Una serie de movimientos en la administración Peña Nieto y la virtual postulación de Alfredo del Mazo Maza como candidato oficial a la gubernatura del Estado de México han hecho alzar las cejas de aquellos que gustaban de retratar al ex presidente Carlos Salinas de Gortari como un titiritero del escenario político con anchas cuotas de poder en el país.

 

Con diferencia de unas cuantas semanas, tres determinaciones parecen dirigir dardos envenenados a la influencia del ex mandatario: la renuncia de la ex canciller Claudia Ruiz Massieu, su sobrina; la salida del subsecretario para América del Norte, José Paulo Carreño King, al que se tiene como su ahijado político. Y la definición a favor de Del Mazo, hijo del ex gobernador mexiquense Alfredo del Mazo Vélez, adversario político de Salinas de Gortari.

 

En diciembre pasado se cumplieron 22 años de que el ex presidente dejara Los Pinos. Fue sin duda el último de sus ocupantes en el modelo de poder casi absoluto que durante décadas caracterizó a los gobiernos surgidos del PRI.

 

Temido por un reformador en lo económico, pero que caminó con pies de plomo en materia de apertura política, Salinas de Gortari ejerció su mandato virtualmente sin contrapeso alguno, salvo el que habría sido ejercido desde las sombras de su propio partido, donde proliferó el temor de que surgiera un nuevo maximato en la persona del  malogrado sucesor presidencial Luis Donaldo Colosio.

 

Ernesto Zedillo encarnó la convicción de las élites priístas de que era necesario bloquear la injerencia salinista, lo que llevó al encarcelamiento de su hermano Raúl y al autoexilio del ex mandatario, de quien se dice posee una importante fortuna personal e intereses con muchas de los empresarios beneficiados con privatizaciones en su sexenio, en campos que van desde el bancario hasta la televisión, pasando por las telecomunicaciones. Nunca en la historia moderna del país ha habido un presidente que sume admiración, desprecio y tantas leyendas urbanas al mismo tiempo.

 

El regreso del PRI a la Presidencia de la República vino acompañado con indicios de una importante ascendencia de Salinas de Gortari sobre Enrique Peña Nieto desde que éste se desempeñaba como gobernador del Estado de México. No era una circunstancia que éste disfrutara, por lo que evitó coincidir con el ex mandatario en eventos públicos y sus operadores sembraron en distintos sectores, el de los medios incluido, la petición de no difundir versiones sobre tal cercanía.

 

Ha sido imposible sin embargo, no destacar en el currículum de diversos funcionarios su coincidencia con la red de intereses familiares, de grupo o negocios del salinismo. Describir los nombramientos como producto simple de esta identidad habría sido injusto quizá, pero resultaría una omisión no denotar el dato pertinente.

 

Claudia Ruiz Massieu, hija del prestigiado político guerrerense José Francisco Ruiz Massieu y de Adriana Salinas de Gortari –el motor de la familia, en opinión de muchos-, participó en el equipo de transición de Peña Nieto y al arrancar la administración fue primero secretaria de Turismo y luego canciller.

 

Su salida de Relaciones Exteriores resultó inevitable tras el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, pero el ajuste se mostró accidentado porque en la víspera se le había asegurado a ella que no habría relevo, sólo para que unas horas después se diera la llegada de Luis Videgaray. Fueron las formas las que quizá la llevaron a pedir que se diera cuenta de que renunciaba al puesto, lo que descartaba la posibilidad de que aceptara otra posición, como la Secretaría de Cultura como se rumoró en su momento.

 

En los días recientes se ha insistido que Ruiz Massieu asumirá la secretaría general del PRI en lugar de la mexiquense Carolina Monroy, quien se incorporaría a la campaña de Alfredo del Mazo Maza, su primo –y primo presidencial también. El tema es que la ex canciller no parece estar anuente a aceptar esta tarea, lo que ha hecho crecer la incertidumbre sobre su estrategia política.

 

El citado José Paulo Carreño King es hijo de José Carreño Carlón, director del Fondo de Cultura Económica y vocero presidencial durante un segmento de la administración de Carlos Salinas de Gortari. Carreño hijo, que no tenía ninguna experiencia diplomática ni en el campo internacional, llegó a un puesto que siempre ha sido estratégico. El nuevo canciller, Luis Videgaray, lo separó sin ruido alguno y nombró como subsecretario para América del Norte al ex embajador Carlos Sada, un profundo conocedor de Estados Unidos, quien fue relevado en Washington por Gerónimo Gutiérrez, ex funcionario de cancillería y cuya designación otra designación fue bien recibida en ese ámbito.

 

La amistad entre Salinas de Gortari y Alfredo del Mazo González se desmoronó por el accidentado proceso de postulación presidencial del propio Salinas en el otoño de 1987. Se atribuye a Del Mazo, entonces secretario de Estado con Miguel de la Madrid, haber difundido la versión de que el verdadero ungido había sido el a la sazón procurador general, Sergio García Ramírez. Unas horas de confusión sellaron para siempre una profunda animadversión.

 

Hace seis años, cuando Alfredo del Mazo Maza era también considerado el más viable aspirante a la sucesión de Peña Nieto en la entidad mexiquense, Salinas de Gortari mostró activismo para denostar lo que describía como una obsesión patrimonial de los Del Mazo, que ilustraba con el hecho de que el abuelo de aquél, Alfredo del Mazo Vélez, también había gobernador el estado. Incluso aseguraba que el bisabuelo lo había intentado. Al final, el candidato fue Eruviel Ávila, actual mandatario, al que se le atribuye a su vez una rencilla política con Del Mazo Maza.

 

De toda suerte y pese a los indicios que parecen alertar sobre que finalmente ha iniciado el largo adiós a la influencia de Salinas de Gortari, otros personajes cercanos a él conservan posiciones importantes en la administración Peña Nieto.

 

Sólo por lo que toca a la Secretaría de Educación Publica, dos ex subsecretarios se hallan identificados con el salinismo, notablemente Otto Granados Roldán, que con el ex mandatario fue vocero presidencial, gobernador de Aguascalientes y embajador en Chile. Asimismo, Javier Treviño.

 

A su vez, José Antonio González Anaya, director general de Pemex, está casado con una hermana de Ana Paula Gerard, esposa de Carlos Salinas. Hay que apuntar sin embargo que a González se le atribuye una estrecha cercanía con Luis Videgaray, presumiblemente lejano a las influencias salinistas.

 

 

robertorock@hotmail.com

 


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