Normalmente las políticas públicas en México carecen de métodos sólidos basados en evidencia, de planeación de largo plazo, de indicadores y de procesos de revisión para redefinir estrategias y objetivos. Ese no fue, por cierto, el caso de la estrategia para mejorar la calidad del aire en el Valle de México. Al menos hasta hace cuatro años. De 1995 a 2002 y de 2002 al 2011 operaron las primeras etapas del Proaire, el Programa para Mejorar la Calidad del Aire en el Valle de México. En ese periodo la ciudad pasó de tener 5 días de buena calidad de aire a 243 en 2011. La velocidad de la mejora superó a otras megaurbes que desarrollaron procesos similares, Los Ángeles, por ejemplo.

 

En 2011 se firmó un nuevo Proaire para guiar la política hasta el 2020. Seguramente los gobiernos que iniciaron en el 2012 lo avalaron, ya que en las impresiones del documento aparecen los nombres de  Mancera, Müller, Paacchiano, junto al de Eruviel Avila.

 

El documento recopila la experiencia de las dos décadas anteriores, la compara con la experiencia internacional,  reconoce los aciertos y las fallas, establece objetivos y acciones concretas a seguir. Desgraciadamente en estos últimos años simplemente no se le dio seguimiento.

 

Si la calidad del aire mejoró en la capital fue debido a que se puso en operación un programa con acciones integrales de corto y mediano plazo. Se trata de un bien público que no se puede proveer de ninguna manera sin acciones en distintos ámbitos. Las restricciones a la circulación tienen que estar acompañadas de mecanismos efectivos de verificación y monitoreo, pero también de incentivos al transporte público, al no contaminante, al escolar y al de trabajadores.

 

Se requiere propiciar la renovación del parque vehicular privado pero también el de uso público, especialmente el de transporte. Es necesario hacer más eficiente el tratado de residuos, pero también reducirlos por medio de proceso de reciclaje. Se deben tener más azoteas y espacios públicos verdes, pero también pagar, conservar y fortalecer los servicios ambientales que generan a la urbe la zona rural cercana. Se trata de complejo proceso que implica adecuar normas, invertir en infraestructura, generar cultura ambiental, monitorear y actuar con medidas efectivas en caso de emergencia.

 

El problema es que no parece haber mayor avance en las 116 acciones pactadas por los tres niveles de gobierno en  el Proaire. Lo sabemos por sus resultados, la primera contingencia ambiental en 14 años. Lo sabemos por las acusaciones cruzadas entre los funcionarios federales y los del Estado y la Ciudad de México. Lo sabemos porque nadie ha informado de las políticas para mejorar la calidad del aire en el Valle de México. La situación es particularmente grave.

 

Fuimos testigos de un infantil juego de egos y de deslinde de responsabilidades entre los responsables del gobierno de las dos entidades en el Valle de México y de la política ambiental nacional. Ellos debieron de asumir la tarea, establecer metas, coordinarse e iniciar acciones concretas. Los constantes episodios de pre contingencias ambientales durante el invierno obligaban a actuar con celeridad para evitar una situación más crítica. Los diagnósticos y las acciones a seguir estaban ya ahí, diseñadas y detalladas, faltó liderazgo y seriedad, así de simple.

 

En este sentido es  falsa la afirmación de que somos todos, los que vivimos en el Valle de México los responsables de nivel de deterioro de la calidad de aire que vivimos. No lo somos porque los responsables de plantear y gestionar soluciones fallaron en la responsabilidad de continuar con una política de largo plazo que ya había dado resultados. Los ciudadanos no estamos siendo convocados a tomar acciones concretas. Aunque, por supuesto, intuimos que hacer para que se reduzcan las emisiones, no sabemos exactamente qué es lo que se espera de nosotros.

 

Este sería el momento, por ejemplo, para pedir el respaldo ciudadano para volver, así sea de manera temporal, a la prohibición a circular de cierto tipo de autos. También sería posible organizar una tercera separación de residuos, para facilitar el reciclaje de productos como latas, vidrio o pet. Se podría incrementar de inmediato el número de escuelas privadas con transporte escolar obligatorio y extenderlo a cierto tipo de centros de trabajo. En fin, las acciones para mejorar la calidad del aire están ahí y son claras, lo que falta es alguien en el gobierno  que se las tome con seriedad.

 

@vidallerenas

@OpinionLSR



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