Los últimos acontecimientos políticos en América Latina anuncian un cambio esperanzador de fondo y quizás el principio del fin de un ciclo populista y autoritario que se enquistó en varios países de la región desde hace años y que ha dejado un saldo negativo en materia de desarrollo social, de respeto a derechos humanos fundamentales y de oportunidades de desarrollo.

 

Los resultados electorales del 6 de diciembre en Venezuela, con el triunfo de la oposición sobre el régimen chavista, abren la posibilidad de un cambio de gobierno que hoy debaten los venezolanos ante la resistencia de Nicolás Maduro. El resultado del referéndum del pasado domingo 21 en Bolivia, con el triunfo del No a un nuevo mandato de Evo Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS) a partir de 2019, es una señal inequívoca del desgaste por corrupción de la propuesta bolivariano-indigenista que pretendió ser el instrumento político para la soberanía del pueblo (IPSP) como lo pregonaba su líder máximo. Y los cambios en la relación bilateral entre Cuba y los Estados Unidos anuncian el comienzo de una nueva era, alentada por la visita del papa Francisco y por la próxima visita - sin fecha aún - de Barack Obama, en materia de derechos humanos cuya negación en la isla ha causado tanto daño desde el triunfo de la revolución cubana en 1959.

 

Cuba, Venezuela y Bolivia forman el triángulo dorado del populismo socialista en América Latina. Los tres países hoy están en crisis pero en sus mejores momentos han sido el motor del financiamiento y operación de la revolución cubano-bolivariana en el continente. El resultado de los procesos de cambio que están en marcha definirá su futuro, hay que decirlo, más allá del deseo de cambio democrático, por lo que el desenlace es impredecible.

 

El triunfo de la oposición venezolana, representada por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), desencadenó una serie de presiones por parte del gobierno bolivariano desde la madrugada en que se conocieron los resultados y hoy amenaza con una confrontación que pone en riesgo el proceso de cambio democrático y a la población misma. Luego de la aprobación de la Ley de Amnistía y Reconciliación Nacional, que permitiría la liberación de aproximadamente ochenta presos políticos; del rechazo a la Ley de Titularidad que da soporte al programa populista de vivienda del régimen; y del impulso a la Ley de Producción Nacional para resolver el grave problema de abasto popular y alimentación que ha dejado como resultado el pésimo manejo de la economía, Maduro se ha declarado en rebelión contra la Asamblea Nacional y está convocando a la población a luchar en las calles, con un discurso incendiario y lleno de adjetivos contrarrevolucionarios que exponen la seguridad y la paz de los venezolanos.

 

En Bolivia, al momento de escribir esta entrega, las principales casas encuestadoras daban el triunfo al No a la intención de Evo Morales de prolongar su mandato; lo anterior, ante la confianza del régimen de revertir los resultados con voto por correo y el de las poblaciones más alejadas. De ganar el Sí a la enmienda, Evo Morales podría participar en las elecciones del 2019 y, eventualmente, gobernar al país hasta el 2025. Sin embargo, el MAS experimenta un desgaste considerable, el más grave desde que asumió el poder en 2005, de tal manera que hoy el presidente ya tiene la respuesta a la margarita que deshojó en la víspera de la consulta y sabe que el pueblo "no lo quiere".

 

Una vez más los escándalos de corrupción, por amoríos y ventajas ilegítimas a favor de personas de sus afectos relacionadas con empresas chinas que han ganado contratos de infraestructura por cientos de millones de dólares le pasan factura a los gobernantes. "No hay autócrata bueno", sentenció Andrés Oppenheimer. Con los resultados en contra del referéndum, celebrados entre otros por los gobernadores de La Paz y de Santa Cruz, todo indica que el arribo de Evo al Palacio Quemado por un cuarto periodo presidencial está en entredicho.

 

La anunciada visita de Obama a Cuba ha puesto a debate el cambio de régimen, en especial por el temor fundado que existe entre los miembros de la oposición de dentro y fuera de la isla, de que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, la inédita visita de un presidente norteamericano y los efectos de las dos visitas papales recientes sean el espaldarazo acrítico a un régimen responsable de crímenes y de violación sistemática a los derechos humanos para lograr un cambio de modelo económico sin ningún compromiso con la democracia y el respeto a derechos fundamentales.

 

Hoy se especula sobre la eventual reunión del presidente Obama con los líderes de la oposición, lo que hasta ahora está prohibido para los visitantes distinguidos y se desconoce si hay alguna exigencia o condicionamiento democrático más allá del lucimiento y el significado histórico del encuentro con el comandante Raúl Castro. Sería lamentable conceder ventajas económicas para fortalecer a la cúpula gobernante e incluso el fin del embargo sin asegurar la posibilidad de elecciones libres, plurales y justas y el respeto a las libertades de asociación y expresión, entre otras.

 

Sin duda, el desenlace y lo que ocurra en estos tres países será clave para el futuro democrático de América Latina. Como se puede advertir, son muchos los riesgos y también firmes las posiciones adoptadas por los demócratas de esas naciones. Lo mejor que podemos esperar es que se respete la voluntad popular y que se asuman los cambios exigidos por la vía pacífica, en el marco del derecho y de las instituciones.

 

@MarcoAdame

@OpinionLSR 

 

 

 



Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información