Los magistrados salientes del Tribunal Electoral federal se llevaron a casa el  fin de semana el estudio de un tema “caliente”, seguramente el último relevante que deberán resolver antes de entregar sus oficinas, el próximo jueves.

 

Se trata de una propuesta de sentencia del magistrado Salvador Nava, que recoge diversas denuncias ante el Instituto Nacional Electoral contra las decenas de miles  –se estiman 40 mil- de “spots” en los que aparece el presidente nacional de Acción Nacional, Ricardo Anaya, y que en opinión de los denunciantes (la cual comparten muchos líderes partidistas, analistas y ciudadanos), no hacen sino promover su imagen personal con rumbo a una eventual candidatura presidencial.

 

Los integrantes del TEPJF han asumido el compromiso de no heredar ningún asunto a la nueva generación de jueces electorales, por lo que es de esperarse que se vote la propuesta de Nava Gomar, que hasta donde se ha podido saber, plantea que los líderes partidistas como Anaya –pero que es el mismo caso de Andrés Manuel López Obrador, de Morena- queden sujetos a las mismas limitaciones en el manejo de su imagen que las que prevé la ley para servidores públicos, desde el presidente de la República hasta el último de los alcaldes y diputados locales en el país.

 

Los “spots” de Anaya se han constituido en el eje de una andanada en su contra por parte de un bloque de personalidades panistas, la mayor parte de ellas identificadas con el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, quien personalmente se ha sumado a través de sus “tuits” a favor de que Anaya deje la directiva del PAN si pretende, como parece, utilizarlo como plataforma para una campaña presidencial.

 

Voces dentro y fuera del PAN creen ver en Anaya a un hombre presa de una visión mesiánica, que lo lleva a tener la certeza de que es su deber conquistar Los Pinos y con ello su lugar en la historia. Están seguros de estar tratando con alguien presa de una obsesión.

 

El tablero político sería decisivamente reorientado si el citado tribunal decide condenar a Anaya a suspender sus anuncios, determinación que más temprano que tarde debería alcanzar al referido López Obrador, más claramente encaminado a un tercer intento por ganar las elecciones, ahora en 2018.

 

La agenda de adversarios de Anaya se ceba sobre el tema de los “spots”, pero si fueran más sinceros advertirían que les irritan otros temas, en particular, la capacidad de interlocución de Anaya con la estructura partidista y desde luego, su posición para negociar con el gobierno Peña Nieto.

 

Hasta hace no muchos años una simple revelación política en el reducido escenario de Querétaro, Anaya ha tenido una carrera que los clásicos llamarían meteórica, la que se consolidó con el hecho de que el blanquiazul haya logrado la proeza de conquistar este año siete gubernaturas, tres de ellas en estados donde nunca había existido alternancia: Veracruz, Quintana Roo y Tamaulipas.

 

Es harto probable que los méritos de esos triunfos le correspondan más a los contendientes directos -varios de ellos ligados a Calderón Hinojosa-, pero sería absurdo suponer que no han atraído popularidad para Anaya dentro y fuera de un partido que en las presidenciales del 2012 quedó en tercer lugar y que ahora cree verse nuevamente en camino a Los Pinos.

 

Más allá del tema de los “spots”, la ruta de Anaya está llena de asechanzas. Una de ellas se llama Margarita Zavala, que ya lo supera en las tempranas encuestas con rumbo al 2018. 

 

La ex primera dama ha desarrollado su propio capital político, ajeno al de su esposo Felipe Calderón, aunque sin duda ha contribuido el hecho de que el prestigio de éste se haya ido recuperando en el ánimo público desde que concluyó su gestión, seguramente por el contraste con los bajos resultados que puede exhibir la administración Peña Nieto.

 

Otro obstáculo recibe el nombre de Rafael Moreno Valle, gobernador panista de Puebla, donde ha tenido buenos logros pero cuyo nombre luce estancado en las referidas encuestas. La relación del mandatario poblano con Anaya parece deteriorarse cada día, como  lo demuestra la reciente rebeldía del coordinador de la bancada poblana del PAN en San Lázaro, Eukid Castañón, un operador político nato (con buenas y malas artes) de Moreno Valle,

 

Castañón hizo que su bancada votara en sentido contrario a lo acordado por el coordinador, Marko Cortés, lo que tornó insostenible su posición de subcoordinador, por lo cual renunció a ese puesto en medio de tambores de guerra.

 

Las elecciones del 2017 en tres estados importantes (en especial el Estado de México) ofrecerán nuevas hitos en el camino del PAN hacia el 2018, y de Ricardo Anaya. No hay nada dicho aún, pero se dirá pronto.

 

robertorock@hotmail.com

@OpinionLSR

 


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