Los desencuentros que ha sostenido el presidente Donald Trump no sólo han sido con el gobierno mexicano o con otras naciones.

 

Trump ha sabido aprovechar cualquier momento y coyuntura para corregir a sus subalternos, en una desagradable muestra de caos y desorganización gubernamental, que ha tenido desastrosas consecuencias, sobre todo en términos de comunicación política. Eso mismo sucedió con el secretario de seguridad interior, John Kelly, cuando afirmó que no habrá uso de la fuerza en el tema de los inmigrantes, mientras que Trump corrigió a su secretario y elevó el contenido del mensaje, señalando que se trataba de una operación militar.

 

Pero mientras los Estados Unidos tienen sus problemas derivados de un presidente que gobierna por redes sociales auxiliado de órdenes ejecutivas y memorandos, ignorando las formas en política y cree que la Casa Blanca es una extensión de sus oficinas particulares, en México parece que el problema con la relación bilateral no ha sido dimensionado en su totalidad.

 

Sólo en 2016 la inversión extranjera directa que provino de Estados Unidos fue de 38.9% de un total de 26 mil 738 punto 6 millones de dólares (mdd); en cuanto a las remesas, de enero de septiembre de 2016 nuestros paisanos enviaron unos 12 mil mdd y las entidades que más remesas recibieron fueron Michoacán, Jalisco, Estado de México, Puebla y Guerrero con 2 mil 22, mil 869, mil 194, mil 84 y mil 48 mdd, respectivamente.

 

El problema es que cuando se presenten deportaciones que tengan que implementar políticas de empleo, sólo Jalisco ha cumplido la meta estatal de generación de empleo, mientras que Michoacán, Estado de México, Puebla y Guerrero han generado entre el 13% y el 50% de su meta estatal. Un verdadero problema si llegaran oleadas de mexicanos buscando trabajo.

 

No sólo esto, sino que se alterará el Producto Interno Bruto de cada Entidad Federativa al dejar de recibir las remesas que complementan y fortalecen la economía en esas localidades.

 

En la reciente visita que realizó Kelly, en compañía del secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, mostraron el interés de Washington en mantener la colaboración mexicana, en algunos temas de la agenda de seguridad, como la administración de justicia, extradiciones, combate al narcotráfico y terrorismo, por citar algunos.

 

Esto debería ser aprovechado por sus pares mexicanos y estar en condiciones de negociar por bloques temáticos, ya que de otra manera sería un error separar tema por tema, para negociarlo como un punto separado, cuando la relación bilateral entre México y Estados Unidos comprende temas políticos, económicos, y de seguridad, y que, por una vecindad geográfica e histórica, no es posible negociarlo sino en el conjunto de la relación.

 

Por otra parte, no es conveniente apostar la relación bilateral mexicana a una amistad o simpatía personal, existente entre el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, y Jared Kuschner, yerno de Donald Trump, en la que parece que no es suficiente la amistad para modificar las pretensiones del mandatario norteamericano.

 

Quizás una de las herramientas que tenga considerada la Cancillería mexicana sea, el cese unilateral de todo acuerdo de cooperación en todas las materias políticas, económicas o sociales que nuestro país sostenga con el gobierno norteamericano, como medida de presión política al enfoque unilateral que pretende imponer una visión empresarial de ganar-ganar aplicada en la administración pública, como la que tiene el presidente Trump.

 

Hoy por hoy los insultos han rebajado el nivel de política de la democracia del primer mundo y lo han hecho voltear necesariamente a ver que la coexistencia política hay de todo, le guste o no.

 

@racevesj

@OpinionLSR

 

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