En México tenemos un déficit democrático; durante  los últimos veinticinco años si bien hemos logrado notables avances en democracia representativa, consolidados en las últimas dos décadas por el Instituto Federal Electoral y hoy  impulsados a todo el territorio y a todos los procesos locales a través del nuevo Instituto Nacional de Elecciones,  no ocurre así en democracia participativa.

La organización de elecciones y la defensa del voto en la jornada electoral y en los tribunales cuando es necesario es un atributo ganado por el sistema electoral mexicano. Sin embargo, no corre al parejo de la participación de los ciudadanos en temas de trascendencia nacional ni tampoco existen suficientes mecanismos de vinculación institucional para dar seguimiento efectivo a las promesas de los candidatos una vez electos, lo que generalmente reduce la actuación ciudadana - en el mejor de los casos- al "votas y te vas" de la casilla y nos vemos dentro de tres o seis años para repetir más o menos el mismo ejercicio.

Estas y otras preocupaciones impulsaron el debate a favor de formas de participación directa como la consulta popular, el plebiscito y el referéndum  durante la última reforma político electoral. Desde esa perspectiva y sin que en estas figuras se agoten las posibilidades de desarrollo para la democracia participativa, es preciso reconocer que pueden ser medios eficaces para fomentar una nueva cultura política, es decir, una nueva forma de relacionarnos con los asuntos públicos y el ejercicio del poder en nuestro país.

Durante esta semanas mucho se ha dicho y escrito sobre las tres preguntas que impulsan los principales partidos políticos. En la mayoría de los casos se anticipa el rechazo a las mismas o se cuestiona la viabilidad de los temas que se abordan; en otros se exalta la habilidad de los aparatos partidistas para colocarse con oportunismo en el ánimo de los electores potenciales con tema populistas. No faltan quienes desde una trinchera teórica enseñan las deficiencias de este primer ejercicio de participación ignorando que, como todo lo que supone una nueva cultura, la consulta popular no es sólo un evento sino un proceso de maduración y aprendizaje democrático que irá tomando se lugar en nuestro sistema político.

Poco se ha reflexionado sobre el impacto de este ejercicio en el ciudadano y en los próximos procesos electorales, en una palabra, en la manera de hacer las elecciones en México. El tema es de fondo, o sea, propiciar o no la participación de los ciudadanos en el diseño y ejecución del modelo de desarrollo social, económico y político. Hacer de los asuntos públicos temas de la "polis" o dejarlos como asuntos de poder materia de decisiones encriptadas y reservadas a mesas cupulares.

La reforma política ha optado por reconocer la necesidad de ampliar los espacios y formas de participación ciudadana a partir del reconocimiento de la pluralidad y diversidad cultural del país. Dejando a salvo materias de Estado como reformas a la Constitución,  la seguridad nacional o los ingresos y egresos públicos, los ciudadanos pueden y deben interesarse en el diseño de las políticas públicas igual en materia salarial  que ambiental o de diseño de las instituciones de representación popular.

La Ley de Consulta Popular establece los supuestos de participación, las materias y las condiciones para vincular todo asunto que cumpliendo con los requisitos legales y constitucionales deban transformarse para conformar una nación y un Estado más sólido, más incluyente y representativo

Por ahora las iniciativas temáticas han sido definidas por los partidos políticos y no está mal que así sea; lo cierto es que es deseable que en el futuro sean los ciudadanos organizados quienes planteen los dilemas a resolver a través de preguntas impulsadas desde la base social y con asuntos cada vez más relacionados con el bienestar general.

Veo con optimismo este paso que hoy se inaugura en nuestro país, no anticipo, por respeto a los ciudadanos que acudirán a las urnas el próximo año resultado alguno sobre los tres temas planteados, pero sí advierto que con el tiempo la consulta popular será un medio para debatir e influir en el curso de los asuntos públicos con singular fuerza y hacer realidad aquella certeza que establece que la política responde a inquietudes y preocupaciones locales, es decir,  próximas a la vida de los ciudadanos y sus familias.

Luigi Zampetti, profesor italiano de teoría del estado refiere en su libro " La Participación  popular en el Poder" la necesidad de una nueva lógica en la construcción de las estructuras políticas y de la vida social, al advertir el agotamiento de los sistemas monolíticos y verticales y la nueva distribución del poder. Con base en el reconocimiento a la dignidad de la persona y el respeto a sus derechos sociales irrenunciables Zampetti habla de una nueva época, con decisiones cercanas al interés de los ciudadanos y a su comunidad que sean verdaderamente representativas pero insiste en que éstas no se podrán alcanzar sin una nueva cultura de participación y compromiso vital con estos cambios, con un nuevo modelo de integración y compromiso comunitario al que define como la democracia participativa.

Los siguientes meses darán forma al debate de forma y fondo sobre las preguntas que hoy están en proceso de acreditación; en cualquier caso es deseable que – tratándose de asuntos y decisiones públicas-  se cumpla la sentencia que enmarca congresos y edificios públicos en muchas naciones democráticas incluyendo México..."No sin nosotros".

 

@MarcoAdame



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