El jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, capturó unas horas de atención cuando anunció haber pedido la renuncia de sus principales colaboradores. Los indicios disponibles apuntan a que el mandatario empezó a enredarse con  sus palabras apenas las había pronunciado.

 

De acuerdo con datos obtenidos, las primeras separaciones en el gobierno de la ciudad de México se producirán mucho antes de que el mandatario local concluya la “evaluación” pregonada. Ello puede incluir al director del Metro, Joel Ortega, y a la secretaria de Desarrollo Social, Rosa Icela Rodríguez, desgastados por una sorda pugna con el secretario de Gobierno, Héctor Serrano.

 

A los observadores más agudos y a los actores más cercanos a Mancera se les complica responder sobre quiénes son los asesores políticos de este hombre que aún es mencionado como probable protagonista en la batalla por la sucesión presidencial del 2018.  El tiene operadores políticos –pocos y a la luz de los hechos, deficientes-, pero a diferencia de lo que ocurrió con Marcelo Ebrard o con Andrés Manuel López Obrador, carece de estrategas, lo mismo entre sus amigos de años que entre sus colaboradores centrales. 

 

La información disponible apunta que en su primer círculo se generan no ideas, pero sí ocurrencias, y muchas. Con una de ellas, se aseguró a este espacio, fue convencido de imitar la determinación asumida en mayo pasado por la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien alguna vez representó a la izquierda moderada en América Latina pero ahora, tras casi dos años de su segundo mandato, exhibe un prestigio en caída libre.

 

Hace algunos meses un hijo de Bachelet fue pillado en una caso de corrupción inmobiliaria, lo que parece un hondo clavo más en la féretro político de la mandataria sudamericana, quien de pronto, en una entrevista televisiva, el pasado 6 de mayo anunció haber pedido la renuncia en masa a su gabinete y ofreció que “en 72 horas” diría ¨quién se va y quién se queda”. Tras ese lapso, hizo nombramientos para halagar a sus críticos, sumó a personajes que significan una regresión ideológica y no proyectó a ninguna cara nueva que mandara la señal correcta.

 

Mancera imitó a Bachelet en el anuncio de cese colectivo ante una crisis política –la debacle electoral de junio pasado. Pero dijo que se tomará “algunas semanas” para evaluar “personalmente” el desempeño de gabinete legal y ampliado. Sin embargo, su consejero jurídico, José Ramón Amieva, informó que varias renuncias no serán entregadas sino hasta el 15 de julio. 

 

Ello se explica porque descubrieron que meter en el limbo a  todo el equipo, especialmente en los temas administrativos, jurídicos e incluso penales, podría atraer amparos contra sus resoluciones si se asume que los funcionarios respectivos dimitieron desde el pasado jueves.

 

Más allá de la apuesta de la administración Mancera, algunas renuncias efectivas pueden no esperar que concluya su evaluación. Sería el caso de Joel Ortega, director general del Metro de la ciudad de México, quien ha estado sometido a un desgaste tanto externo -por los temas de Línea 12 y otros incidentes- como externo, por un guerra mediática y política en su contra orquestada presuntamente por el secretario de Gobierno, Héctor Serrano.

 

Otro caso similar sería el de Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Desarrollo Social,  también enfrentada a Serrano, a quien se atribuye haber alentado hacia dentro del PRD los pronunciamientos de que la señora Rodríguez debía renunciar bajo el alegato de que no apoyó a los candidatos del PRD en los pasados comicios pero sí lo habría hecho con los de Morena, aunque ninguna de los señalamientos en su contra ha incluido una evidencia en tal sentido.

 

Javier González Garza, el habilidoso político perredista designado en 2013 jefe de la Oficina del gobierno del DF, sería una tercera baja inevitable en el equipo de Mancera, quien nunca parece haber sabido qué hacer con quien fuera –entre oras tareas delicadas- coordinador de la bancada del PRD en San Lázaro en los complejos días en que Felipe Calderón tomó posesión de la Presidencia de la República.

 

Si como está previsto,  las salidas de Ortega,  Rodríguez y González Garza se generan tan pronto como esta misma semana o a principios de la próxima, la “evaluación” de Mancera quedaría en entredicho, especialmente porque se anticiparía que el gran ganador habría sido el citado Héctor Serrano.

 

Resultaría una ironía que el secretario de Gobierno, al que se le atribuye haber operado personalmente muchas de las candidaturas perredistas derrotadas en el pasado proceso electoral, resurgiera de entre las señales de su retiro para, en sentido contrario, ser ratificado en el cargo, más poderoso que nunca.

 

Sería una cruel manera por parte de Mancera de honrar su copia fiel al recurso del que echó mano Michelle Bachelet. Perfeccionando al Gatopardo: Que todo cambie para que todo siga peor.

 

robertorock@lasillarota.com



Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información