Unas cuantas semanas han bastado para que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump cimbre al mundo. Desde el primer día en el cargo, emitió disposiciones que rompen con la tradición política de su país y desafían los paradigmas democráticos actuales.

 

A minutos de haber jurado como nuevo Presidente, desaparecieron de los sitios oficiales del gobierno federal estadounidense los contenidos relacionados con derechos civiles, minorías sexuales, cambio climático, seguridad social, inmigración, gobierno abierto, entre otros. También desapareció todo contenido en español, idioma que hablan 34.6 millones de mexicanos documentados e indocumentados en Estados Unidos, a los que Trump designó como “violadores y criminales”.

 

Trump derogó las normas de combate al cambio climático, retiró a su país del Tratado Transpacífico y anunció la “renegociación” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por tratarse de “políticas dañinas e innecesarias”. Se declaró públicamente a favor de la tortura y firmó órdenes ejecutivas para la construcción del muro que bloqueará la frontera sur con México y a prohibición de entrada a EUA de nacionales de siete países de población musulmana. Por si fuera poco, removió del cargo a la Fiscal General, Sally Yates, quien se opuso a esta última orden ejecutiva y se filtró que podría autorizar la deportación de inmigrantes que reciban apoyos sociales, es decir, en situación de pobreza.

 

Queda claro que Trump antepondrá los intereses de su país a cualquier otro, sin importar las implicaciones o consecuencias que a nivel global puedan causar. ¿Nacionalismo, populismo, xenofobia? Las explicaciones son muchas. Lo alarmante es que estas tendencias que optan por una u otra forma de cerrazón se repiten en otros países. Por ejemplo, están por ocurrir elecciones presidenciales en Francia y la extrema derecha tiene amplias posibilidades de vencer. La candidata Le Pen está sugiriendo sacar a Francia de la Unión Europea siguiendo al Brexit.

 

El mundo democrático parece reconfigurarse en sentido inverso al esperado y hay por lo menos dos razones para esto. Por un lado, la población no sólo considera que el Estado está fallando en proveer los bienes necesarios para desarrollarse, sino que es un obstáculo ya para lograr el sustento mínimo, ya para amasar una gran fortuna. Por otro lado, la gente está desencantada con los resultados de la democracia; voltea hacia el Estado porque en el día a día y en sus comunidades sufre las consecuencias de, por ejemplo, las crisis económicas y del cambio climático. La indignación crece porque la corrupción, la inseguridad y las desigualdades de ingreso y oportunidades crecen.

 

Urge clarificar qué tipo de Estado deseamos para hacer frente a este contexto y dar cauce a la indignación. Tendría que ser un Estado abierto. Ante todas las amenazas de cerrar los Estados, de cerrar las comunidades, nosotros debemos proponer la apertura. Cuando existan propuestas que aboguen por la cerrazón, nosotros debemos dar la batalla por la apertura. Esto cobra especial importancia para nuestro país, porque ya vemos que los efectos de las políticas del actual gobierno estadounidense nos han sumido en una incertidumbre económica que se reproducirá en muchos otros ámbitos agravando la crisis que ya de por sí arrastramos. México y el resto del mundo necesitamos visión de Estado para guiar las acciones que nos permitan encauzar la indignación hacia respuestas concretas para resolver nuestros problemas: la corrupción, la desigualdad y la inseguridad envuelta en un manto de impunidad.  

 

La democracia descansa en el estado de derecho que contiene los derechos de la población y los mecanismos por los que ésta puede exigir a sus representantes que los garantice y proteja. Como parte de estos mecanismos están el acceso a información pública, la rendición de cuentas y la participación ciudadana, precisamente los pilares del gobierno abierto. No permitamos que caigan en letra muerta. Lo que necesitamos son gobiernos que velen por informar, rendir cuentas y abrir cauce a la participación. La amenaza externa que representa Donald Trump debe unirnos intensamente para combatir nuestras tres flores del mal.

 

El gobierno abierto puede ser la vía para aumentar las posibilidades de que las políticas públicas den los resultados que todos esperamos, nos permitan convivir de forma inclusiva y sin temor a la incertidumbre. Trump eliminó cualquier contenido oficial sobre el gobierno abierto, porque tiene el potencial de hacernos lograr naciones más justas, de dar cauce a la indignación. El gobierno abierto puede ayudarnos a los países a fortalecer las prácticas democráticas desde los niveles locales hasta lo global. Contagiémonos de apertura, no de cerrazón.

 

@joelsas

@INAImexico

@OpinionLSR

 

> Lee más sobre el autor


Debe iniciar sesión para poder enviar información

Debe iniciar sesión para poder enviar información