A partir de los escándalos inmobiliarios y los sucesos de Iguala, el Gobierno Federal no encuentra la manera de recuperar el liderazgo. La falta de resultados prometidos por las reformas, el estancamiento económico y la actividad del crimen organizado muestra a un gobierno poco eficaz. El gobierno debería asumir la gravedad de la situación, cambiar parte de sus políticas y abrir espacios democráticos de diálogo y participación a todos los actores. Eso hizo, por cierto, Ernesto Zedillo, el último presidente priísta, después de la brutal crisis de 1994, por lo que salió relativamente bien librado. La estrategia ahora es, en cambio, esconder la cabeza cuando sucede algo grave (¿a qué hora fue la cadena nacional del presidente para explicar lo de Jalisco y Colima?), pactar para reducir el volumen de la oposición y acotar los márgenes de expresión de los medios.

 

En ese contexto se opera la decisión de quitar la candidatura de Marcelo Ebrard a diputado por parte de Movimiento Ciudadano. El objetivo es mantener la Cámara Diputados como la actual legislatura, con escasas voces críticas, sin la posibilidad de que se consolide en polo opositor real al gobierno.

 

La decisión de Tribunal es sorpresiva por que no corresponde a criterios tomados en otro momento y, sobre todo, porque privilegia retirar una candidatura a un ciudadano por supuestos motivos procedimentales cuando el Tribunal está para garantizar los derechos políticos de las personas. En el caso de Xóchitl Gálvez, por ejemplo, se le permitió obviar un requisito expreso de la ley, contar con credencial de elector del Distrito Federal, para garantizar su derecho a ser electa.

 

Con Ebrard eso no importó, había una razón de Estado para dejarlo fuera de la cámara. También lo hubo en la sorpresiva salida de Carmen Aristegui del aire por un supuesto conflicto, realmente menor, entre ella y un concesionario de radio. Se consideró mejor tomar el costo de que se acusara al gobierno de represor a mantener un espacio con gran audiencia, dispuesto a exponer asuntos críticos para el gobierno. Seguramente se sabía que se tenía preparado un reportaje sobre las casas del secretario de Gobernación y otro sobre la masacre en Apatzingán. Marcelo no ha sido el único político vetado por el gobierno o alguien puede explicar la razón por la que Margarita Zavala no obtuvo una diputación en su partido o el desplazamiento de Ernesto Cordero de liderazgo panista en la Cámara de Senadores.

 

Sobra decir que la estrategia del gobierno federal no ha funcionado y tendrá costos serios para la vida democrática del país. Peña Nieto mantiene niveles muy bajos de aceptación, no se percibe eficacia en sus políticas y, en cambio, sus intervenciones públicas siguen plagadas de pifias y desaciertos. Me parece que el problema no es que reciba críticas injustas y excesivas por parte de la opinión pública y de la clase política, por el contrario, el problema es que no reconoce una realidad crítica y se hace cargo de enfrentarla. El apoyo del PAN y del PRD no ayuda a ganar legitimidad. Es evidente que existe un acuerdo para acotar la disputa política y los cuestionamientos. Acuerdo que no deja de tener sus paradojas.

 

El apoyo de gobierno a sus aliados tiene sus límites. Al PRD le recetaron semanas de televisión nacional de sus líderes fotografiados con Abarca, para hacerlos responsables de Ayotzinapa, a Mancera le aprobaron una reforma política del DF, tan deficiente que simplemente no será discutida por los diputados. A Ricardo Anaya lo bajaron de la dirigencia nacional del PAN cuando sus spots le comenzaron a brindar proyección nacional. A Madero le tenían preparado una larga investigación sobre los viajes de sus hijos.

 

El priísmo de Peña trata de gobernar como lo hacía en el Edomex, minimizando los problemas, cooptando a los opositores y acotando a los medios. Eso tiene muchos riesgos cuando se gobierna un país como México. El país comienza a ser ingobernable por culpa de un sistema político que no representa sus desigualdades y diversidades, en el que prevalece la frivolidad y muestra poca preocupación por enfrentar los problemas reales.

 

Sin medios que muestren la realidad cruda y sin políticos con agendas que reten el estado de las cosas, el gobierno no tiene incentivos a romper los grandes espacios de impunidad, a impulsar políticas redistributivas, a ocuparse de la constante violación de los derechos de las personas. Es por eso que el resultado no ha sido bueno en el agregado. Peña Nieto tiene niveles de aprobación muy bajos, su partido puede perder la mayoría de las gubernaturas en juego y nadie apostaría que su legado se va a recordar con un periodo de avance democrático.

 

@vidallerenas



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