Cuando por primera vez leí que Trump despotricaba en contra del Impuesto al Valor Agregado de México francamente no entendí y lo dejé para más tarde. Sólo que me quedó la espinita y gradualmente me he dado cuenta de la enorme importancia del tema. En torno a esto puede darse el cambio más relevante del intercambio comercial entre los dos países y ser el golpe de gracia de nuestra estrategia económica si establecen su propio Impuesto de Ajuste Fronterizo (Border Adjustment Tax- BAT).

 

Trump acusa al IVA de ser un arancel disimulado con el que México hace trampa. Lo cierto es que este tipo de impuesto lo aplican 160 países en el mundo. Es un impuesto que paga el consumidor final. Dado que el impuesto es igual para las mercancías nacionales que para las importadas no favorece a ninguna de las dos y es por lo tanto “neutro”. Por esa razón los neoliberales no lo consideran proteccionista. Pero el nuevo gobierno norteamericano, que es de extrema derecha pero no neoliberal, tiene un punto de vista muy distinto.

 

En el comercio de dos países con el mismo sistema la situación se equilibra. El país exportador no cobra el IVA pero el importador sí y los dos operan igual. Pero la puerca tuerce el rabo cuando los dos países no tienen el mismo sistema.

 

El IVA es por definición un impuesto de ajuste fronterizo. Un productor nacional paga el impuesto si su producto se consume dentro del país, pero el impuesto se reduce a cero cuando el producto se exporta. Es distinto para las empresas norteamericanas que pagan impuestos independientemente de si su producción se consume dentro de los Estados Unidos o se exporta. No hay ajuste fronterizo.

 

Cuando consumimos mercancía norteamericana se paga (con excepciones) un 16 por ciento de IVA al gobierno mexicano. Pero los consumidores norteamericanos no pagan algo similar sobre las mercancías mexicanas que ellos consumen.

 

La mayor economía de consumo del mundo no tiene IVA y la nueva administración norteamericana dice ahora que existe una inequidad impositiva que van a corregir. No queda claro cómo, pero han expresado dos posibilidades.

 

Una manera es externa, exigir a México que elimine el IVA sobre las importaciones norteamericanas. Idea simplona e inadmisible pero que aun así podría surgir en la renegociación del TLC como parte de su estrategia de golpear pidiendo lo imposible. Para nuestro gobierno significaría perder un ingreso muy importante y no está el horno para bollos. Implicaría además un trato desigual a las importaciones de distintos países y eso eliminaría el carácter “neutro” del IVA.

 

Además, Estados Unidos tendría que pedirles lo mismo a otros países que cobran este tipo de impuesto. Son poderosos pero no pueden cambiar a todo el mundo.

 

Lo más viable es que cambien ellos mismos, para lo que se manejan dos ideas. Una es transformar su sistema fiscal y adoptar el IVA, o establecer su propio Impuesto de Ajuste Fronterizo (Border Adjustment Tax- BAT).

 

Crear su propio IVA es políticamente inviable para un gobierno republicano. La población lo entendería como un nuevo impuesto y teme que, como en casi todo el mundo, empiece con una tasa relativamente baja que luego se hace fácil ir subiendo.

 

Lo que queda para Estados Unidos es el BAT. En este caso la idea es exentar de impuestos a las exportaciones norteamericanas y poner impuestos a las importaciones. Sería en los hechos un arancel con una tasa similar a la del impuesto corporativo, para poder decir que pagan lo mismo las mercancías producidas internamente que las importadas.

 

Dentro de Estados Unidos la discusión es muy fuerte; tal impuesto elevaría el precio de las importaciones en, digamos, 20 por ciento; lo tendrían que pagar los consumidores y tendría un efecto inflacionario.

 

Los que están a favor argumentan que en lo inmediato incrementaría la recaudación en 100 mil millones de dólares que se podrían destinar a diferentes causas, algunas favorables a la población, como el fortalecimiento de programas sociales o quitarles impuestos a los de menos ingresos. Sin embargo en el contexto político norteamericano ganarían los que proponen que a cambio de ese ingreso se reduzcan los impuestos a las empresas para hacerlas más competitivas.

 

Cierto que habría un costo para los consumidores pero sería compensado, dicen, por una importante generación de empleos debido a que la producción interna sería más competitiva y por la elevación de salarios. En poco tiempo se habría de reducir, incluso acabar el déficit comercial norteamericano con el resto del mundo. El gran objetivo de la nueva administración.

 

Para el modelo neoliberal mexicano la imposición de un BAT sería desastrosa. Elevaría el precio de las mercancías mexicanas en los Estados Unidos y, tal vez más importante, al exportar con deducción de impuestos les reduce en mucho el incentivo de colocar sus fábricas en el exterior. Ahora podrían ser más rentables y competitivos produciendo dentro de su país.

 

En suma, se impactaría fuertemente el atractivo para colocar inversión extranjera productiva en México, que es un factor fundamental del financiamiento nacional que de por si tiende a la baja. Más vale ir revisando este modelito económico patito. 

 

@JorgeFaljo

@OpinionLSR

 

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