Con la aprobación de la Constitución de la Ciudad de México, el cambio de “Distrito Federal” a “Ciudad de México” no se limita a ser una transformación semántica, sino que se ha construido una nueva entidad, la cual, de conformidad con los artículos transitorios de la Constitución antes referida, aún se encuentra en proceso de consolidación.

Parte de ese proceso tiene lugar en el escenario de lo que serán las nuevas alcaldías, cuya elecciones deberán celebrarse en 2018, sin embargo, su configuración no termina ahí, pues el artículo transitorio Vigésimo Segundo de la Constitución de la Ciudad de México, dispone la obligación de que una vez que concluya el proceso electoral 2018 en las alcaldías, el Congreso de la Ciudad de México deberá iniciar un proceso de revisión de la configuración para la división territorial de las demarcaciones. Asimismo, el organismo público electoral local deberá determinar las circunscripciones de las demarcaciones territoriales previstas en el el artículo 53, apartado A, numeral 3 de la Constitución de la Ciudad.

El proceso de reconfiguración en las demarcaciones usualmente se basa en un trabajo meramente técnico y matemático, que deja en invisibilidad factores como la vinculación cultural o los flujos económicos, que si bien es cierto se alejan de lo técnico, resultan relevantes para acercarnos a una real representación de la diversidad de grupos en la CDMX.

Lo anterior, tiene relevancia porque los fines de los procesos de redistritación esencialmente consisten en:

  • Buscar que haya un valor idéntico del voto, es decir que los diputados de Mayoría Representativa sean votados por un número similar de electores de cada distrito.
  • Promover la participación de minorías, como los son los pueblos originarios.
  •  

  • Evitar que la distribución distrital tenga sesgos o beneficios para algunos partidos políticos.
  •  

  • Se trata de facilitar a ciudadanía el traslado para realizar el sufragio.
  •  

  • Preservar la división geográfica de barrios, colonias, etc.
  •  

    En consecuencia, la reconfiguración de las demarcaciones territoriales y sus circunscripciones, es un proceso que presenta una oportunidad para forjar una Ciudad en la que las personas se sientan identificados con su demarcación y en consecuencia identificados por las autoridades electas en la misma y que por lo tanto, sea un incentivo que promueva el interés y participación ciudadana.

    Flor de loto: “La participación ciudadana permite hacer frente conjuntamente con nuestros compañeros, vecinos, o compatriotas, a problemas comunes coyunturales”.



    Debe iniciar sesión para poder enviar información

    Debe iniciar sesión para poder enviar información