La ciudad de México es un espléndido lugar para pasar las vacaciones de invierno. Las temperaturas nunca son demasiado frías y la oferta de libros, teatros, museos, espectáculos y restaurantes es casi inigualable y mucho más accesible que en casi cualquier otra gran urbe. Sin embargo este año pasó algo por demás preocupante. Los capitalinos sufrimos varios días de contingencias ambientales debido a la mala calidad del aire. Por momentos revivió el fantasma de los años 90, cuando las contingencias terminaban por días con la vida misma de la ciudad.

 

Los capitalinos recibimos información oportuna con respecto a la evolución de la calidad del aire, pero sabemos poco de lo que el gobierno de la cuidad (y el federal, ya que son varias las entidades involucradas) piensa hacer al respecto. La política en relación a las emisiones de vehículos ha sido errática, por decir lo menos. Se ha mencionado la posibilidad de establecer impuestos a la circulación en ciertas zonas de la ciudad y se estableció una prohibición para la circulación de vehículos antiguos durante el fin de semana, derogada por clamor popular.

 

Además, a raíz de que la Suprema Corte otorgó amparos a propietarios de vehículos de varios años en circulación pudieran obtener el holograma cero, que permite el uso diario del auto, el GDF otorgó esta posibilidad a todos los conductores. Lo anterior permitió la entrada de más de medio millón de autos a la circulación. Lo anterior en parte debido a que la corrupción permite obtener el permiso respectivo en un verificentro sin que se acrediten bajos niveles de emisiones.

 

Se trata de un retroceso de varios años que requiere de un nuevo lineamiento con respecto a los niveles que se pueden tolerar a un auto para que emita contaminantes. En realidad se requiere un re diseño del programa Hoy No Circula. Si se va a permitir que todos los vehículos, independientemente de su antigüedad, puedan obtener un permiso para circular diario, entonces los requisitos en materia de límite a la emisión de contaminantes tienen que ser muy estrictos. Sería necesario incluso establecer verificentros especiales, operados por las autoridades, para autos con más de 10 años de antigüedad.

 

Eso además de introducir nuevas tecnologías que mejoren los procesos de verificación en los centros operados por privados. Tendríamos que asegurarnos también que todos los autos de servicio público sean sujetos de verificación (no es claro que todos pasen por dicho proceso) y que se acelere su renovación, así como reducir el tiempo para cambiar los catalizadores en taxis.

 

Un auto que contamina de manera evidente tendría que ser detectado y sancionado de inmediato. En suma, es fundamental asegurarnos que los vehículos que circulan tienen bajas emisiones, de otra manera tenemos que establecer restricciones para su uso.

 

A la cuidad le urge continuar con la expansión del Metrobus como una medida para reducir el número de autos en circulación. En los primeros tres años de la presente administración de la cuidad solamente se ha inaugurado una nueva línea, de Aragón a San Lázaro, que en realidad debería extenderse por todo el eje 3 Oriente hasta el Periférico Sur. El ritmo de crecimiento de Ecobici también es lento, solamente de poco más de 50% en estos tres años, cuando se trata de un modelo probado que podría expandirse con rapidez a muchas más colonias y delegaciones. Se han construido nuevas ciclovías, pero nada de bici estacionamientos masivos, como el que actualmente opera en la UNAM.

 

La estrategia para reducir las emisiones vehiculares debería incluir el hacer obligatorio el transporte a un mayor número de escuelas privadas, fomentar el transporte colectivo a trabajadores por parte de las empresas y establecer horario para el transporte de carga. Se trata de medidas comunes y exitosas en las principales urbes del planeta. Poco se hace para fomentar el uso de autos eléctricos o para acelerar la sustitución de vehículos que utilizan diesel por otros que ya cuenten con nuevas tecnologías que reduzcan la emisión de contaminantes cuando usa dicho combustible.

 

El círculo tendría que ser cerrado con mayor inversión, una política activa para conservar las zonas verdes que rodean la ciudad. Eso lo podemos hacer si pagamos a los pobladores de esas áreas por los servicios ambientales que ofrecen a los habitantes de la ciudad.

 

Se requiere de subsidios en efectivo, apoyo a actividades productivas rurales de bajo impacto, acciones de reforestación, de recuperación de cuencas y reubicación de viviendas establecidas en zonas de protección ecológica. Tenemos que tomarnos en serio el área rural del Valle de México para mejorar la calidad de nuestro aire y mantener los niveles de lluvia en esta zona del país.

 

Todo lo anterior requiere, por supuesto, de la coordinación con el Estado de México y el Gobierno Federal. Se trata de una tarea difícil cuando el presupuesto federal al medio ambiente se redujo en 25% y el Edomex el mejor ejemplo de sistemas de transporte público disfuncionales y crecimiento urbano desordenado. El punto es que los varios días de contingencias invernales nos recuerdan que a la capital le urgen acciones y visión en materia de reducción de emisiones contaminantes. 

 



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