El Instituto Nacional Electoral (INE) liberó a finales de la semana pasada los listados de 50 aspirantes (25 hombres y 25 mujeres) para cada estado en donde renovará los órganos locales electorales con vistas a los comicios del próximo año.

El arranque de este proceso ya revela tensiones con los polos de poder en cada entidad, lo que pondrá a prueba a la nueva generación de consejeros del Instituto, que encabeza Lorenzo Córdova.

Los miles de aspirantes a integrar los nuevos órganos que controlarán los procesos electorales en los estados se sometieron a un examen a principios de mes, del que han surgido los referidos listados con medio centenar de semifinalistas por entidad.  El INE advirtió oportunamente que cualquier recomendación de algún gobernador o de cualquier otro grupo de interés descalificaría de inmediato al concursante al que se  buscaba beneficiar. Ya habrá tiempo para saber  si algún finalista contó con la bendición de algún poderoso y si el INE se subordinó ante ello. 

El examen referido fue diseñado por un panel de expertos, entre ellos María Marván y Clara Jusidman. Ahora sinodales de varias instituciones públicas, como la UNAM, intervendrán en la siguiente etapa: citarán a los semifinalistas y les pedirán desarrollar un ensayo con un tema asignado en ese momento. Los mejor calificados serán entrevistados por los propios consejeros del INE durante una larga encerrona, para determinar un listado final con 15 nombres (al menos 7 hombres y 7 mujeres), uno de los cuales corresponderá al nuevo presidente o presidenta del organismo local.

Los entretelones del proceso no han sido nada tersos. Al propio presidente del INE, Lorenzo Córdova, le ha tocado participar en reuniones en diversas entidades en donde ha quedado de manifiesto el juego de poder que puede desbarrancar uno de los ejes centrales de la reciente reforma constitucional en materia electoral: es en los estados en donde exhibe mayor rezago la normalidad democrática, pues el puño de los gobernadores y de otras fuerzas políticas impide el ejercicio de pesos y contrapesos propio de todo régimen moderno.

Una de las entidades en donde facciones políticas están más enquistadas es la capital del país, que el próximo 2015 cumplirá 18 años de ser gobernada por el mismo partido, el PRD. La presencia de la izquierda en la ciudad de México ha sido benéfica en muchos órdenes, especialmente en el fortalecimiento de derechos y libertades, pero ha derivado en un anquilosamiento de la clase política y en estancos de poder donde la corrupción florece.

El Instituto Electoral del Distrito Federal es uno de esos espacios. De sus siete integrantes, la mayoría ha estado sujeta a los designios de René Bejarano, cabeza de una de las corrientes más corruptas y clientelares del PRD. La personificación de la jettatura de Bejarano en el IEDF es su presidenta, Diana Talavera.

En uso de su derecho, la señora Talavera se inscribió en el examen del INE, como lo hicieron otros cinco integrantes del IEDF. Dos de ellos aparecen en la lista de los 50 semifinalistas para el nuevo órgano, Mariana Calderón y la propia señora Talavera, en ese orden, en el primero y segundo lugares, lo que refleja que tuvieron las mejores calificaciones en su género, y por ello crecen sus posibilidades de conservar su puesto.

Durante meses la señora Talavera ha urdido una red de maniobras y complicidades con el objetivo de conservar ese coto de poder para sí y para su jefe político, Bejarano.

Cuando fue claro que la reforma electoral supondría renovar la integración de todos los órganos estatales, Talavera formó una coalición de éstos para formar una barricada en contra. Logró hacerse nombrar presidenta de esa asociación prometiendo una defensa de fueros. Pero una vez que el esfuerzo resultó vano, abandonó a  su suerte a sus compañeros de afanes y emprendió un intento de seducción sobre el INE y en particular, sobre Córdova Vianello.

En esa etapa Talavera propuso al presidente del INE una reunión con legisladores de la Asamblea del DF, que tenía atorada su propia reforma electoral para hacerla compatible con la norma federal. Córdova acudió, sólo para encontrarse en una celada ante asambleístas bejaranistas que le pidieron “trabajar de la mano” en los cambios, o en caso contrario descarrilarían el proceso. “Nos vemos en la Corte”, les dijo Lorenzo, enarbolando la posibilidad de una controversia constitucional contra la Asamblea.

Talavera desarrolla otra guerra, hacia dentro del propio IEDF. Pese a que Bejarano cuenta con un bloque mayoritario en el interior, lo que le ha permitido, mediante el uso de la señora Talavera, la asignación de plazas y recursos para muchos de sus protegidos, los vientos de cambio han hecho cada vez más difícil la manipulación de temas por parte de la todavía presidenta.

Incluso compañeros de la facción bejaranista han abandonado el barco al decirse traicionados, y muestran una resistencia pasiva ante las directrices de Talavera. Uno de los actuales consejeros, Gustavo Figueroa, se sometió al examen del INE, pero hace días anunció que había vaciado su oficina al decirse traicionado por Talavera y por Bejarano. El examen, cree este personaje, fue una trampa para echarlo del puesto.

Historias similares, con múltiples matices, se han repetido en diversos estados del país. Una vez que la lista de 50 semifinalistas ha sido difundida, empezarán a surgir objeciones fundadas sobre algunos casos, como seguramente ocurrirá en el DF.

Más allá de exámenes y ensayos, la reforma electoral establece que los órganos electorales estatales sean renovados con gente idónea e independiente. Si al final del día los y las Talaveras conservan cargo y fuerza, los ciudadanos tendremos derecho a concluir que en esta materia, todo cambió para que todo siguiera igual.

 

robetorock@lasillarota.com



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