De acuerdo con este modelo, la estabilidad acompañada de la apertura comercial y reformas que liberalizarán mercados, atraería la inversión y, por lo tanto, generaría crecimiento.

La estabilidad se alcanzó al principio, pero precisamente la obsesión por el tipo de cambio fijo ocasionó en 1994 una nueva crisis. Posteriormente México ha sido ejemplo de inflaciones controladas, estabilidad cambiaria, bajo déficit público, altos flujos comerciales y de capitales, así como altas calificaciones ligadas al bajo riesgo país. Desgraciadamente todo eso no generó ni crecimiento, ni mejor distribución del ingreso, ni reducción de la pobreza.

Se dice que han faltado reformas, pero la última, la laboral, por ejemplo, no parece haber creado muchos empleos, ni detonado el crecimiento. Para crecer, me temo, no son suficientes las reformas orientadas a liberalizar mercados, sino algo mucho más complejo, poder combinarlas con acciones estatales que impulsen el crecimiento en el corto plazo, con políticas que permitan absorber tecnología, generar ventajas comparativas, incrementar el contenido nacional de los consumimos y exportamos, así como mejorar la distribución el ingreso y, por lo tanto, el consumo interno.

Por desgracia, la reacción del gobierno ante los evidentes datos negativos sobre el crecimiento fue una nueva llamada a tener paciencia, a esperar a que se concreten las reformas que faltan, a que Estados Unidos se recupere del invierno y a que las empresas y los consumidores se ajusten a los cambio fiscales. No existe autocrítica con respecto a los planteamientos centrales de la estrategia económica. Se insiste que el problema de que el crecimiento es coyuntural, que no es necesario discutir la estrategia.

De hecho, parecería que el gobierno, le apuesta a una bala de plata, la reforma energética, como a única reforma que efectivamente pueda generar crecimiento. Se trata de una apuesta arriesgada, no solamente debido a que, en todo caso sus frutos se alcanzarían en el mediano plazo, sino porque, dada la debilidad de las instituciones del Estado, las ganancias podrían ser capturadas por los privados y el Estado perder valiosos recursos fiscales.

A lo mejor, lo que faltan son otro tipo reformas, en áreas que prácticamente no existen en la agenda gubernamental, como por ejemplo:

1)Escoger industrias con potencial en las que se puedan desarrollar ventajas comparativas, invertir en el desarrollo y absorción de tecnología, garantizar su financiamiento y establecer esquemas de colaboración público-privados para encontrar los mecanismos más efectivos para su desarrollo. La política industrial sigue siendo la gran ausente de la política pública peñista.

2)Rediseñar el gasto público para hacerlo más ágil para poder reactivar la economía en momentos recesivos, más productivo de tal forma que atraiga más inversión privada y capaz de generar cadenas de proveedores con productores nacionales; más progresivo para que sirva para incrementar los ingresos y los servicios de las personas, pero también de las regiones del país con menores ingresos. La pregunta tendría que ser cuáles proyectos de infraestructura tienen mayor impacto en el crecimiento del país y realizarlos, la cosa es que no lo sabemos y no gastamos lo suficiente.

3)Desarrollar en la población capacidades de tal manera que la mayoría pueda tener acceso a los cambios tecnológicos y aplicarlos a las actividades productivas. Se requiere de políticas que proporcionen estabilidad al trabajador para que acumule habilidades y al mismo tiempo lo capacite para los cambios en la demanda laboral. Un programa para hacer universal la preparatoria y multiplicar la universidades e institutos tecnológicos sería fundamental.

4)Implementar acciones que aceleren la distribución del ingreso como el incremento de los salarios mínimos a los niveles de países de riqueza similar, las pensiones universales a los adultos mayores, los seguros de desempleo, las becas para preparatoria y universidades, así como las políticas de ingreso mínimo en regiones de alta marginación.

5)Aprovechar mejor las ventajas de la apertura comercial y reducir sus costos con inversión en infraestructura y en tecnología que mejore la logística, revisar las reducciones arancelarias recientes a países que no los aplican de manera recíproca, iniciar pláticas para incluir en el TLC nuevos aspectos como la homologación de normas, así como establecer mecanismos para evitar la sobrevaluación del peso para ganar competitividad.

Es decir, existen muchas más alternativas de reforma de las que normalmente discutimos en México, por lo que es probable que lo que hacemos desde hace mucho tiempo no sea lo que nos va a llevar a alcanzar estabilidad, pero con crecimiento y mejor distribución. 

 

@vidallerenas

 



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