La actitud del gobierno de Enrique Peña Nieto frente al gobierno de Donald Trump ha pasado del pasmo a la sumisión y de la sumisión al franco colaboracionismo que implica una traición a la patria.

 

A través de filtraciones a diferentes periodistas y medios de comunicación, que el gobierno federal ha tratado infructuosamente de desmentir y que con posterioridad voceros del gobierno norteamericano o el propio Trump confirman como ciertas, ha quedado claro cuál ha sido la actitud del gobierno  peñista en sus reuniones y comunicaciones con el nuevo inquilino de La Casa Blanca, actitud que refleja no el comportamiento de representantes de un estado soberano, sino una postura de franca sumisión a un gobierno extranjero.

 

El gobierno de la República ha ido de yerro en yerro en su trato con el país vecino y en la política internacional. Primero intervino en el proceso electoral del país vecino al invitar al candidato Trump, apoyándolo en los hechos en la contienda pasada; después ha mantenido un silencio cómplice frente a las órdenes ejecutivas que nos agravian y su defensa de nuestros connacionales ha sido timorata e insuficiente, únicamente han cubierto el protocolo de tomarse la foto con los que son deportados, mientras el Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, es exhibido una y otra vez como sumiso y colaboracionista con la administración de Trump.

 

Agencias y medios como AP, CNN, CBS News, The Washington Post, sin faltar la periodista mexicana Dolia Estevez, han dado cuenta del mal trato de Trump al gobierno de Peña Nieto y al país, y el gobierno no sólo es ninguneado sino que ahora, según CBS News y The Washington Post, trascendió que Videgaray conoció el discurso del presidente estadounidense donde daba órdenes de construir el muro de la infamia, y en lugar de mostrar el rechazo a esa medida, se apresuró a ofrecerse de amanuense para corregir algunas partes del mensaje que no cambiaron el fondo de la cuestión.

 

El discurso de Trump que significó un acto de hostilidad al país fue redactado en parte por el Ministro de Relaciones Exteriores de México, es el colmo. Esta actitud de vergonzoso colaboracionismo es inadmisible y confirma que el gobierno federal lejos de defender el interés nacional con inteligencia y dignidad ha asumido una postura de entreguismo total. Más allá de la retórica oficialista de falsa unidad nacional, la realidad es que el gobierno de Peña Nieto por un lado agita la bandera nacional y por el otro se pone de tapete del gobierno de Estados Unidos.

 

La actitud de Videgaray de colaboracionismo con quien agrede al país y a nuestros paisanos se puede considerar no sólo un motivo de destitución inmediata sino incluso un acto de traición a la patria, en términos del artículo 123 del Código Penal Federal.

 

En lugar de asumir una actitud diplomática, pero firme, de franco rechazo a las medidas de Trump, Videgaray se ofreció para colaborar en la redacción del discurso de agravio a la nación. Esto significa que quien supuestamente nos representa en la política exterior actúa como una extensión del gobierno de los Estados Unidos.

 

La actitud del gobierno de Peña Nieto se asemeja a la de los conservadores que solicitaron a Napoleón III les enviara un monarca para la nación acudiendo al Castillo de Miramar a rendirle pleitesía a Maximiliano de Habsburgo, o de la traición de Antonio López de Santa Anna que entregó la mitad del territorio nacional a los Estados Unidos. La actitud sumisa y colaboracionista de Peña Nieto y su Canciller está muy alejada de otros ejemplos de dignidad y defensa del interés nacional, como los que nos enseñaron Benito Juárez, Lázaro Cárdenas y otros patriotas.

 

Ya con la reforma energética el gobierno federal había mostrado su talante entreguista y anti nacional. Hoy sus reformas estructurales que han resultado un fracaso colocan a nuestro país en una situación de debilidad con relación a otras naciones. Entregar el principal recurso de la nación fue un mayúsculo error económico, un acto de traición a la patria y una torpeza geopolítica.

 

El término colaboracionismo se aplicó en la Francia de Vichy (1940 a 1944) cuando el gobierno de ese país encabezado por Pétain pidió a su población colaborar con el enemigo nazi en lugar de encabezar la resistencia a la ocupación, si bien allá y en ese tiempo se vivió una situación de invasión militar y la actitud fue reprobable y antipatriótica, la actitud de Videgaray también ha sido colaboracionista en extremo, evidentemente en un contexto distinto. 

 

La tragedia del sistema presidencialista mexicano es la imposibilidad por parte del Congreso de la Unión de aplicar una moción de censura al gabinete y destituir ministros que no sólo hacen mal su trabajo sino que traicionan al país, tampoco se puede adelantar elecciones para renovar el gobierno de la República en caso de evidente incapacidad y falta de consenso social de la administración en turno. Ello significa tener que soportar un mal gobierno, porque no hay una vía institucional para adelantar su relevo.

 

Frente a ello la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil tienen que ser el baluarte de la defensa de nuestros paisanos y el interés nacional. Ese es el camino, articular una representación ciudadana nacional porque está claro que el gobierno de Peña Nieto y Videgaray no están representando a los mexicanos en esta difícil coyuntura.

 

@RicardoMeb

@OpinionLSR

 

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