Indicios generados por la nueva dirigencia del PRI, a cargo de Manlio Fabio Beltrones, establecen que será en diciembre y no en enero o febrero como era tradición, cuando se definan las candidaturas del partido oficial para las elecciones de 2016, cuando serán renovadas 12 gubernaturas.  Ello ha provocado que PAN y PRD apresuren tiempos también.

 

El 5 de junio próximo serán electos nuevos mandatarios en los estados de Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Tlaxcala, Veracruz, Zacatecas, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa y Tamaulipas. Adicionalmente habrá comicios para alcaldes y Congreso local en Baja California.

 

Como si este 2015 no hubiera sido suficientemente caliente en materia política, el PRI lo cerrará con procesos intensos. Uno de los motivos principales para adelantar postulaciones es ampliar el periodo para una “operación cicatriz” que aglutine al priísmo en cada estado, reparta posiciones para todos los grupos implicados y evite deserciones y tradiciones.

 

Esta estrategia es justo la contraria de la aplicada durante 2015 en la gestión de César Camacho, ex presidente priísta y actual coordinador de la bancada en San Lázaro. En ese proceso, todos los aspirantes eran convocados a las oficinas del PRI nacional, se les comprometía a una unidad y luego se anunciaba al ganador. Los contendientes derrotados eran ignorados a partir de ahí, lo que generó múltiples casos de “fuego amigo”, defecciones y deslealtades.

 

Otra práctica extendida fue la ausencia de un criterio homogéneo que representara una señal de cómo se normarían las designaciones. En algunos casos como San Luis Potosí, se cedió la candidatura a un gobernador pésimamente calificado; en otros, como Colima, se jugó en contra del mandatario en turno. En ocasiones se prefirió al que ofrecía mayor rentabilidad electoral; en otras, la balanza se inclinó a favor de un personaje que no garantizaba atracción importante en las urnas.  Así fue, y así les fue.

 

La jerarquía priísta de ese momento explica lo ocurrido con el argumento de que las determinaciones de la vida del partido no partieron del edificio de Insurgentes, sino abrumadoramente, de Los Pinos, particularmente del despacho de Aurelio Nuño, jefe de la Oficina de la Presidencia y actual secretario de Educación Pública.

 

Nuño llegó a ser reiteradamente mencionado como relevo de Camacho Quiroz en la dirigencia del PRI, lo que representaría la marginación de Beltrones Rivera. El presidente Peña Nieto optó por una directriz distinta, que reduce los espacios de influencia al grupo político del secretario de Hacienda, Luis Videgaray –en el que se encuentra Nuño- y diversifica la interlocución política de su gobierno, con personajes como Beltrones, entre otros.

 

De los 12 estados en donde habrá relevo de gobernador, nueve son dirigidos actualmente por un mandatario emanado del PRI, uno por el PAN (Puebla), uno por el PRD (Oaxaca) y uno más independiente (Sinaloa).  De los nueve priístas, al menos siete (Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Tlaxcala, Veracruz, Zacatecas y Puebla) tendrán comicios muy competidos por la fortaleza local de la oposición. A su vez, el Institucional tiene posibilidades de recuperar estados como Sinaloa, Puebla y Oaxaca. En Quintana Roo, Tamaulipas, Hidalgo existe una fuerza predominante del Institucional, pero sería un error en este momento descartar una derrota del oficialismo.

 

Una variable fundamental que ya se empieza a configurar es el acuerdo entre PAN y PRD para ir en alianza en varios estados, sea para apuntalar al que en cada caso tenga posibilidades reales de triunfo, sea para imponer juntos alternancia política en aquellos que como Tamaulipas e Hidalgo, no la han vivido aún.

 

De toda suerte, el aterrizaje de estos escenarios está ya a la vuelta de la esquina. No vivirá mucho quien no lo vea.

 

robertorock@lasillarota.com



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