La administración Peña Nieto dispuso en semanas recientes de evidencias alarmantes sobre el desempeño del comisionado federal Alfredo Castillo, que precipitaron su remoción del cargo en el que recién cumplía un año.

 

Los reportes apuntan hacia al menos dos distorsiones graves, que se alimentan entre sí: Castillo estaba construyendo, desde el poder público,  un nuevo cártel del narcotráfico, nutrido por grupos de autodefensas y por desertores de Los Templarios.

 

Ante sus interlocutores locales, Castillo argumentaba que se trataría de un “cártel bueno” y la única solución para hallar una salida a la pesadilla michoacana en materia de seguridad. Volver criminal al Estado para encarar a los criminales. Los informes al respecto indicaban que esta nueva mafia en gestación no recibiría órdenes más que del propio Castillo.

 

La segunda señal de alerta fue la promoción, desde las redes tendidas por Castillo y su equipo, de políticos de diversos partidos que se empezaban a colocar como los más viales precandidatos a alcaldes en diversos municipios, dentro y fuera de la Tierra Caliente, ante el estupor de grupos sociales de la zona, particularmente de la Iglesia.

 

De acuerdo con datos aportados a este espacio,  el anterior panorama fue reportado reiteradamente a Los Pinos durante los meses recientes, tanto por la Secretaría de Gobernación a cargo de Miguel Ángel Osorio Chong, como de la Procuraduría General de la República, que conduce Jesús Murillo Karam, pero los señalamiento resultaron desestimados bajo el argumento de celos palaciegos, pues ambos funcionarios se opusieron desde un inicio tanto a la creación de un comisionado plenipotenciario en Michoacán como a la designación en esa tarea de Castillo, un personaje que ya había dado evidencias de su frivolidad y megalomanía.

 

Al cumplir un año en funciones y con el proceso electoral en marcha tanto a nivel federal como en el estado, Gobernación, PGR y el Ejército tuvieron una sola voz en contra de Castillo que ya no pudo ser ignorada en el primer círculo del presidente Peña Nieto. De ahí la designación como relevo, con atribuciones ajustadas en los hechos, del general Felipe Gurrola Ramírez, propuesto personalmente por el secretario de Defensa, Salvador Cienfuegos.

 

Gurrola se desempeñaba como comandante de la zona militar con sede en Irapuato, pero en los años previos tuvo a  su cargo tareas delicadas en Reynosa, Tamaulipas (2013) y en Culiacán, Sinaloa (2011).

 

Su misión inmediata será apuntalar la muy menguada institucionalidad en Michoacán, donde la tarea de Castillo lo hizo pasar por encima del gobierno del estado, de los alcaldes y aun de los jueces en la entidad, todos ellos ámbitos ciertamente, subordinados al crimen organizado.

 

Pero Castillo inventó su propio gobierno, impuso funcionarios, colocó jueces y alcaldes en la sombra. Importó de todo el país a un ejército de incondicionales, lo mismo a abogados y policías que a operadores estrambóticos, como una mujer cubana, María Imilse Arrué, quien era su canal de comunicación con algunos grupos de autodefensa. El gobernador interino, Salvador Jara, se desempeñaba como su mozo. Al final, Castillo había colocado a cerca de 700 personas en diversas posiciones, sin más jefe que él mismo.

 

El mensaje de despedida para Castillo difundido por el sacerdote Gregorio López, de Apatzingán, refleja en sus partes centrales, los extremos a los que se llegó en la gestión del comisionado que quiso crear una república unipersonal en Michoacán valiéndose de su cercanía personal con el presidente de la República. Escribió el llamado “Padre Goyo”, una de las voces más valientes en aquel estado:

 

“Con júbilo hemos aplaudido todos, la añorada noticia (…), así lo reclama la coyuntura electoral que se avecina, donde el INE ya ha cometido una serie tropelías criminales, al permitir que se registren precandidatos de todos los partidos con historial delictivo. Sólo en Apatzingán, una decena de esos anfibios fueron de la Familia Michoacana, luego Templarios y hoy aspirantes al poder, pero más cínico todavía el caso Aguililla, miseria política y debacle del sol azteca. Le apostamos a que en esta nueva etapa florecerán las siguientes aristas:

 

- "Ahora si procedan nuestras apelaciones en pro de los autodefensas y presos políticos, arbitrariamente encarcelados (…).

 

- "Que el Señor Gobernador ya deje de ser la 'ranita verde' y sea el aliado y defensor del pueblo, que pase de burócrata a servidor (..).

 

- "Que el procurador de Justicia gire ya órdenes de aprehensión en contra de los engendros del demonio y criminales de los cárteles de la droga Viagras y H3, que fueron uniformados y legitimados, aun cuando todo mundo sabemos de sus quehaceres delictivos.

 

- "Que ya el gobierno se quite la pata del cuello de 'La Tuta', quien realmente gobierna el estado y el Cisen lo tiene bien ubicado en la sierra de Playitas en - Tumbiscatío.

 

-  "¿Cuántos muertos faltan para que se frene esa máquina asesina?

 

- "¿Hasta cuándo pararán la fábrica de drogas sintéticas en tierra caliente?

 

- "¿Hasta cuándo serán requeridos los alcaldes y regidores que fueron impuestos por Nazario Moreno?

 

- "¿Acaso no se han dado por enterados que todos los notarios tergiversaron los títulos de propiedad de bienes inmuebles y no han sido requeridos a declarar?

 

- "Apremiamos a los hombres y mujeres nobles y rectos que aún habitan este suelo, a duplicar las acciones buenas y a dar la cara, a hablar con la verdad, porque 'sólo la verdad nos hará libres' porque sólo con la alianza entre los buenos, podemos ofuscar a los malos, pues somos más los que deseamos la paz que los violentos. El mal abunda donde nuestro bien no ha germinado. Es hora de salir de nuestras zonas de confort y falsas”.

 

robertorock@lasillarota.com

 

 



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