Diversos autores consideran que entre los factores de mayor influencia para alcanzar y preservar la gobernabilidad están la confianza en las instituciones, la capacidad del gobierno para atender y satisfacer las demandas sociales así como la legitimidad y fortaleza del sistema político, entre otros. A contrario sensu la gobernabilidad se debilita o se pierde cuando se hace incontrolable la debilidad de las instituciones y se pierde la confianza de la población en el gobierno hasta llegar a dejar de ser un interlocutor válido.

 

Comento esto porque es necesario que nos hagamos cargo del delicado momento que vive el país y de los riesgos para mantener la gobernabilidad ante la debilidad de nuestras instituciones y la pérdida de confianza en el gobierno, reconocidas en la mayoría de las encuestas, luego de innumerables actuaciones que han merecido el rechazo social y las severas críticas de la clase política, de diversas organizaciones de la sociedad civil y de los generadores de opinión pública.

 

Como nunca se había visto desde que se mide el nivel de aprobación gubernamental el presidente de la República ha cruzado la línea de desaprobación hace más de un año y en las últimas mediciones supera el 70%. Al mismo tiempo, la confianza y la credibilidad en las autoridades de los distintos órdenes de gobierno está por los suelos así como las expectativas de futuro; no se diga la satisfacción con la democracia y la política que están francamente deterioradas de acuerdo con resultados de Latinobarómetro, lo que si bien no es privativo de nuestro país, viene a completar el cuadro del llamado mal humor social. 

 

El nivel de desencanto es particularmente delicado si consideramos que aún faltan dos largos años para el fin de este sexenio, lo que anticipa un sin número de complicaciones y complejidades en la agenda nacional, que por otro lado,ya está impactada por la anticipada carrera presidencial.

 

En este ambiente de escaso margen para la operación política, ya muy limitado por los efectos de los actos de corrupción, impunidad y violencia que han involucrado a representantes del gobierno federal, cobra mayor relevancia la inopinada invitación que hizo el presidente Peña al candidato presidencial republicano de los Estados Unidos. En la víspera del cuarto informe presidencial y cuando nadie esperaba un suceso así apareció en escena uno de los mayores detractores de México y de los mexicanos. No sólo eso, lo hizo en condiciones privilegiadas, reservadas a los jefes de estado, de tal manera que el repudio a la visita, a los organizadores y en particular al presidente Peña por la manera como enfrentó los agravios se convirtió rápidamente en un consenso nacional. Innumerables son las opiniones y crónicas,  aderezadas con las filtraciones de última hora, de una visita impertinente, mal ejecutada y pésimamente comunicada.

 

Sobre los contenidos y acuerdos del encuentro poco sabemos, ni siquiera está claro si, como se ha dicho, se abordó el tema del muro de la ignominia y su inaceptable pago o si se rompió un acuerdo de sigilo, luego evidenciado de mala manera en Arizona durante la presentación del plan migratorio de Trump donde con ironía ratificó su propuesta y nos trató de imbéciles al suponer que pagaremos "aunque aún no lo sepamos". Igual consideración de incógnita hay sobre temas como el TLC y su eventual revisión una vez que inicie el nuevo gobierno en la nación vecina.

 

Y sobre las consecuencias lo único claro es que el pronóstico es reservado. Lo que hay que esperar es que no sean tan severas como algunos suponen si consideramos que a pesar de los errores, muy sonados en campaña, se impongan las realidades de dos naciones estrechamente relacionadas, con fuertes vínculos históricos, políticos, sociales y económicos que ameritan la serenidad, respeto y justa dimensión de su significado por parte de quien llegue a gobernar los Estados Unidos.

 

Por lo pronto, habrá que observar cómo se desarrolla el proceso electoral en una contienda reñida que, para fines prácticos, se empató durante los últimos días de agosto de acuerdo a la encuesta nacional diaria de Reuters/Ipsos donde Trump alcanzó 40% de preferencia frente al 39% de Hillary. Ambos candidatos han sido afectados por diversos escándalos que llevaron al primero a realizar cambios en su equipo de campaña y a la demócrata a construir una respuesta convincente ante los señalamientos sobre el mal manejo de sus correos electrónicos que contenían información gubernamental. La tendencia muestra una disminución en la distancia entre ambos candidatos no obstante de la información de RealClearPolitics, un acumulador de encuestas, que da ahora ventaja de cuatro puntos para Clinton, la más baja desde comienzos de agosto. 

 

De manera permanente es preciso enfocar las gestiones desde la Cancillería, el Senado, los centros de pensamiento y las agencias económicas para gestionar y exigir una relación bilateral justa y equitativa que garantice el flujo legal y ordenado de bienes, servicios, capitales y, sobre todo, el trato digno y con respeto a los derechos humanos de las personas que día a día viven y trabajan en los Estados Unidos y en México y que cruzan la frontera en busca de oportunidades.

 

@MarcoAdame

@OpinionLSR


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