideración ética y de legalidad.

 

Una de las mejores contribuciones a la reflexión sobre tan singular acontecimiento fue la conferencia magistral del diputado democristiano Rocco Buttiglione. El políticoitaliano sostuvo durante su exposición la tesis sobre la importancia y necesidad de los partidos humanistas en el mundo, y en particular, la conservación y consolidación del PAN como un partido comprometido con la vertiente humanista del espectro político, tal y como lo sugiere suorigen, su historia y la vigencia de su propuesta política. Lo anterior, no sin las contradicciones propias de una institución política que ha vivido distintas etapas de luces y sombras en su ya casi centenario devenir histórico.

 

Un partido humanista es aquel que coloca a la persona humana y su eminente dignidad en el centro de su agenda;es aquel que antepone los principios universales del humanismo político a las ideologías de izquierda o de derecha. Las ideologías y sus propuestas defienden unaconcepción apriorística del ser humano bajo las inerciasdel pragmatismo imperante, normalmente sacrifican a la persona en aras de un futuro inaccesible que, con singular atractivo, ofrecen como la siempre nueva utopía que seduce y somete a la humanidad de tiempo en tiempo enbusca del paraíso perdido.

 

Un partido humanista no se define por las siglas sino por su compromiso indeclinable con las libertades humanas con responsabilidad social en todos los ámbitos de la actividad humana. Por ello no puede concretarse a la política partidista y electoral en sentido estricto, en ciertomodo se puede decir que nada de lo humano le es ajeno,  así la cultura, como la política o la economía. Por ello sus propuestas no desconocen que el ser humano es social por naturaleza y por tanto comunitario, es decir, la persona se gesta y realiza en comunidades naturales como la familia y en ámbitos definidos y concretos como el mundo del trabajo y la nación a la que pertenece.

 

Así, la libertad, la solidaridad humana y la subsidiariedad son principios definitivos y determinantes en una propuesta humanista, hoy tan necesarios en un mundo normalmente individualista y con un grave deterioro del tejido social. Desde esa perspectiva, mucho tiene que decir y hacer un partido humanista para contribuir a solucionar los grandes desafíos del mundo contemporáneo, sobre todo si atendemos a la realidad de un régimen democrático como el nuestro que define al sistema de partidos como lavía preponderante para acceder al poder y, a través de este, para influir en la definición y ejecución de las  políticas públicas.

 

Sin embargo, hay una pregunta que necesita una respuesta: ¿cómo hacer viable la propuesta humanista en un sistema con signos de agotamiento, presa de una cultura insolidaria, con abusos de poder y prácticas de corrupción ampliamente extendidas en la clase política y en la sociedad entera hasta el punto de parecer un cambio casi imposible de lograr?

 

La respuesta pasa por liderazgos con autoridad moral y propuestas realistas para conmover y convencer a una población desencantada de la política y de los políticos, con autoridad ética suficiente para convocar al esfuerzo y sacrificio que demanda una política social solidaria con los que menos tienen, con el dolor de la pobreza y la desigualdad, para acometer contra la injusticia y la impunidad. También pasa por instituciones sólidas y fuertes en términos democráticos, con identidad y suficiente cohesión en torno a los principios humanistas como para articular un mensaje y una propuesta gubernamental que incida en el cambio cultural que precede a todo cambio político de fondo.

 

Ahí está la justificación histórica y política del Partido Acción Nacional, un partido humanista de origen que luego de setenta y cinco años enfrenta el reto de gestar una nueva victoria cultural, radicalmente distinta y superior a la que representó su paso por la tribuna política ganando debates pero perdiendo elecciones; se requiere una nueva victoria cultural que necesariamente esté vinculada anuevos triunfos electorales y al ejercicio del poder público como el medio idóneo para influir de la mejor manera en la transformación de una realidad inequitativa e injusta como la que hoy vivimos.

 

La conclusión de Buttiglione fue sencilla y clara al afirmar que necesitamos partidos humanistas y su deseo tambiénes que Acción Nacional sea uno de éstos, que desde una propuesta congruente e innovadora contribuya con eficacia a la transformación de un sistema político insolidario en otro que, en justicia y libertad, permita la realización plena de cada persona y cada familia de nuestra comunidad nacional, un partido humanista capaz de lograr una nueva victoria cultural basada en la vigencia del derecho y la justicia como base de la prosperidad y la paz.

 

@MarcoAdame



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