Ya entrados los años 90 tomaba un curso de licenciatura en economía en el ITAM y el profesor inició la clase con la petición de que nos pusiéramos de pie porque el día anterior había ocurrido la reforma económica más importe en la historia del país: la autonomía del Banco de México. Se decía que el factor central que generaba inestabilidad macro económica era que los gobiernos podían imprimir dinero para financiar el gasto y eso generaba periodos de alta inflación. La política monetaria tendría que ser neutral, capaz de garantizar la estabilidad de precios y, en la medida de lo posible, la cambiaría. La promoción de crecimiento, por medio de la reducción de tasas o la devaluación cambiaria para ganar competitividad, no tendría que ser una tarea del Banco. Mucho menos servir de fuente de financiamiento público. La idea era consolidar un grupo de sólidos economistas (todos de género masculino, hasta el momento ninguna mujer ha sido designada gobernadora o vice gobernadora), libres de la tentación de utilizar el Banco para financiar al gobierno y capaces de tomar las mejores decisiones para mantener la estabilidad cambiaría.

 

La autonomía del Banxico alcanzada en 1993 fue sin duda útil para superar la crisis cambiaria de 1994 y de la estrategia de pasar de un tipo de cambio fijo, dentro de una banda, a uno flexible, con intervenciones por parte del Banco. México efectivamente alcanzó estabilidad cambiaría, al menos hasta hace un par de años, en buena medida por factores externos o por problemas de finanzas públicas. No obstante, las críticas al Banco fueron varias. Una es que aparentemente propició una sobre valuación del peso durante los primeros 15 años de este siglo, lo que le costó al país en términos de crecimiento. Es decir, el peso caro jugó en contra de nuestras exportaciones y abarató las importaciones. Se señala también que el Banxico tardó en seguir la tendencia mundial de reducir las tasas de interés a raíz de la crisis global de 2008 y las subió demasiado pronto al inicio de este año. También se dice que el Banco utilizó poco sus facultades de regulación del mercado financiero para reducir los costos al usuario e incrementar el crédito en la economía. Es decir, se le atribuye parte de la responsabilidad de la baja tasa de crecimiento económico del país.

 

El Banxico, probablemente en uso de su facultad de servir de asesor del gobierno en materia financiera, ha decidido actuar como institución para influir en la política económica. El Banxico, por ejemplo, elaboró un análisis sobre los posibles impactos de incrementar el salario que evidentemente exageraba los efectos de la media en los precios. Tuvo una posición activa para desalentar la posibilidad de que el mínimo se incrementara de manera importante. El Banco fue también un crítico abierto de las decisiones fiscales del gobierno, con la clara intención de provocar una reducción del gasto y del ritmo de endeudamiento del gobierno. Para algunos, la reacción del Banxico fue exagerada y ocasionó una reducción del gasto mayor a la recomendable. El Banco pidió menos gasto, pero gasto de mayor calidad o mantener el gasto de inversión para no afectar el crecimiento. Además, nunca se han planteado mecanismos para que parte de las reservas se inviertan en activos que sirvan para detonar la economía.

 

Por otro lado, en los hechos, la autonomía del Banxico es cuestionable. Los dos últimos gobernadores fueron primero secretarios de Hacienda. La burocracia entre ambas instituciones es indistinguible. Por otro lado, el Banxico sí ha servido de fuente de financiamiento del gobierno, por medio del remanente que resulta de haber vendido dólares a un precio mayor a los que los compró. Montos por varias decenas de miles de millones de dólares fueron transferidos a la tesorería federal en los tiempos y modalidades acordes a la estrategia fiscal del gobierno federal. Después se modificó la ley para que el remanente se destinara para reducir la deuda o alcanzar la meta de déficit, presumiblemente por petición del Banxico. Eso elimina la posibilidad de utilizar ese activo público para invertirlo en infraestructura, lo que revela una carga ideológica. No obstante, parte de la discrecionalidad permanece, por ejemplo, no sabemos si el año que entra se utilizará o no el remanente generado este año. Es algo que no se ha negado ni desmentido.

 

La autonomía del Banxico ha sido útil para la estabilidad financiera y de precios del país. No obstante es necesario también otorgarle un mandato para que promover el crecimiento también sea una de sus tareas. En ese sentido, un perfil de un economista (o una economista) con una sólida formación, pero también con interés en los temas de desarrollo y desigualdad sería útil. Los perfiles de los gobernadores y vicegobernadores recientes no son neutrales en sus visiones de política económica, nadie lo es, fueron seleccionados precisamente por su visión de una política monetaria y de banca central que no tendría, por principio, promover el crecimiento. Es correcto que los funcionarios del Banxico sean independientes, pero tendría que pasar por un estricto proceso de escrutinio para conocer sus posiciones y capacidades. Las políticas del Banxico deberían ser también objeto de evaluaciones por parte de expertos, que nos permita a la sociedad tener mayores elementos para calificar su labor. Es decir, el Banxico no puede ser un grupo de hombres sabios, impolutamente neoliberales y libres de la valoración pública. 

 

@vidallerenas

@OpinionLSR


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