Nunca tantos se sintieron tan engañados, frustrados y desencantados con tan pocos, como ocurre hoy ante el proceso para asignar las nuevas cadenas de televisión abierta.

 

Grupos empresariales se prepararon durante años para este proceso, con alianzas, gastos importantes e inversiones estratégicas, pero al final dijeron haber recibido “señales” desde los niveles más altos de la autoridad para no participar en las licitaciones orientadas a concesionar dos nuevas cadenas nacionales, una de las cuales quedó en manos de Cadena Tres, de Olegario Vázquez Aldir, y otra se situó en el limbo tras la fallida participación de Grupo Radio Centro, que preside Francisco Aguirre.

 

El argumento común que al menos dos corporaciones han dejado saber extraoficialmente que recibieron para no participar, fue la presunta cercanía de sus propietarios con el presidente Enrique Peña Nieto. La directriz de abstenerse se habría presentado en el contexto del escándalo generado por la existencia de la “casa blanca” presidencial -a la que cada cierto tiempo se han sumado nuevas revelaciones sobre otras residencias, con valores multimillonarios, en manos de las más altas figuras del gobierno.

 

Entre quienes han dejado saber en sectores de la industria, lo mismo que en ámbitos políticos, que se les desalentó a participar, se hallan el Grupo Tepeyac, de la familia propietaria de la Organización Editorial Mexicana (OEM), que encabezó Mario Vázquez Raña, recién fallecido; el Grupo Lauman, de Manuel Arroyo, propietario del periódico El Financiero (cuya liquidez se estimaba también limitada), y el Grupo Mac Multimedia, de los hermanos Maccise. Cerca de estos últimos se hallaba el empresario transportista Roberto Alcántara, el cual incluso hizo una aportación al Grupo Prisa español, dueños del diario El País, que junto con otros actores, selló la formación de un frente listo para apostar.

 

La malograda participación de Grupo Tepeyac ha dado lugar a crecientes suspicacias. No se sabe aún quién realizó para el señor Aguirre las proyecciones financieras que lo llevaron a subastar por una de la cadenas una cifra superior a los 3 mil millones de pesos, 70% más de lo que ofreció Cadena Tres y cuatro veces por encima del precio base solicitado por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, que encabeza Gabriel Contreras.

 

Expertos en este ámbito y fuentes políticas consultadas al respecto consideran que es probable el que desde la propia autoridad haya surgido la orientación para que Francisco Aguirre incursionara en un proyecto en que finalmente quedó solo y humillado. De acuerdo con estas versiones, el señor Aguirre nunca podría haber demostrado la solvencia necesaria para su propuesta, pero aún así se le dejó pasar.

 

En esta hipótesis se subrayan claros ganadores del proceso: desde luego, el duopolio Televisa y TV Azteca, que actualmente controlan hasta 99% de las concesiones, la cobertura y los ingresos publicitarios del sector. Otro beneficiario clave es la familia Vázquez Aldir, que logra entrar a las grandes ligas pese a tratarse de un negocio de alto riesgo por el agotamiento de la televisión abierta frente a la de paga, y por el peso y las malas prácticas de los actuales jugadores dominantes.

 

En esta visión salen mal librados el Ifetel y en particular su presidente, el citado Gabriel Contreras. Se la atribuye haber sido omiso en su obligación de validar la viabilidad de la propuesta de Radio Centro y de no haber previsto este escenario en la licitación elaborada. Contreras es descrito en el sector como un personaje subordinado al gobierno federal, por la vía del consejero jurídico de la Presidencia de la República, Humberto Castillejos.

 

La nueva etapa de esta historia no se anuncia alentadora. No hay fecha para licitar nuevamente la cadena disponible, no parece haber ya ímpetu en los eventuales interesados,  se desconfía de la autoridad y en particular del Ifetel y sus motivaciones.  Es previsible que veamos pasar muchos meses antes de que nos enteremos de novedades en este campo.

 

Con la placidez que garantiza la cancha libre en los próximos 10 años al menos, cómodas con el único actor  que saltó a competirles, Televisa y TV Azteca se han dado tiempo de impulsar otra simulación: la idea de que se liciten concesiones no en una cadena nacional sino para señales regionales, lo que acabaría por sepultar para la próxima generación, la posibilidad de una mayor competencia real, que garantice mayor diversidad y ofrezca mejores servicios al consumidor.

 

robertorock@lasillarota.com

 



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